por Agustín Boero - 25 ene 2019

 

 

Recientemente, desde la comodidad de mi sillón, tuve la oportunidad de ver una película realizada por Netflix.  Aunque no se le había hecho demasiada propaganda, me interesó la mirada que podrían tener sobre un cuerpo de paz de la ONU, en un conflicto que asoló África a mediados del siglo XX, en el marco de la llamada “Guerra Fría” entre las dos antagónicas superpotencias: EEUU y la URSS.

 

“El asedio a Jadotville”, tal cual se titula el film, narra la recientemente desclasificada historia de un cuerpo de paz perteneciente a la República de Irlanda que fue enviado especialmente por la ONU a garantizar la estabilidad y defender a los civiles de la conflictiva República Democrática del Congo.  El país se había hundido en un proceso de luchas internas auspiciadas por el asesinato del líder nacionalista congolés Patrice Lumumba, el 17 de enero de 1961.

 

Este hombre era considerado el héroe de la independencia congoleña obtenida un año antes, gracias a su trabajo denunciando los abusos coloniales de los belgas en su territorio.  Lumumba, nacido en 1925, estudió en su propio país dentro de una escuela católica de misioneros y más tarde por sus condiciones de alumno brillante, fue becado para formar parte de una escuela protestante dirigida por suecos.

 

Siendo periodista, se involucró de lleno en los problemas de su pueblo que había sido oprimido por décadas.  De hecho, Lumumba tenía antepasados asesinados en la primera etapa de la colonización belga en el Congo.  Por su condición intelectual, en 1955 creó la Asociación del Personal Indígena de la Colonia, donde hizo una decena de reclamos al rey sobre las condiciones a mejorar en el pobre país centroafricano.  Desde 1959, Lumumba se contactó con personas anticolonialistas y desde allí consolidaría el movimiento para buscar la independencia.  Los belgas capturan a Lumumba antes que comenzara un levantamiento.  Tras estar detenido varios meses, fue libertado y por presión del pueblo fue nombrado primer ministro.  En junio de 1960, proclamó la independencia del Congo.

 

Lumumba denunció que existía un apoyo masivo de muchos países y servicios de inteligencia occidentales hacia el régimen belga, responsable de la muerte de millones de personas desde finales del siglo XIX.  Tras asumir como Primer Ministro, intentó nacionalizar las empresas mineras occidentales para impulsar al país, además de negar el acceso a multinacionales estadounidenses y británicas que habían firmado convenios previos al ascenso de Lumumba.  Por estas acciones comenzó a ser investigado por la CIA.  Que finalmente en 1961, ejecutó su plan de “acción directa”.  Capturaron al líder en un secuestro muy recordado, haciéndose pasar por hombres del ejército congoleño y solo horas más tarde lo ejecutaron y su cuerpo nunca fue encontrado.

 

Su lugar fue ocupado por Joseph Mobutu, considerado el arquetipo del dictador africano durante la Guerra Fría.  Con el apoyo de las potencias occidentales, durante treinta años Mobutu encabezó uno de los regímenes más violentos, corruptos y dictatoriales que haya conocido África.  Durante dicho lapso, se encargó de cambiar el nombre del país (en 1971 pasaría a ser conocido como Zaire), nacionalizó las mayores industrias (aunque nunca libre de negociados personales, con los que amasó una gran fortuna personal); y reprimió y persiguió a los opositores a su régimen.