por Carlos Fernández Rombi – 19 dic 2020

 

Los hechos

Karen Alejandra Salinas Rodríguez (16), desapareció en enero de 2014 en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, México.  Después de cobrar varios rescates a cambio de su libertad, sus secuestradores la asesinaron. (QEPD Karen).

 

A partir de ese momento, su mamá Miriam Rodríguez, asumió como único propósito de vida hallar a los culpables y entregarlos a la Justicia.  Se cortó el pelo, le hizo tintura, se hizo pasar por encuestadora, trabajadora de salud y funcionaria electoral para conseguir los nombres y direcciones de amigos y familiares de los asesinos.  Inventó excusas para conocer a sus abuelas y primos y amigos que, sin saber, le daban los más mínimos detalles.  Los registraba en un cuaderno que guardaba en el maletín negro de su laptop, con el que hizo la investigación y los rastreó uno por uno.

 

En tres años, Miriam Rodríguez capturó a casi todos los secuestradores de su hija.  Una galería de criminales que intentaban rehacer sus vidas con diversas ocupaciones: uno había renacido como cristiano, otra era taxista, otro se dedicaba a la venta de coches y una era niñera.

 

El florista fue el último.  Fue conociendo sus hábitos, sus amigos, su lugar de origen, su niñez.  Sabía que antes de unirse al cártel de los Zetas (*) e involucrarse en el secuestro de su hija, el muchacho había vendido flores en la calle. Ahora que estaba huyendo, volvió al oficio que conocía y vendía rosas para llegar a fin de mes.  Armada con una pistola que viajaba en forma permanente en su bolso, al lado de la laptop y una variedad de identificaciones falsas, lo había asediado durante un año, acechándolo en línea, interrogando a los delincuentes con los que trabajaba e incluso trabando amistad con parientes que no sospechaban que lo que Miriam Rodríguez buscaba era saber su paradero. Ahora por fin tenía una pista: una mujer la había llamado para decirle que vendía flores en la frontera.  Cuando por fin lo halló se emocionó demasiado y se acercó en forma imprudente.  Él la reconoció y corrió.  Con la esperanza de escapar, emprendió una carrera a lo largo del paso peatonal.  Miriam Rodríguez, de 56 años en ese entonces, lo atrapó de la camisa y forcejeó con él poniéndolo contra el barandal.  Apretó su pistola contra su espalda.  “Si te mueves te disparo”, le dijo.  Lo mantuvo ahí casi una hora, esperando que la policía llegara y lo detuviera.

 

En total atrapó a diez personas en una desesperada búsqueda de justicia que la volvió famosa pero vulnerable.  Nadie desafiaba al crimen organizado y ni hablar de encarcelar a sus integrantes.  Le solicitó al gobierno algún tipo de protección con escoltas armados, temiendo que el cártel finalmente se hubiese hartado de sus actividades.

 

Semanas después de haber perseguido al último de sus objetivos, el 10 de mayo de 2017, Día de las Madres, la mataron a tiros frente a su casa.

 

La balada:

Hija mía, pocos años tus dieciséis,

Para tantas lágrimas…

Hija mía, tantos ayes y tanto dolor,

Día tras día que suman años.

Hija mía, pocos años tus dieciséis.

Pronto nos hemos de reunir,

Ellos, los mismos, me van  matar.

 

(*) Los Zetas o Cártel de Los Zetas fue un cartel mexicano cuyas actividades delictivas iban desde el narcotráfico, terrorismo, transporte de drogas, extorsión, secuestro, homicidios, tráfico de personas, hurto de combustible, robo a bancos, camiones de valores y lavado de dinero hasta delitos informáticos.