por Candela Saldaña – 03 feb 2020

 

En los Estados Unidos, desde fines del siglo XIX los afroamericanos fueron marginados del espacio público por una serie de prohibiciones y exclusiones.  Las leyes de segregación racial autorizaban la separación física entre negros y blancos en escuelas, baños, bares y transportes.  Las leyes racistas impedían a los afroamericanos presentarse como candidatos en elecciones y acceder a la universidad.  En la década de 1930, se crearon organizaciones como la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), que lucharon contra la segregación a través de medios legales.

 

En 1955, la afroamericana Rosa Parks fue arrestada en Montgomery por desobedecer las leyes racistas, que obligaban a los negros a darle el asiento de los autobuses a los blancos.  Ante esta situación, las organizaciones afroamericanas llamaron al boicot y el movimiento por los derechos civiles comenzó a crecer masivamente.  Como consecuencia, en varios estados se adoptaron medidas represivas y la NAACP fue prohibida.  En el sur, en cambio, comenzó a crecer la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano, donde militaba el pastor Martin Luther King Jr.

 

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Martin Luther King Jr nació en 1929 y cursó estudios de teología.  En 1954, fue nombrado pastor de una iglesia bautista en Montgomery, Alabama, y rápidamente se convirtió en el líder del movimiento contra la segregación, iniciado por Rosa Parks.  Para boicotear las leyes segregacionistas en el transporte, organizó viajes mixtos entre negros y blancos.  Como consecuencia, fue encarcelado y su casa, atacada con bombas incendiarias.  Sin embargo, continuó su lucha por los derechos civiles a través de protestas no violentas.

 

El 28 de agosto de 1963, durante la marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, Martin Luther King pronunció un discurso que cambiaría su vida y el de todos los presentes solo con unas simples palabras “I have a dream”.  Este mítico discurso dio a entrever el deseo de una América igualitaria, tanto en sexos como en razas.  Desde las escalinatas del Monumento a Lincoln, se pronunciaban palabras que marcarían un antes y un después en la vida de las personas de color.  “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo. (…) Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".

 

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Movimientos de la reivindicación de los derechos civiles se levantaron en todos los estados americanos; y gracias a estas palabras encontraron su fortaleza en la unión de sus pares para alcanzar un solo objetivo que mejoraría la calidad de vida de ellos, sus hijos y los hijos de estos.  “Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad”.

 

Treinta mil personas presenciaron este sueño del pastor Martin Luther King Jr.  Y otras de miles lo escucharon a través de los medios de comunicación que transmitieron la marcha.  Esto significó un importante avance en la reivindicación de los derechos civiles y le valió a King el Premio Nobel de la Paz en 1964.

 

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Tristemente, el 4 de abril de 1968, mientras estaba en la terraza de la habitación del hotel donde se alojaba, murió por el disparo de un segregacionista.  Solo tenía 39 años.  Las últimas palabras de King en ese balcón fueron dirigidas al músico Ben Branch, quien iba a actuar esa noche durante una reunión pública a la que asistiría: “Ben, prepárate para tocar “Precious Lord, TakeMy Hand” (“Señor, toma mi mano”) en la reunión de esta noche.  Tócala de la manera más hermosa”.

 

Cinco días más tarde, el presidente Johnson decretó un día de luto nacional (el primero por un afroamericano) en honor de Martin Luther King Jr.  A los funerales asistieron 300.000 personas.  Por petición de su viuda, Martin Luther hizo su propia oración fúnebre con su último sermón, «Drum Major», grabado en la Ebenezer Baptist Church.  En este sermón, pedía que en sus funerales no se hiciese mención alguna de sus premios, sino que se dijese que él había intentado “alimentar a los hambrientos”, “vestir a los desnudos”, “ser justo sobre el asunto de Vietnam” y “amar y servir a la humanidad”.