por Leonardo Saphir – 18 sep 2021
Aunque ya existe la palabra nada, ruego a los lectores me permitan la licencia de cumplir con la formalidad de definirla, para luego avanzar en explicar la nada.
Nada: inexistencia total o carencia absoluta de todo ser.
Analizar la prospectiva requiere indagar el tiempo pasado, corroborar el tiempo presente y formular el tiempo futuro. El transcurso del tiempo implica dinámica, no estática. Por tanto, ¿la nada es dinámica? No sé y no me meto en esa discusión. Pero voy a tratar de dar algunos ejemplos prácticos asimilables a la nada, de modo que sirvan para aclararla.
Negro: color definido como ausencia de color.
Vacío: es la ausencia total de materia en la definición de energía de Einestein: energía = ausencia de materia, dimensiones espaciales y temporales.
Reposo: inmovilidad de un cuerpo en un sistema de referencia que no existe.
Silencio: ausencia total de sonido.
Anosmia: ausencia del sentido del olfato.
Ageusia: ausencia del sentido del gusto.
Anausia: ausencia del sentido del tacto.
Insensibilidad: ausencia de la capacidad de sentir.
Ateísmo: ausencia en la existencia de deidades.
Ignorancia: ausencia de conocimientos.
Cero: es la expresión numérica de la nada.
Probabilidad cero: ausencia de posibilidad de ocurrencia de un acontecimiento.
Punto cero o de origen: inicio de intersección de coordenadas cartesianas.
Como se aprecia en la enumeración, son todos casos que denotan ausencia. Y ahora podría repreguntar: ¿son todos casos reales?, ¿existen o no existen? Yo modestamente afirmo que sí. Existen.
Y como son indicativos de carencia, existen tratamientos para solucionar, aunque sea parcialmente, los efectos negativos que ocasiona.
Para concluir y como dije en nuestra nota anterior, la prospectiva es una actividad humana que podemos afirmar también es una ciencia: la que trata de explicar aspectos negativos de la incertidumbre que acarrea el futuro. Desde que nos fue dada la capacidad de pensar, hubo, hay y habrá seres humanos que la practican, llámense brujos, adivinos, profetas o científicos.
El transcurso del tiempo confirmaron o no sus vaticinios, ya que no es una ciencia exacta sino probabilística. Y en el presente la ejercen desde los pronosticadores del tiempo hasta los planificadores del gobierno, las empresas, los econometristas y los escritores, entre otros.
Así, la prospectiva existe, es útil y por lo tanto, podemos seguir adelante.

En la próxima entrega continuaremos con el paso que sigue a la nada: el algo.



