por Diego Kochmann – 19 may 2022

 

Todo comenzó con una leve fisura, que lentamente se fue profundizando, hasta que cierto día, la Tierra se abrió en dos. Y cada mitad adquirió su órbita en el espacio, las cuales coincidían dos días cada cinco años. Así, en cada hemisferio se fueron desarrollando distintos conocimientos y culturas. Las costumbres y hasta los idiomas se fueron modificando con el tiempo. Y cinco años transcurrían en paz hasta que llegaba el tan emotivo momento en que se plegaban las dos mitades.

 

Tras soportar el tremendo impacto, amarrados a columnas o árboles, y tapándose los oídos, hombres y mujeres iniciaban una fiesta de cuarenta y ocho horas ininterrumpidas. Además de abrazos, bailes y festejos, se intercambiaban regalos y alguno que otro conocimiento científico o expresión artística. Pero todo transcurría muy deprisa, y apenas terminaba la fiesta, comenzaban los preparativos para la siguiente.

 

Esto sucedió durante varios siglos, pero las diferencias fueron creciendo. El gran problema surgió porque ambos se creían los verdaderos herederos del viejo mundo. Y los otros, simples farsantes. Fue así que en uno de los encuentros, entre los abrazos se confundieron algunos golpes, entre los obsequios, variados insultos, y ya en la despedida no faltaron terribles amenazas.

 

Fue entonces que, apenas separados, vivían cinco años de calma, en los cuales se preparaban para la siguiente guerra.