por Nacho D’Aquila - 24 abr 2019

 

 

La cena había estado deliciosa aunque podría decir que el último medio plato estuvo demás.  Todos en la fiesta parecían tomarlo con normalidad, pero para él la cantidad de comida ingerida era un despropósito.  Se dejó llevar y lo estaba pagando.  Se movía incómodo en la silla, se condenaba por la falta de autocontrol y había empezado a transpirar.

 

Un toquecito en el hombro lo sacó de lo que eran insultos proferidos para sus adentros.

-“¿Helado?”, dijo una voz amable acercando una copa.

 

Él miró a la persona que ofrecía el postre con cara de negación y a la copa con cara de deseo.  Habitual consumidor de cuartos, eventual de potes de medio kilo y poseedor de un record que preferiría olvidar de un kilo en veinte minutos, finalmente dijo:

-“Bueno, el helado es digestivo”.