por Daniel Martos - 15 may 2021

 

Si algo no nos esperábamos de las frecuentes incursiones de Elon Musk en la prensa, eran dos cosas que sucedieron esta semana.  La primera, algo inusual en empresarios globales, que sea tan sincero como para admitir que padece un trastorno (no importa aquí cuál, sino señalar que es muy poco habitual que un “poderoso” del orbe declare públicamente una condición propia que los mercados podrían ver como una “debilidad”).  Y la segunda, que contribuya a dinamitar una iniciativa que él había alentado no muchas semanas atrás: el DogeCoin.

 

Soy de las personas que piensan que, probablemente, no existan las debilidades sino que estas son simplemente desafíos que permiten potenciar las aptitudes personales de cada ser humano para subir un escalón en el camino de la autosuperación.  Por lo cual, no me resultó extraño que el empresario, muy cercano de los titulares estos últimos meses por sus proyectos de viajes turísticos al espacio y el desarrollo de su Neuralink (interfaz que permitiría conectar el cerebro humano con una computadora), pudiera valerse del hecho de anunciar que padece el trastorno de Asperger para -otra vez- acaparar la atención de la prensa.  Pero sí me pareció anecdótica su ofensiva contra la criptomoneda de la cual fue un efusivo propulsor, elevando su cotización en varias decenas de veces.

 

La moneda del perro... y del meme...

Dogecoin, la criptomoneda en cuestión, nació como derivación de otra moneda, el Litecoin​, y adquirió su nombre al usar como mascota un perro Shiba, proveniente del meme de Internet “Doge”.​​​​

 

Si bien su cotización, estratosféricamente diferente de la que alcanzó el Bitcoin, alcanza al momento de escribir esta nota a unos humildes $ 62 argentinos, no existen muchas opciones en el mercado local para poder comprarla y, convengamos también, que es una opción “no muy tradicional” para un inversor de cualquier parte del globo, convirtiéndose -con el respeto que me merecen sus cultores y comerciantes- en un objeto más de fetiche que de finanzas real.

 

Hablando de meter el perro...

El mundo de las criptodivisas, como escribí en columnas anteriores, es serio pero no está exento de riesgos financieros, y éticos -en tanto desarrollo humano- que pueden ocasionar grandiosas pérdidas si no se toman ciertos recaudos.

 

Y en este caso, no hablo de aquellos delincuentes que, en el mismo momento en que Elon Musk hacía estas declaraciones a la prensa, realizaban un desfalco de 100.000 dólares, síno por los cierres fraudulentos de empresas globales de comercio de criptomonedas -Vebitcoin y Thodex, ambas de origen turco- que generaron una innumerable cantidad de “pagadioses” a sus clientes al cerrar inexplicablemente de un día para el otro.

 

Pero no todo lo que opaca es “mierd”

Sin embargo, salvo estas contadas excepciones, el mundo cripto es sólido y confiable.  La existencia de “malos jugadores” podría equivalerse a los bancos o financieras del 2001 que se fueron del país dejando muchas cuentas sin pagar; y sin embargo, eso no equivalió al cierre de todo el sistema bancario o bursátil.

 

Las cuestiones obvias de buscar proveedores y entidades confiables debiera ser un requisito de cualquier emprendedor -¡y ciudadano digital!- que se precie.

 

Respecto del comienzo de esta nota, creo que DogeCoin se convirtió para Musk más en un juego lúdico -permítanme la redundancia- que en una iniciativa pensada y planificada.

 Tesla

 

Claro que, luego de intentar “romper una moneda” como Dogecoin, el empresario volvió sobre sus pasos y, provocativamente, lanzó una encuesta en la red del pajarito, preguntando si Tesla (la compañía californiana liderada por él, que se dedica, principalmente, a la fabricación de autos eléctricos, elementos de propulsión para vehículos y baterías) debiera aceptar Dogecoin.  Al momento de terminar esta nota, quienes opinamos afirmativamente llevamos la clara delantera.

 

¡Hasta la próxima nota!