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Una mujer extraordinaria

por C. Fernández Rombi

25 ene 2017

 

 

Diecisiete días sin Manuel... ¡voy a enloquecer!

 

Mi dulce e indispensable amor no aparece por ningún lado. He molestado a todos los amigos comunes, a su familia ─que continúa sin aceptar nuestra relación─, lo he buscado en su trabajo... su celular sigue mudo, en fin... ¡Nada!

 

Mañana cumplo los veinticinco y no me resigno a no compartirlo con Manuel. No puedo dejar de recordar nuestra celebración del año anterior; pasamos el día en el Delta del Tigre, en un lindo recreo, nos embarcamos en la última lancha del anochecer y directo a nuestro depto de Núñez, nos bañamos juntos y pedimos comida al delivery, brindamos con espumante y, después la fiesta grande... ¡amarnos la noche entera!

 

Mañana será, si él no aparece, bien distinto. Desolación y soledad. De mi familia, más que unos modestos llamados o mensajes no puedo esperar; mis viejos y mis dos hermanos coinciden con la familia de Manuel en no aceptar nuestro amor... La ironía es que conocí a Manuel gracias a mi hermano Eduardo, trabajaban juntos.

 

Soy honesto, nunca fue nuestra idea enamorarnos. Manuel estaba de novio con la misma chica desde hacía un par de años y yo, aunque sin novia estable, alternaba con un par de amigas. Coincidimos: ninguno de los dos había pensado nunca en una relación gay ni nada que se le pareciera.

 

Y...  ¿cómo se describe el inicio del amor?

 

O... ¿cómo se produce el inicio del amor?

 

Una empatía instantánea, una coincidencia de gustos y aficiones... y un inevitable estremecimiento cada vez que nos rozábamos accidentalmente. Luego, yo propiciaba esos roces. Después de dos meses de vernos casi todos los días, él comenzó a hacer lo mismo. Finalmente, una noche en la oscuridad de una sala de cine, nuestras bocas se buscaron. ¡Una maravilla! Ninguno había conocido algo de tal calidad y entrega antes de esa noche, con mujer alguna.

 

Luego vinieron las dudas, los cuestionamientos, la apreciación del disgusto que ocasionaríamos en familia y amigos. Tal vez, hasta inconvenientes en nuestros lugares de trabajo. ¿A cuántos vejámenes nos veríamos sometidos? Fueron tres meses de planteos y de evaluar distintos tipos de situaciones. Pros y contras... en realidad pros no encontrábamos ninguno y contras, miles.

 

Mas todo pasaba a un plano ignoto cada vez que estábamos a solas, cada vez que nuestras bocas se fundían en esos besos únicos y que, sin embargo, que se repetían hasta el infinito. Finalmente, hicimos abstracción del entorno y nos fuimos a vivir juntos; con la sumatoria de todo el amor del mundo y... ¡para siempre! Y ahora, ya pasados dos años, esta desaparición suya, absurda y sin sentido... Sin embargo, no acudo ni a la policía ni a los hospitales. Mi yo íntimo sabe que no le ha pasado nada. Tal vez ese sutil desapego del último mes es el que me brinda la certeza de que sólo sea cuestión de tiempo su reaparición.

 

El día después de mí cumple, lo hace... ¡y no está solo! Es una chica muy joven y toda una belleza, además, creo que tiene la expresión más dulce que he visto en mi vida. Es notable le incomodidad de los dos mientras Manuel hace las presentaciones del caso. Incomodidad que me revela que Laura, así se llama, conoce la realidad de nuestra relación. Por lo menos de lo que era nuestra relación hasta hace unos cuantos días.

 

Como buen anfitrión preparo café y unas masitas. La charla se desarrolla fluida y sin sobresaltos ni lagunas molestas. De nuestro ya inexistente romance ─imposible no notar el amor con el cual Manuel la mira y trata─ ni una palabra. Pasan cuatro horas durante las cuales no experimento ni celos ni frustración alguna... tal vez, solo una ligera decepción y, también bastante envidia... demasiada. Manuel propone que pidamos unas pizzas y cenemos juntos. Todos de acuerdo. Cerca de las tres de la mañana de una muy especial y agradable velada, él anuncia que la va llevar a su casa. No aclara si va a volver, creo que no es necesario.

 

En el momento de despedirme de Laura con un ligero beso en la mejilla, no puedo evitar hacerle una pregunta:

 

─Laura, por una de esas raras casualidades... ¿será posible que tengas una amiga lo más parecido posible a vos y que me la presentes?