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por Osvaldo Pimpignano - 09 jun 2019

 

 

Hace un par de meses, se desarrolló en la capital cordobesa el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española.  Dudé mucho en escribir sobre este tema, pero algunos amigos y colegas me animaron a que lo haga.

 

Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, para los españoles el rey Felipe VI, fue el encargado de la inauguración del evento que se realizó en el Teatro del Libertador General San Martín, en la ciudad de Córdoba.  Destacó a la palabra como "el tesoro más precioso que, sin distinción de clases sociales y de ideologías, nos pertenece a todos por igual".  Como también que "el porvenir del español es un compromiso de todos".

 

Sin embargo, estas afirmaciones no fueron compartidas por todos los asistentes, ni por este modesto escriba.  Lo mismo aconteció con los dichos de quienes completaron la trilogía de presentadores del evento, el Presidente Mauricio Macri, ni los del peruano Mario Vargas Llosa, quien debió optar por la ciudadanía española, cuando el gobierno de su país amenazó con quitarle la nacionalidad peruana, por lo que para evitar convertirse en un apátrida, a petición del escritor, el Gobierno español le concedió la nacionalidad.  Y desde 2011 recibe el tratamiento protocolar de Ilustrísimo señor al recibir de Juan Carlos I de España el título de Marqués de Vargas Llosa.

 

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Como veremos a continuación, fueron estos tres expositores quienes defendieron la españolidad del idioma sin mucho éxito.  Por su parte, el ahora Marqués español, no dejó pasar la oportunidad de halagar la política del actual gobierno argentino, como también de criticar al presidente de México, Manuel López Obrador, por el pedido que este hizo al Rey de España para que pida disculpas por los hechos en tiempos de la Conquista.

 

Estas afirmaciones de carácter netamente políticas, que nada tienen que ver con el motivo de su presencia en Córdoba, encendieron una polémica por la interpretación que hace de la historia.  Resumidamente, afirmó: “Las controversias que ha generado la Conquista desaparecen cuando se trata de la lengua.  Nadie discute la importancia que significó el unir en una sola lengua, la extraordinaria diversidad que caracterizaba a este continente”.  Sin duda, una interpretación muy singular del comportamiento humano, que le hizo olvidar cuánto pagaron nuestros ancestros por la imposición de una lengua, tanto en vidas como en bienes materiales, que es el fundamento de la queja del Presidente Mexicano.

 

Por su parte, el presidente Macri dijo, en vivo: "Imaginemos si acá los argentinos hablásemos argentino y los peruanos, peruano, y los bolivianos, boliviano, y necesitásemos traductores para hablar con los uruguayos".  Y no dudó en adjudicar el mérito de la primera vuelta al mundo a los españoles, cuando el 80% de la misma la comandó un portugués.

 

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Hasta aquí los tres ilustres oradores no dejaron dudas de que existe la Real Academia Española, (en su titulación no menciona que se ocupe de la lengua, cosa que sí hace) y sus varios diccionarios, como el de antónimos, sinónimos, Diccionario Panhispánico de Dudas y otros, lo que implica un reconocimiento de que en América Latina no se habla solo ¿español? sino otras lenguas que conservan los usos y costumbres de cada nación.

 

Juan Villoro, excepcional  escritor mexicano presente en el acto, señaló que el idioma fue instrumento de dominación.  Villoro afirmó sin dejar dudas que “Tenemos una lengua hispanoamericana y, en México, más de 60 lenguas indígenas”.  Villoro apuró el final, cuando abordó el tema del perdón: “¿Quién puede pedir perdón, quién puede otorgarlo?”.  Para él, en México, producto del mestizaje, “con pedir perdón no basta”.

 

Hay dos países en América que oficialmente se declaran bilingües.  Uno es el Paraguay, donde se utiliza, además del español, el guaraní, que es hablado mundialmente por 4.000.000 de personas, de las cuales para 3.000.000 fue su lengua materna.  Paraguay comparte este idioma extraoficialmente con sus países vecinos, el cual también se utiliza parcialmente en Argentina, Brasil y Bolivia.  Este idioma proviene de la lengua de la familia tupí-guaran.  En el norte argentino existen escuelas bilingües en las que además de español se enseña guaraní, quechua y aimara.

 

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En tanto en Bolivia, se hablan oficialmente español, quechua, aimara, guaraní y otras 33 lenguas autóctonas.  El último censo indicó que el 47% de la población declaró hablar alguna lengua indígena, mientras que el 36% la tenía como lengua materna.  El 33,2% de la población era bilingüe, en contraste con el 11,6% de monolingües indígenas y el 49,8% de hispanohablantes monolingües.

 

El panorama lingüístico del Perú es muy interesante.  La lengua oficial, la “castellana”, fue impuesta a través de la escolarización en detrimento de las lenguas nativas, sobre todo las andinas.  Se estima que, a inicios del actual siglo XXI, en este país multilingüe se habla un conjunto grande y heterogéneo de una cincuentena de lenguas vernáculas, que llegan a 72 según la división dialectal que se considere.

