por Juan Carlos Latrichano – 11 feb 2019

 

 

Tras los desastrosos registros que está dejando el Gobierno actual, aparecen voces de expertos con pensamiento ortodoxo dejando una carga de críticas basadas en su gradualismo.  Agregan que sería necesario disolver el Banco Central.  En tal sentido, sostienen que desde su creación en el año 1935, la inflación promedio anual fue superior al 50%.

 

Obviamente, abogan por una dolarización o algo parecido a la convertibilidad.  Al respecto, cabrían las siguientes consideraciones:

 

1.Si dolarizáramos, reemplazando nuestra moneda por dólares; y si obviamente desaparecerían las reservas, ¿con qué caja el país afrontaría sus actuales compromisos externos?

2.Los plazos fijos en pesos pasarían a ser denominados en dólares.  En caso de una corrida, ¿cómo se afrontarían sus pagos?

3.¿Cuál sería la paridad de conversión de pesos a dólares?

4.¿Se aplicaría esa misma paridad para convertir los salarios y demás haberes en dólares?

5.¿Cómo quedaría la competitividad de nuestros productos?

6.¿Cómo se cerraría la brecha fiscal?

 

Estos y otros interrogantes no se han formulado hasta aquí.

 

A su vez, si el planteo es una convertibilidad con tipo de cambio fijo, el interrogante es qué hacer cuando terceros países devalúan.  Algo que sucedió en los noventa y nos trajo más de un problema.

 

Debatir esto es central.  Creo.