por Candela Saldaña - 15 jun 2019
En diciembre de 1810, la Primera Junta fue reemplazada por la Junta Grande. Debido a que aquella no tenía un plan político unificado, sino varios planes diferentes, ya que todos sus miembros no tenían ideas ni objetivos similares. Las posiciones más extremas estaban encabezadas por Mariano Moreno y Cornelio Saavedra, respectivamente. Moreno era anticolonial y quería reformas profundas.
Los morenistas tenían como objetivo la independencia y creían que para lograrla se necesitaba un gobierno central en Buenos Aires. Saavedra encabezaba a los moderados, y deseaba una transición más lenta, dentro del antiguo régimen.
Uno de los motivos de polémica era, justamente, cómo se iban a sumar al gobierno los diputados del interior: los moderados querían que se incorporaran, pero los morenistas preferían que formasen un congreso general aparte, encargado de designar a un gobierno ejecutivo.
Los Cabildos del interior contestaron a la Junta. En muchas ciudades hubo un clima favorable y los Cabildos se plegaron a las ideas de Buenos Aires. En otros casos se necesitó presión militar, como en Córdoba, donde la Junta no fue aceptada y las élites coloniales organizaron un levantamiento. Esta contrarrevolución fue derrotada por los revolucionarios, y sus cabecillas resultaron fusilados.
También la Junta envió rápidamente dos expediciones militares a las jurisdicciones periféricas del virreinato: al Paraguay y al Alto Perú. Se pensaba, con razón, que estas zonas iban a oponerse a la Revolución tanto por la gran presencia de españoles como por recelos hacia Buenos Aires. Tampoco fue aceptada la Revolución de la Banda Oriental. Estas regiones se constituyeron como frentes bélicos contra el gobierno revolucionario.
Entonces, como gran parte del territorio del antiguo virreinato no se sumó al movimiento, muy pronto estalló una guerra: la Guerra de la Independencia. Durante varios años y en varios frentes combatieron los patriotas contra los realistas, como se llamaban a los españoles y a los partidarios de mantenerse bajo el poder de la monarquía española.
De 1810 hasta 1815 la Guerra de la Independencia se desarrolló en diversos frentes. En el Alto Perú hubo avances y retrocesos. Se enviaron tres campañas desde noviembre de 1810 hasta 1815. La primera, al mando de Antonio González Balcarce; la segunda a cargo de Manuel Belgrano y la tercera, de José Rondeau.
Los primeros triunfos generaron la adhesión de muchas localidades a la revolución; otras la resistieron, sobre todo por diferencias políticas con los porteños. En la segunda y tercera campaña, el Ejército del Norte sufrió varias derrotas y las victorias no alcanzaron para la recuperación. En 1815 el fracaso en la batalla de Sipe Sipe determinó la pérdida de la región. A partir de entonces, la estrategia fue mantener una barrera defensiva en el noroeste a cargo de Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

Después del fracaso de la tercera campaña, el norte argentino hubiera caído en poder de los realistas de no mediar la enérgica y eficaz acción defensiva de Güemes y sus gauchos salteños. Amigo personal de los generales San Martin y Belgrano, contuvo hasta su muerte a las sucesivas embestidas del enemigo y a través de esta ardua y tesonera lucha colaboró en la magna empresa continental del Libertador.
Martin Miguel de Güemes nació en Salta, en febrero de 1785, descendiente de una acaudalada familia que le pudo brindar esmerada educación. A los catorce años ingresó como cadete en el regimiento “Fijo de Buenos Aires” y con ese cuerpo se trasladó a esta última ciudad, donde luchó contra los ingleses en el transcurso de la primera invasión. Producida la Revolución de Mayo, Güemes adhirió de inmediato a la causa de los patriotas y marchó a Salta para incorporarse a su guarnición con el grado de Comandante General de Milicias, a fin de llevar a la práctica un plan defensivo contra el avance de los realistas. Siempre se mantuvo alerta en la frontera y prestó su concurso a las tropas de Balcarce y más tarde de Pueyrredón.
Cuando en 1814 el general San Martin se hizo cargo del Ejército del Norte, confió a Güemes la defensa de Salta, como jefe de avanzadas. Conocedor de todos los rincones de su tierra natal, hábil jinete, valiente hasta la temeridad, Güemes fue respetado y querido por sus hombres. Empleaba una táctica defensiva-ofensiva, que se adaptaba perfectamente a las modalidades del terreno, sembrando con ella la confusión en las filas enemigas. Concebía un plan en lo intricado de un bosque o mientras descansaba en su campamento al lado de un fogón; generalmente, a la víspera del ataque.
Por medio de su cautivante personalidad, inculcó a sus hombres el amor por la independencia y la libertad, a través de la llamada “guerra de los gauchos”, palabras que simbolizaban el sentir de un pueblo insobornable, que jamás claudicaría.

Después del combate de Puesto del Marqués, Güemes marchó de regreso a su provincia, pero al pasar por Jujuy decidió recuperar las armas y municiones pertenecientes al Ejército del Norte. Llegando a Salta, una asamblea popular lo eligió gobernador intendente y de esta forma inició su gobierno personalista, de tendencia autónoma.
Al frente de unos 4.500 hombres, La Serna inicio la invasión al norte argentino, a fines del año 1816. Y en rápidos movimientos, sus avanzadas se apoderaron del pueblo de Humahuaca. El 6 de enero de 1817, los realistas entraron triunfantes en Jujuy, aunque la ciudad estaba prácticamente desierta, brindando incondicional apoyo a los gauchos de Güemes, quienes disputaban palmo a palmo, el terreno enemigo. En el lapso comprendido entre 1817 y 1821, los realistas no cesaron en su intento por avanzar a través del norte argentino, pero las sucesivas embestidas fracasaron ante el heroico comportamiento de los gauchos salteños. En el trascurso de una última invasión, Güemes fue sorprendido por una patrulla enemiga y resultó herido de gravedad.
Güemes había establecido su campamento a una legua al sur de Salta. Al anochecer del 7 de junio de 1821, se dirigió a la ciudad para entrevistarse con su hermana Magdalena, quien le había comunicado que deseaba hablarle. Allí, su hermana le manifestó junto a su esposo, el doctor Tejada, acerca de tener ciertos datos sobre un nuevo ataque realista.

En esas circunstancias, el caudillo sintió disparos de armas de fuego y de inmediato partió con su escolta rumbo a la Plaza Mayor pero en una calle transversal, fue herido por una bala perdida, a consecuencia de un tiroteo con una avanzada realista. Con un grupo de sus partidarios, Güemes se dirigió a su campamento de Chamical.
Entretanto, el general español Olañeta enterado del episodio, envió una comisión para ofrecer al caudillo auxilios médicos, a cambio de que se sometiera a su autoridad. A modo de respuesta, Güemes mando a llamar al jefe de su estado mayor, el coronel Jorge Vidt y delante de los comisionados realistas, le hizo jurar por su espada que continuaría luchando “hasta que en el suelo de la Patria o no hubiera ya argentinos o no hubiera dominadores”.
El 17 de junio y luego de diez días de sufrimientos, el insigne caudillo expiró a la edad de treinta y seis años, convencido de que su pueblo jamás claudicaría ante la bota del invasor.