 

Chile tiene como lengua oficial el castellano, pero también existen comunidades prehispánicas que utilizan sus propios idiomas, como el mapudungún, el aymará y el rapanuí.  En una web turística del gobierno chileno, aclaran que es importante consignar que en Chile se habla el “chileno”.  Este último consta del español como base, pero complementado por gran cantidad de modismos (locales y foráneos) y palabras aborígenes.  Por este motivo, a muchos turistas les cuesta comprender de buena forma cuando les hablan en “chileno”.  Los chilenos llaman guaguas a las criaturas; y a los hombres que trabajan en el campo, se los llama guasos; como en Argentina gaucho o más recientemente paisanos.  En Paraguay, a los bebes mitã ray, a los niños mitã l, a los abuelos ta’ita, chika a la novia y chico al novio, a los hijos se los llama memby; y para abundar más, a las adolescentes quinceañeras, como las denominamos en la Argentina, las llaman mitakuña.

 

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Entre tanto en Uruguay, el portuñol es hablado al norte de Uruguay, en la frontera con Brasil y en buena parte de la costa del Rio Uruguay, en Argentina.  El portuñol es la mezcla del castellano oficial con el portugués.  Esta combinación es muy palpable en el norte, en  la “Frontera de la paz”.  Se trata de la ciudad llamada Rivera (Uruguay) y Santana do Livramiento (Brasil); y cuya delimitación es apenas una calle que comparten en común: una vereda es uruguaya y la otra brasilera.  Es considerado más un dialecto del portugués que del español y catalogado como “dialecto portugués del Uruguay” (DPU).

 

En cambio, si vamos al sureste del Uruguay, específicamente en Montevideo, se habla otra variedad del idioma oficial: Español Rioplatense.  El español uruguayo o castellano uruguayo es una variante del castellano rioplatense hablada en Uruguay.  Posee algunas diferencias con el resto de las variantes del rioplatense y es indistinguible para un hispanohablante que viva en otras zonas, siendo similar a la variante montevideana, aunque no es posible hablar de una similitud total; un solo ejemplo: a los niños los llaman botijas.

 

Le cupo cerrar el evento a la escritora cordobesa, María Teresa Andruetto, que comenzó por cuestionar el nombre del congreso, llamado aquí Congreso de la Lengua Española, “porque para nosotros, para nuestro sistema educativo, la academia, la alta cultura y la cultura popular, esta lengua en la que aquí hablo, siempre ha sido la lengua castellana.  Así llegó a América, con la conquista y con la iglesia, la lengua de Castilla y fue esa lengua y no otras que se hablaban o se hablan en España, la que se impuso, no sin dolor, no sin lucha, no sin resistencia, sobre las lenguas originarias”.

 

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Y agregó que esto nos lleva a preguntarnos de quién es la lengua, quién le da nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre: “me pregunto si esa que se dice de todos es la misma lengua; en caso de serlo, quiénes son sus dueños y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, ¿quiénes hacen usufructo de ella?”

 

A esta altura he renunciado a seguir investigando las lenguas que se hablan en el resto de la América “hispánica”, Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá, México, además de Filipinas y otras otrora colonias españolas, pero para no quedarme y dejarlos con la duda, me permití analizar la Constitución del Reino de España, la que en su Título Preliminar titulado, “El castellano y las demás lenguas españolas” dice textual:

TÍTULO PRELIMINAR

Artículo 3°-  El castellano y las demás lenguas españolas

  1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
  2. Las demás lenguas   españolas   serán   también   oficiales   en   las   respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.
  3. La riqueza de  las  distintas  modalidades  lingüísticas  de  España  es  un  patrimonio  cultural que será objeto de especial respeto y protección.

 

Podemos apreciar que  no menciona la lengua española; es más, declara como idioma nacional al castellano, además reconoce como lenguas oficiales las de las Comunidades Autónomas,  que son 17; de modo que los españoles tienen 18 lenguas, pero ninguna es el español.  Una editorial de Oviedo ofrece por tan solo 10 euros el Diccionario del Principado de Asturias.

 

Y si el español no existe en España, ¿qué cosa es la que estamos discutiendo y nos están pretendiendo imponer?

 

A esta altura, debemos reflexionar sobre las palabras de María Teresa Andruetto, cuando se pregunta, “además de un capital simbólico es un capital económico, ¿quiénes hacen usufructo de ella?”; y en tal caso, será la pretendida hegemonía del Instituto Cervantes, para la difusión del español, que en Argentina no ha tenido éxito por la excepcionalidad de las carreras de lengua de la UBA.  Es una posibilidad.

 

Para quienes se quedaron con alguna duda, les recomiendo el video:

Roberto Fontanarrosa, Las malas palabras:  https://www.youtube.com/watch?v=iSMnSjK_C0M

Las imágenes fueron tomadas de la Web