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por Diego Kochmann – 15 ene 2022

 

Un barrio casi tranquilo

La mujer bajó del colectivo y comenzó a caminar por las calles mal iluminadas. Trabajar todo el día resultaba agotador, y quizás por eso se movía sin prisa. Pese a la oscuridad, que apenas dejaba ver esas casas humildes, iba tranquila. Sin embargo, a medida que avanzaba, su corazón comenzó a sacudirse con más fuerza. Un leve temblor le atravesó el cuerpo de arriba abajo. Pero siguió adelante. El miedo crecía con cada paso, hasta que se convirtió en verdadero terror, justo cuando se paró enfrente de la puerta de su propia casa, con la llave en la mano. Y no tenía otra opción que entrar.

 

Otra manera de ver las cosas

Y el sexto día, el hombre creó a Dios como un sistema contundente de premios y castigos. El séptimo día descansó tranquilo, convencido de que el miedo es más poderoso que las tentaciones.

 

Y lo llamaban limpieza

El chirrido de los neumáticos resquebrajó la noche. El Falcon escupió a cuatro uniformados, quienes no necesitaban más que una barba desprolija deambulando por una calle sin faroles para identificar la desobediencia. Por eso no hizo falta que le preguntaran nada antes de llevárselo. Recién cuando terminó el forcejeo, la muchacha apareció de atrás de unos cestos de basura, en donde su novio le había indicado que se escondiera. Quiso pedir ayuda pero no encontró a nadie, hasta las casas se habían encapsulado dentro de sí mismas para no ver ni oír nada. Desesperada, gritó llorando al aire: “No te preocupes, pronto nos vamos a encontrar”. Por desgracia, así fue.