por Alejandro Muñoz - 28 jul 2020

 

¿Y si dejamos de pensar que solamente el fútbol puede aportar ídolos populares?  ¿Y si empezamos a pensar que la palabra “ídolo” no necesariamente tiene que esconder, además del talento y la popularidad, un lado oscuro de escándalos, adicciones, egos incontrolables y demás etcéteras?

 

Emanuel Ginóbili cumple 43 años.  Del sacrificio por su menudo físico, a retirarse como una estrella en la élite de la NBA.  De tener que dejar su lugar de confort para irse a jugar La Rioja, a tener el privilegio de que San Antonio Spurs retire su camiseta, la número 20.

 

¿Se le conoce algún escándalo?  ¿Alguna vez realizó una declaración fuera de lugar?  ¿Se lo recuerda por alguna "avivada criolla" en algún partido?  "Manu" refleja un solo lado de aquello que mencionábamos más arriba: sacrificio, liderazgo, popularidad, títulos, prestigio. Y sobre todo, y quizás lo más importante, el respeto de sus compañeros y rivales.  Que no hablan maravillas de Ginóbili solo porque es conocido y decir algo en su contra se les volvería un problema; diferente a lo que hacen con otros ídolos, a quienes endiosan frente a los micrófonos y puertas adentro dicen realmente lo que piensan.

 

Ni Maradona, con sus adicciones, actitudes y manera de vivir.  Ni Lionel Messi, con un perfil mucho más bajo pero con un cada vez más llamativo liderazgo negativo puertas adentro, tanto en su club como en la Selección.  Ni Ringo Bonavena, quien hizo aún más popular al boxeo, pero trascendió de igual modo en cuanto a escándalos...  En fin, que son muchos más los que son elevados a ese pedestal más por su ego y su marketing, que exclusivamente por sus carreras.

 

Ginóbili cumple años.  Y mientras más pase el tiempo, más grande será su Leyenda.

 

 

por Alejandro Muñoz - 29 jun 2020

 

¿Cuánto hace que en el fútbol nuestro de cada día, no se produce una revolución?  Lo cierto es que, en tiempos de pandemia, es bueno recordar aquellos lindos tiempos cuando la pelota rodaba totalmente ajena al negocio y a los millones de dólares.

 

El 28 de junio de 1942, el mítico entrenador Renato Cesarini, puso en cancha a Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau.  ¿El resultado?  Triunfo 1-0 contra Platense con un tanto del "Charro" Moreno.

 

Muñoz reconoció, tiempo después: "Sentíamos que podíamos hacer el gol en cualquier momento, por eso no nos apurábamos".  Esa delantera de talento y de cracks, solamente disputó 18 partidos juntos, anotaron 38 goles y le dieron a River el título de 1942.

 

De todos ellos, el más legendario es Labruna, quien es el segundo máximo anotador de la historia del fútbol argentino, apenas dos goles por debajo de los 295 que marcó el paraguayo Arsenio Erico.  Además, "Ángelito" es el máximo goleador de la historia de River y el jugador que más veces anotó en la historia del Superclásico (16).

 

 

por Alejandro Muñoz - 07 may 2020

 

Cómo se extraña el fulbito…  Qué diferente parece que va a ser nuestra vida, la de los futboleros de ley.  ¿Tendremos que acostumbrarnos a ver los partidos por la tele, a que se juegue en canchas auxiliares, a que no tengamos esas multitudes saltando y cantando en las tribunas?

 

Parece difícil imaginarlo, pero en los últimos años, sobre todo en la Argentina, nos estábamos empezando a acostumbrar.  Que público visitante no, que partidos “a puertas cerradas”, que hinchas neutrales que no deben llevar camisetas de ningún equipo…  De a poquito, nuestra sociedad, nuestra manera tan “argentina” de ser, nos fue guiando a ser mucho menos futboleros que antes.  ¿O acaso cuántos argentinos saben quién es el arquero de Banfield o el “4” de Patronato?

 

Esta pandemia, además de reubicarnos de un plumazo, de hacernos replantear la vida en su totalidad, también nos hace desear algo que, hasta hace unos 20 años, era fundamental e imposible de reemplazar: el fútbol.  Pero de un tiempo a esta parte, muchas personas habían encontrado la manera de reemplazarlo.

 

¿Qué cambió en el medio?  Netflix, los celulares, el poco amor por la camiseta de los protagonistas, la violencia en las canchas, los negocios turbios, las resultados sospechosos.  Muchos somos los que seguimos emocionándonos, pero no podemos negar que los futboleros de ley, de a poquito y como se dice en la popu, “cada vez somos menos”.

