por Diego Kochmann – 01 ago 2021
–¡Te odio! ¡No te soporto más! –le dijo un pajarito a otro.
Desde una rama más alta, el otro le pió:
–¡Sos una basura, una porquería! ¡Valés menos que nada!
Y el primero no se quedó atrás:
–¡Te voy a matar! Te voy a arrancar el corazón a picotazos y se lo voy a tirar a las hormigas.
A pocos metros del árbol, un hombre estaba echado en una reposera. Con los ojos cerrados, disfrutaba de la caricia de los tibios rayos del sol, del perfume de las magnolias y, sobre todo, del bellísimo canto de los gorriones, que tanta paz le transmitían.