por Uriel Fernández de la Vega – 03 may 2020
Transición
Me resulta particularmente grato ceder, transitoriamente, este espacio de RELATOS a un joven escritor
chubutense (23 años) que promete y mucho. Le auguro, si persevera, un promisorio porvenir.
C. Fernández Rombi
Y fue así que un día me di cuenta contra lo que luchaba e ignoraba. Me alcanzaron la irritación, el hastío e insatisfacción que liman sus asperezas.
Cuarentena proviene de cuaresma. Antiguamente, la cuaresma era un período de cuarenta días para trabajar el espíritu y es lo que se necesita para restaurar el equilibrio. Es lo que pide a gritos el universo. Y su petición pulula en el aire.
El cariño que acostumbrado estoy a darle a mi amada, me embiste contra las paredes del alma. El encierro me ahoga y, precisamente por ese motivo, descargo en ti dama de blanco, lienzo de barro. Porque las palabras me sofocan, y cuando logran salir son solo el efecto de ascuas, causa del hervor en mi garganta. Lo físico siempre se me dio bien, lo espiritual no.
Lo antiguo me sienta cómodo. Y lo moderno no. Paradójicamente, las redes móviles son análogas a las redes espirituales. Y ahí va el potrillo dando coces, ¿o es qué da tumbos por viejo torpe? Las líneas son delgadas y los umbrales se abrazan.
Labro todos los días mis emanaciones para mi presente más bello poder entregarles. Pero a planos estoy complicado. Y como una madre lleva a la rastra a su hijo al colegio, mi mente me arrastra al fondo (¡ojo, en el buen sentido!), a lo que significa la cuaresma.
Pido disculpas si mis modos ofenden o lastiman. No es mi intención. Y esto va dedicado principalmente a ti. Pido por vos, pido por ustedes, ya que a todos los llevo en mis oraciones y tinta. Pido porque entre todos nos resolvamos y resolvamos esta situación.
El pozo sirvió siempre agua cristalina cuando por dentro se limpió… parecido al aleteo de una mariposa.