 

 

por Alejandro Muñoz - 31 may 2020

 

En 2006, el legendario Rocky Balboa peleó contra Mason Dixon, por ese entonces Campeón Mundial de los pesos completos.  Balboa llevaba 16 años retirado del boxeo profesional y fue tentado para volver a subirse al ring.  Todo esto fue posible porque estamos hablando de cine, en una de las películas que componen la saga que tiene a Sylvester Stallone como su protagonista desde 1976.  Ahora bien, ¿puede suceder en la realidad?

 

Hay una larga lista de púgiles que retornaron tras una prolongada inactividad, muchos de ellos con un pasado desconocido.  La última aparición, en diciembre de 2019, es la de Albert Hughes, un estadounidense que peleó con ¡70 años! y tras casi 30 de inactividad.  Lo hizo para ingresar en el libro Guinness de los Récords, pero también para honrar la memoria de su hijo, quien lo acompañó en la preparación de ese combate y se suicidó días antes.  Hughes ganó por KO contra un rival mucho más joven, pero que en muy pocos momentos intentó golpearlo.

 

El más resonante de estos retornos, sin dudas, fue el de George Foreman, una Leyenda del boxeo, cuyo combate más importante quedará guardado para siempre en la historia del deporte mundial: la mítica “Pelea en la selva”, que el 30 de octubre de 1974 perdió frente a Muhammad Ali, en Kinshasa (hoy capital de la República del Congo, en ese entonces parte del territorio de Zaire).  En 1987, y tras 10 años de inactividad, volvió a pelear y hasta fue Campeón Mundial en 1994 con 45 años.

 

Ahora bien, por estos días de pandemia y cuarentena, cuatro boxeadores que brillaron en los ‘80s y los ‘90s se están entrenando y hasta comenzaron a circular rumores de posibles retornos.  Por un lado, Mike Tyson (53) y Evander Holyfield (57), quienes evocarían aquel combate de 1997, en el que Tyson le mordió una oreja a su rival y desató un escándalo.

 

Y por otro, el argentino Jorge “Locomotra” Castro (52) y el estadounidense John David Jackson (57), quienes reeditarían la histórica pelea de 1994 que se llevó a cabo en Monterrey, México, cuando Castro estaba recibiendo una verdadera golpiza, pero logró conectar un golpe que luego se transformaría en victoria por KO para retener sus cinturones de Campeón Mundial.  “Estaba complicado, pero la mano siempre se la levantan al mejor”, declaró tras esa pelea.

 

¿Será el inicio de una nueva categoría en este deporte?  ¿Se podría volver a “redividir” a los boxeadores por peso y, también, por edad? ¿Volverán estos cuatro “viejitos piolas”?

 

 

por ND’ - 16 enero 2020

 

La Supercopa de España era un trofeo que se disputaban…

…el campeón de la Liga y el de la Copa del Rey para así obtener un “supercampeón” español.  La deportividad indicaba que si un mismo equipo obtenía los dos títulos, automáticamente se adjudicaba el tercero.  Así fue hasta 1995.  Ese fue el año en el que los dueños del negocio se dieron cuenta de que perdían un partido si eso sucedía.  Quizá fue por su amor al fútbol y a no perder un minuto del deporte más lindo que cambiaron las reglas.  Quizá fue sólo por dinero.  A partir de 1996, si un equipo ganaba la Liga y la Copa, disputaría la Supercopa contra el subcampeón de la Copa del Rey.

 

En el comienzo de 2020 sucedió lo insólito: si un partido da dividendos, imaginémonos tres, habrán pensado los dueños del negocio.  Y entonces decidieron armar la Supercopa con cuatro equipos, dos de la Liga y dos de la Copa del Rey.  Como el Barcelona repetía plaza, había que elegir uno más.  ¿La deportividad ante todo?  ¿Elegimos la Copa del Rey, que es el torneo que nuclea más equipos?  Podría haber sido una buena opción, pero hubiese quedado afuera el Real Madrid, el equipo con más marketing del mundo.  No convenía, y menos para los nuevos anfitriones.  Sí, la Supercopa de España se mudaría a Arabia Saudita.  Algo similar a cuando la Copa Libertadores de América se jugó en Europa.  Un papelón.

 

Era romántico pensar que el Supercampeón de España podía ser un equipo que no haya ganado nada pero que haya competido hasta el final.  Como para combatir aquello de que “del segundo no se acuerda nadie”.  Pero es muy difícil hacer lecturas sobre un juego cuando, siempre, lo que prima es el negocio.