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por Carlos Fernández Rombi – 26 dic 2020

 

Ya lo años se acumulan en mi vida y la mujer de mis sueños sigue tan distante como siempre…  Intenté todos los caminos: la simpatía, el regalo, las atenciones, las flores…  Pero siempre recibo esa misma sonrisa de lejanía.  Su mirar sigue rehuyendo el mío, igual que hace veinte años cuando la conocí.  Debo reconocer que, en aquel tiempo, yo era demasiado vehemente…  Quizá eso provocó su rechazo.  Cambié y seguí intentando.  Luego ella se casó.  Me retiré con prudencia y respeto… pero hace cinco que está sola otra vez, igual que yo.  Con la gran diferencia de que para mí la soledad es compañera constante y fiel.

 

Días atrás, en la tardecita, me dejé caer por su casa con una orquídea lila de Colombia y bombones de Maison Lion D’or, en un estuche precioso con envoltura en celofanes rojos y dorados…  Creo que de puro compromiso me invitó a tomar el té.  Conversamos más de dos horas.  Es decir, yo me ocupé de mantener viva la charla; caso contrario, si la dejaba a su cargo, hubiera languidecido y muerto sin remedio.  ¡Claro, se mostró muy agradecida con mis regalos!  El tiempo de su observación admirada ante la belleza de la flor, de algún modo me justificó.  Terminada de beber esa infusión (que nunca me gustó), volví a referirme, con la mayor delicadeza, a mis sentimientos por ella…  Sonrió, casi con dulzura, pero, como de costumbre, ignoró el tema y la propuesta implícita.

 

Ha pasado un mes desde nuestro encuentro y no he dejado de pensar en ese par de horas de maravilla y en ella, ni un minuto.  Pongo un pequeño mensaje en su celular… y nada.  Los días pasan y… ¡nada de nada!  Renuncio.  Me rebelo, el cansancio de tanto tiempo de amar sin la menor correspondencia, me cansó.  ¡Basta!  Claro que rebelarse no implica olvido.  Florencia es una torva espada clavada en mí corazón… y el tiempo sigue, despreciativo, su estólido curso.

 

Un largo año en aislación y sin Florencia… como que empiezo a acostumbrarme.  Inesperadamente, recibo una esquela. Leo:

Querido Carlos:

Estoy extrañada del tiempo pasado sin noticias de vos…  Cuando empezaba a habituarme a tu presencia, desaparecés… ¿Quizá otro amor?  Si es así, me alegro por vos.  En cambio, si seguís siendo hombre libre, me encantaría que nos reunamos y reiniciemos nuestra relación.  Esperanzada, aguardo noticias de tu parte.  Un gran beso de:

Florencia

 

Leo y releo su escritura bendecida, mi corazón a punto de estallar…  Mi antiguo y constante amor renace con más fuerzas que nunca.  ”Cuando empezaba a habituarme a tu presencia, desaparecés…”.  Empiezo a vestirme a lo loco, me falta el tiempo para ir al encuentro del amor de mi vida, mi nunca correspondida pasión…  ¡Ya estoy listo para volar hacia ella!  ”Me encantaría que nos reunamos y reiniciemos nuestra relación”.

 

¿A cuál relación se refiere?  Tal vez… a la de mi devoción perruna…  O esa adoración reiterada sin satisfacción alguna…  O a mi vida, pendiente de la suya, sin esperanza ni descanso…

 

Vuelvo a leer su esquela.  Ahora, muy lentamente, casi mordiendo cada palabra…  Luego, la rompo en pequeños pedazos… que van a parar al canasto.  Comienzo a desvestirme tranquilo y en paz.