por Salvador D’Aquila – 17 feb 2026
Vamos a hablar de fútbol. Je. ¿Marcelo Gallardo debió aceptar ese bruto (en varios sentidos) engendro que le levantaron en el Monumental, cuando transitaba "su mejor momento"?
"Sic transit gloria mundi". Este latinazgo solía grabarse en las lápidas de las personas fallecidas. Literalmente: "Así pasa la gloria de este mundo". Mostrándonos que como en el juego de ajedrez, los peones, el rey y las demás piezas de esta vida, todas terminan en la misma caja acabada la partida.
Y podríamos afirmar que no solo después. La experiencia nos dice que mientras permanecemos en este plano, la nunca virtuosa vanagloria del poder, siempre es efímera. Al igual que lo es la falsa celebración de quienes rodean al poderoso de turno y los “amigos del campeón”.
En una Historia de la cual parece no aprenderse, plagada de estatuas reales y simbólicas que no solo han caído, sino que han sido derribadas con mayor fervor que con el cual fueron erigidas, el del comienzo es un interrogante menor pero que nos puede dejar enseñanzas a nivel personal y como sociedad.
La respuesta a la pregunta planteada es simple: no. Aceptar halagos desmedidos, de la forma que sean, antes de que el transcurso de los años dé su veredicto, lo único que demuestra es la soberbia de un tiempo de esplendor que inevitablemente pasa. En nuestro pequeño ejemplo, alcanza con observar los cuestionamientos de los últimos días. Además, fomenta en un cúmulo de oportunistas la danza de la adulación, que siempre es engañosa y traicionera. Y a través de la difusión que ofrecen las comparsas barulleras e interesadas, la celebración poco sensata de muchísimos en una aceptación masificada.
Las consecuencias son la acentuación del camino hacia los vicios, a los que estamos naturalmente inclinados y contra los que deberíamos luchar permanentemente. Sobre todo, si uno es, en cualquier ámbito pero más en el de la dirigencia, de los circunstanciales "buenos, bonitos y de ojos azules". Solo mejores personas hacen mejores gobernantes y mejores sociedades.
Parafraseando: ¡Es la moral, estúpido!


