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por Nacho D’Aquila - 28 feb 2019

 

 

El ímpetu con el que la chica entró en el subte permitía adivinar lo que después ocurrió: un poco desencajada, con la aceleración con la que venía se sentó de prepo en un lugar demasiado chico para ella, por lo que cayó arriba de un desprevenido pasajero.  Habrá hecho tal mueca de dolor el muchacho, que la chica rápidamente lo miró y con una genuina expresión de pesar le pidió disculpas.

 

Lo que hace algunas décadas era orejear el diario, hoy se cambió por espiar el celular.  No hay allí una cuestión curiosa ni chusma, sino una forma de matar el aburrimiento.

 

El muchacho vio que la chica jugaba con los contactos del WhatsApp para luego intuir que no era porque no encontraba un destinatario sino porque no se decidía a escribir.  Fue a la agenda, apretó marcar y en el visor del celular apareció el nombre de la persona a quien llamaba: “Garca 2”.

 

Con impaciencia, esperó el tono pero no pudo comunicarse.  Con el mismo ímpetu con el que había entrado al vagón, mientras el subte superaba los 100 decibeles atravesando la oscuridad, buscó a Garca 2 en la conversación del chat.  Con unas letras, mayúsculas al extremo, escribió: Y MIGUELITO? Y LA CUOTA???