por Diego Kochmann – 21 feb 2026

Túnel de ochenta años

El viejo asomó la cabeza del agujero y la sacudió para desprenderse del polvo que tenía encima. Después de restregarse los ojos con un pañuelo, volvió a colocarse los lentes y vio como se le acercaba un hombre.

–Estoy fundido, caballero, pero súper feliz –empezó a decirle, estirando el cuello hacia arriba para mirarlo bien–. A los doce arranqué a cavar este pozo, créame. ¡Y lo acabo de terminar! Así es, mi querido Pank Suns, fue un esfuerzo tremendo pero acá estoy. ¿Cómo dice? ¿Park Son? Disculpe, no le había entendido. Le cuento, amigo, que por lo poquito que llego a ver desde acá, China es tal cual me la imaginé, con ese parque tan lleno de árboles, el estanque, la vestimenta de la gente, esas casitas de ahí… ¿Pero cómo? ¿¿Cómo que no es China?? ¿¿¿Estamos en Corea??? Con razón la bandera sobre aquel edificio no me resultaba tan familiar, pero pensé que quizás la habían cambiado. ¡Qué bronca, che! ¿Entonces China queda más para la izquierda? ¿Bastante más? Bueno, habrá que seguir.

Y volvió a desaparecer por donde había surgido.

 

Novela mexicana

Ricardo Rubén: ¿Quieres casarte conmigo?

Laura María:

RR: ¿Qué sucede? ¿Acaso sigues enamorada de Juano? ¿O del coronel Alcaraz?

LM: Debo confesarle, Ricardo Rubén, que no me he podido sacar de la cabeza a ninguno de los dos.

RR: Ya veo.

LM: Y aún sigo pensando en Jojo el peluquero, y en el repartidor de pizzas, que ahora no me sale su nombre. Ah, también tienen un lugar en mi corazoncito los mellizos Patalín.

RR: ¿Y yo? ¿Qué hay de mí? ¿Acaso me guardas algo de cariño?

LM: Sí, un pelín puede ser.

RR: Entonces, ¿quieres casarte conmigo?

LM:

 

Reportaje de ida y vuelta

–Buenas tardes señor Papa, digo Pepe, digo…

–Me llamo Pepo, joven.

–Pepo, sí, Pepo. Y… ¿qué lo trae por acá…? Este…, quiero decir que ya sé que viene a dar un chow, digo show. Me refiero a por qué justo acá, cómo se le ocurrió…

–Veo que andas un poco acelerado, niño. Tranquilízate que no pasa nada. Elegimos esta ciudad como parte de la gira sudamericana para conmemorar mis treinta años de carrera. La gira comenzó el mes pasado, en Caracas.

–Carancas, sí, sí.

–Caracas. ¿Estás acaso un poco sordo?

–No, no. Es que cuando me pongo así se me cierran los oídos. Siempre me pasa…

–¿Así cómo?

–No importa… Y, dígame, señor Papa… Perdón, perdón. Señor Pepo quise decir. Dígame, señor Pepo, ehhh, ¿qué música va a tocar?

–¿Pero cómo me preguntas eso, chico? ¿Acaso no sabes que soy Pepo, el rey de la bachata? Me extraña.

–Sí, sí. Perdón. Es que cuando me agarran los nervios, me olvido de todo.

–Pues cálmate entonces, que no hay motivo para alterarse. ¿Es tu primer reportaje?

–El segundo en realidad. Anteayer me mandaron a una carnicería para averiguar por qué estaba todo tan caro. Pero así, a un famoso, nunca.

–Supongo entonces que te has recibido de periodista hace poco.

–Sí, sí. En diciembre pasado, en la Facultad de Comunicaciones.

–¡Te felicito! Y dime, ¿por qué has elegido esa carrera?

–Ah, bueno. Es que me encanta el periodismo, es mi pasión. Ya de chico me gustaba andar con un palo en la mano y hablarle, como si fuera un micrófono. Le iba contando todo lo que iba viendo, y también escribía noticias inventadas en mi cuaderno…

–¡Muy interesante!

–Sí. A los once años, mis padres me regalaron un micrófono de verdad, con grabadora y todo. Y estaba todo el día persiguiendo a mis amigos para entrevistarlos. Los volvía locos, ja, ja…