Es él

23 oct 2017
Es Santiago. Está muerto, pero pareciera que al mismo tiempo está más vivo que nunca; pero eso es injusto, eso es injusto, repito, y no le alcanza a nadie.
Fueron días difíciles, estos en los que la incertidumbre comenzó a transformarse hasta tener la cara de una verdad –realidad- atroz; y la esperanza de la aparición con vida, también mutó: ahora tiene la cara de quien exige justicia. Entonces se esgrime una incertidumbre nueva, como el eslabón de una cadena sin final que intenta siempre dominarnos: ¿Habrá justicia?
Todos pensamos, todos hablamos, todos escribimos. No puedo explayarme mucho más, no puedo decir nada que no se haya dicho ya. Comparto, únicamente, un intento de poema que salió al momento en que casi todos tuvimos ganas de llorar (me gustaría poder quitar el “casi”, pero bien sabemos que no se puede, porque no fuimos todos, en efecto).
Lo comparto porque, aunque no puedo decir nada que no se haya dicho ya, tampoco podía dejar de decir algo.
Ilusos, estúpidos ilusos, más que ilusos:
despiadados ignorantes,
multiplicadores de todo por cero,
creen que extinguiendo la vida
nos dejan a la mala de algún dios.
Pobrecitos ustedes, que no saben nada.
Peor todavía:
Pobrecitos ustedes que no sienten nada.
Los muertos están con nosotros,
nos hablan, nos acompañan,
hacen renacer las conciencias,
se multiplican por miles.
Ustedes, que hicieron mal las cuentas,
que hacen el mal a propósito,
ustedes, que se creen vivos,
miren su alrededor:
Es un montón de nada,
la más absoluta, desierto estéril.
Los muertos viven en todos nosotros.
Y van a gritar.
Son ustedes los que están solos.