Imprimir

por Diego Kochmann – 04 ago 2021

 

–¡Fuego! –solicitó la dama con un cigarrillo entre sus dedos.

 

–¡Fuego! –gritó el hombre al ver cómo se incendiaba su casa.

 

–¡Fuego! –ordenó el capitán al pelotón de fusilamiento.

 

Sucedió que la dama murió acribillada a balazos en su suite privada, el hombre miró desconcertado cómo le acercaban un encendedor frente a las cenizas de su casa y un baldazo de agua empapó al capitán ante las carcajadas de sus soldados.  Resulta que la amada del escritor de este cuento acaba de dejarlo para siempre, y fue en ese estado de profunda consternación cuando aparecieron los finales de las historias.