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por Diego Kochmann – 18 oct 2021

 

 

Colaboradores

…y en esta extensa pradera descansan los valientes que le permitieron a Guillermo Tell adquirir la experiencia suficiente para poder presentar su espectáculo en público.

 

 

Drama escolar

La niña lloraba sin consuelo en el patio de la escuela. Había entendido que fue víctima de una broma cruel, nada de cierto había en las cartas de amor que había encontrado en su mochila, nada real en ese encuentro tan anhelado al lado del árbol durante el recreo. Pobrecita, ¿cómo podía imaginarse que otros ojos también lloraban desde el aula de sexto grado, en el primer piso, que lloraban y no se animaban a bajar?

 

 

No existe belleza que resista un bostezo

El joven la miraba encantado mientras ella hablaba. Lo que ignoraba es que ella no había pasado bien la noche anterior. “Qué hermosa es”, ni cuando el mozo trajo la cena le quitó los ojos de encima. “Qué ojos, qué labios, qué naricita. Es sencillamente perfecta”. De repente, un cansancio profundo venido desde muy adentro la hizo boquear. Antes de que pudiera cubrirse con la mano, el joven observó cómo se le arrugaba, se le comprimía, se le afeaba la cara. Qué grotesca esa boca tan abierta, esa garganta… No quiso ver más, simplemente se levantó y se fue.