por Carlos Fernández Rombi – 27 sep 2020
Pasaron treinta años desde que empezaron a vivir y a celebrar su amistad. Voy, a manera de relator desinteresado, tratar de caracterizarlos emocionalmente. Previamente, quiero aclarar que se trata de cuatro buenos tipos… ¿me explico? En eso, no se sacan ventajas. Allá voy, empiezo por edades, del mayor al benjamín.
Carlos o Carlitos
Es el intelectual del grupo y, para colmo, escritor, lo cual no quita que sea el más mal hablado y “pesado” a la hora de las bromas. Bastante “creído” aunque trate de disimularlo. Pero cierto es que los años no pasan en vano, y han limado “un poco” esa soberbia natural.
Eduardo o el Edu
Buenazo, pachorriento, siempre con una frase atinada para disculpar los exabruptos de los otros. Humor estable y pacífico. Siempre listo para poner la sonrisa que disimula una discusión de momento ente los otros. A la hora de comer: el number one. (Carlos lo llama, en la mesa, el pulpo cruel).
Jorge o Georgie: buen humor permanente, peligroso con las féminas. Campo en el que en el pasado, acumuló algunas historias que vamos a disimular piadosamente… -y a envidiar, también-. Suele andar con una canción de Juan Luis Guerra en los labios. Siempre listo para un favor o una frase de consuelo a tiempo. Sonrisa fácil y contagiosa.
Salvador o el Chiqui
Fachero y soberbio (también trata de disimularlo, a veces). Es el atleta del grupo y, tal vez, el de mayor trato social. Una capacidad única para “meterse” en cualquier ambiente y manejarse con total soltura. De tímido, cero. El único “no dominado por su mujer” (está soltero, aunque dobla en hijos a los anteriores).
Así, el cuadro está completo. Cada 20 de julio (Día Internacional del Amigo) los supo encontrar a lo largo de estos treinta años, sin un fallo, rodeando una mesa bien servida. Este Día del Amigo fue la triste excepción. El 2020, con su Covid-19 y su cuarentena, dijeron no.
Y todo pasó por los “saludos celulares”. Este cronista espera y les desea que en el 2021 retomen su linda costumbre. ¡Así sea!