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por Diego Kochmann – 07 ago 2021

 

Le habían advertido: “Hay algunos que son tontos y muy fáciles de atrapar; pero otros, los más astutos, se esconden, se mimetizan con el ambiente.  Cuando los veas, no dudes en clavarles la punta de esta arma, verás cómo inmediatamente les brota la sangre roja, que es algo más brillante que la nuestra.  Nunca cierres los ojos, nunca te distraigas y, sobre todo, nunca permitas que se te escape alguno”.

 

Tras estas palabras, era lógico que estuviera nervioso; sobre todo porque era su primer día de trabajo como corrector literario.