por Juan Carlos Latrichano – 14 dic 2019

 

Un Plan B para afrontar los vencimientos de la deuda pública, por si falla la propuesta inicial.  En primer lugar, partimos del peor escenario.  Me refiero al caso en que los acreedores no acepten los dos o más años de plazo para diferir el pago de capital e intereses de la deuda pública.  En ese caso, debemos tener preparada una estrategia consistente en pagar algo, de tal modo que el acreedor sienta que cobra si acuerda; mientras que si no acepta la propuesta, el cobro es menos factible dado que en ese caso lo debe lograr por la vía judicial.

 

¿Cuál sería la oferta de pago?

En principio, los intereses que vencen el año próximo, que representan un valor de 12.000 millones de dólares (organismos multilaterales y acreedores privados).  La condición de pago se asociaría a la refinanciación del capital.  Es decir, que el acreedor debe cambiar sus bonos por otros con mayor plazo para poder cobrar los intereses.

 

¿Pero cómo se hace para obtener los recursos necesarios para el pago?

Debemos tener presente que se necesitan dólares provenientes del circuito comercial.  Para ello, se deben maximizar exportaciones, principalmente de productos industriales, y asegurar el ingreso de las divisas.  Las normas bancarias deberán tener controles precisos de los tiempos de ingreso y fijar las penalidades de su inobservancia.  Se debe prohibir el crédito en pesos para el exportador que no ingrese las divisas.  A su vez, se deben acordar medidas con los países centrales para evitar restricciones a nuestros productos.  La administración de divisas se debe complementar con la sustitución de importaciones y con un férreo control que evite la fuga de divisas.  Quizás sea necesario adicionar una dieta relacionada con el giro de utilidades al exterior.

 

Desde luego, este mecanismo produce emisión monetaria.  Pero, ajustes mediante de la diferencia, el mismo expande recursos a una tasa del 40% anual, compatible con la inflación esperada para el 2020.  El secreto para que no se propague es limitar la puja distributiva y la inflación cambiaría.  Queda claro que el Gobierno permuta deuda con acreedores privados por deuda con el Banco Central.

 

Esperemos que no se necesite este Plan B.