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por Osvaldo Pimpignano - 15 abr 2020

 

El COVID-19 nos muestra despiadadamente los efectos que generan la sobreexplotación, modificación y destrucción de la naturaleza, originada por nuestros hábitos de consumo.  Algunos de estos hábitos son factores que pueden haber ayudado a crear esta pandemia y otras enfermedades que consideramos comunes.  Desde hace mucho tiempo, las actividades humanas han modificado especies animales y vegetales y eliminado otras que considerábamos nocivas por no ser de utilidad comercial, sin tener en cuenta que estamos modificando, quizás irremediablemente, el equilibrio ecológico que sustentó nuestra vida durante siglos.

 

La cruza de especies para hacerlas más redituables, las hizo más vulnerables a los cambios climáticos y menos resistentes a las enfermedades.  Hace aproximadamente una década, los “fabricantes de semillas” habían perdido el genoma del maíz, un cereal vital para la subsistencia de varias sociedades.  La recuperación, y parte de la solución, llegó desde Chiapas, una región del sur de México, donde los pueblos originarios continuaban sembrando maíz de semillas que venían conservando de generación en generación.

 

20 04 15 OP COVID19 El peligro de los hábitos de las sociedades modernas 1 Arrasados los montes los wichís quedan sin alimentos naturales

Arrasados los montes, los wichís quedan sin alimentos naturales

 

El tráfico de fauna silvestre, tanto para utilizarlos como mascotas o para consumo en forma descontrolada, también son acciones que, además de alterar el equilibrio ecológico, pueden poner en riesgo nuestra salud.  En nuestro país está prohibida la comercialización de fauna silvestre para consumo (y en algunos casos para compañía) y todos los productores de alimentos deben estar inscriptos para ser controlados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), que es el organismo que aprueba o rechaza la introducción en el mercado de los alimentos nacionales o importados, además de realizar frecuentes comprobaciones del cumplimiento de la calidad y elaboración de los mismos.

 

China también tiene un organismo semejante que, por ejemplo, ha inspeccionado establecimientos productores de alimentos argentinos antes de autorizar nuestra exportación a ese país.  Pero la información que circula es que el COVID-19 se produjo por la ingesta de animales silvestres infectados.  De ser así, algún control falló.

 

Una naturaleza sana, con ecosistemas funcionales y ricos en especies, nos protege de una manera muy amplia ante infecciones por patógenos.  No existe sistema de salud, gobierno ni fuerza de seguridad que pueda darnos la protección que nos brinda la naturaleza.  Pero desde hace unas cuantas décadas, el consumismo desproporcionado y los hábitos del ser humano la están enfermando.  Los ecosistemas se están transformando.  La fauna tiene cada vez menos espacio y su hábitat se destruye a medida que el ser humano explota la tierra para construir o cultivar.  Como consecuencia, lo animales silvestres y los domésticos están en estrecho contacto; y casi sin darnos cuenta, las enfermedades que son transmitidas por animales pueden llegar fácilmente a nuestros hogares.

 

20 04 15 OP COVID19 El peligro de los hábitos de las sociedades modernas 2 Dengue enfermedad trasmitida por el mosquito Aedes aegypti

Dengue, enfermedad trasmitida por el mosquito Aedes aegypti

 

La extinción de especies también está modificando las cadenas alimentarias y reducen las relaciones entre especies que naturalmente controlan el desarrollo y número de las poblaciones animales.  La ausencia de predadores naturales permite que algunas poblaciones crezcan sin control, aumentando su frecuencia de contacto con personas y con ello la probabilidad de transmisión de patógenos.

El tráfico de fauna a escala global, aumentó el contacto entre animales silvestres y poblaciones humanas que, de otra manera, nunca hubieran ocurrido.  Cada animal y planta lleva en su organismo una diversidad de virus a los que hospeda.  Durante esa convivencia desarrollan inmunidad contra esos virus.  Así, plantas y animales sobreviven atenuando la virulencia de sus huéspedes y los virus se reproducen infectando sin eliminar a sus huéspedes.  Este equilibrio se rompe cuando un virus se transmite a otra especie con la que no convivió nunca, encontrando así un huésped que no desarrolló inmunidad contra él.

 

En la Argentina, la cacería indiscriminada de zorros en razón de que dañaban los rebaños y la desaparición de aves de rapiña por las fumigaciones intensivas hizo proliferar algunas especies de roedores, como sucedió con la fiebre hemorrágica argentina (FHA), también denominada mal de los rastrojos o mal de Junín.  Es una enfermedad viral zoonótica, causada por un roedor denominado la laucha del maíz o ratón maicero.  Si no se lo trata, la mortalidad de la FHA puede alcanzar el 30%.  El tratamiento con plasma antes de las complicaciones es extremadamente efectivo y reduce la mortalidad al 1%.  Además, los científicos nacionales han logrado una vacuna, la Candid 1, que se aplica a la población de alto riesgo: hombres en el ámbito rural de 15 a 60 años; es un 95,5 % efectiva y es producida por el "Instituto Maiztegui" con una capacidad anual de 5 millones de dosis, que son las  requeridas para vacunar la población íntegra del área endémica.

 

20 04 15 OP COVID19 El peligro de los hábitos de las sociedades modernas 3 Zorro gris pampeano

Zorro gris pampeano

 

Para tener una idea del daño, la zona endémica de la FHA corresponde a la pampa húmeda argentina, y cubre aproximadamente 150.000 km cuadrados, comprometiendo las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, con una población en riesgo estimada de 5 millones.

 

La deforestación también se asocia a la propagación recurrente de enfermedades transmitidas por animales silvestres.  Como ejemplo de esto se puede mencionar el mal de Chagas, transmitido por vinchucas; o el ébola, que se transmite por murciélagos, cuyos focos de infección se encuentran en las regiones con altos niveles de deforestación.

 

La movilidad de las personas entre países es un gran desencadenante de infecciones.  El avance en el transporte y la globalización implica rápidos y masivos desplazamientos de personas, favoreciendo la propagación de las enfermedades infecciosas, desde el lugar de origen hacia cada rincón del mundo.  La urbanización también constituye un ambiente eficaz para las epidemias.  Existen más de 500 urbanizaciones que en que se supera el millón de habitantes.  Por eso, muchos países  tomaron urgentes medidas de limitación a los movimientos de personas y al Aislamiento Preventivo.

 

20 04 15 OP COVID19 El peligro de los hábitos de las sociedades modernas 4 Guerra mundial contra el COVID19

Guerra mundial contra el COVID19

 

El Cambio climático y los patrones de lluvias de muchas regiones se están modificando.  Hoy, especies silvestres encuentran un hábitat apropiado en lugares en los que antes no hubieran podido sobrevivir.  Algunos insectos tropicales, como el mosquito, pueden adaptarse y permanecer en zonas que antes no les eran propicias, ampliando la distribución de enfermedades como el dengue, el zika o la malaria.  Nuestras formas de vivir son responsables de la pandemia que estamos soportando al impactar sobre la salud del ambiente.  La situación que se vive a nivel mundial nos muestra sin dudas cuán sensibles somos a un medio natural alterado artificialmente; y debe servir como experiencia para gestionar mejor la economía, la salud planetaria y humana.

 

Las imágenes fueron tomadas de la Web