por Carlos Fernández Rombi – 18 feb 2021

 

Introducción

El estudio de Arquitectura Jorgensen, Fernández, Altamirano y Asociados, de Buenos Aires, tiene una tradición de cincuenta años.  Es responsable de algunas de las obras más importantes del país y de otras de relevancia en distintos países y fruto de triunfos en concursos internacionales.  En la actualidad, fallecidos los fundadores y transformado en sociedad anónima, está bajo la dirección de los arquitectos Marina Jorgensen y Carlos Altamirano.  Ocupa los tres pisos superiores de un moderno edificio, cuyo proyecto y ejecución les pertenece y que tiene una antigüedad de cuatro años. Desde su  constitución como S.A., además de los dos directores, son propietarios en diferentes porcentuales ocho profesionales, cinco arquitectos y tres ingenieros, ninguno de los cuales supera por mucho los cuarenta años; a diferencia de Jorgensen y Altamirano que pasan los sesenta.  Además de unos cuarenta empleados, entre arquitectos, ingenieros, dibujantes y administrativos.  Los directores, al igual que sus predecesores, se han esforzado con éxito en mantener un clima laboral de camaradería y respeto en las interrelaciones personales y profesionales.  Un logro que está a punto de cambiar.

 

A principios del año, se incorpora a la firma un joven (36 años) arquitecto nacido en Brasil en una familia adinerada de cafeteros.  Nelson Dazouza, alto, moreno, de gran atractivo y con una notable seguridad en sí mismo, ha comprado el quince por ciento de la firma.  Además, trae bajo el brazo el aporte del diseño y dirección técnica de una moderna y gran planta elaboradora de cítricos de veinte mil metros cuadrados a construirse en el Estado de Minas Gerais, obra que será financiada por su familia.  El arquitecto, egresado de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, ha revalidado su título en la Argentina con un altísimo nivel de notas.  Suma a su carisma una sonrisa cautivante, más propia de un galán de telenovelas.  En su carácter de socio Senior, dispone de un amplio privado con un gran ventanal que mira hacia la calle Juncal.  ¡Me siento cómodo!

 

Un mes y medio en la firma y ya se mueve con total seguridad, dando la impresión de ser uno de los veteranos.  Es evidente que su presencia no ha dejado indiferentes ─más aún si se trata de las empleadas más jóvenes─, a sus nuevos compañeros de trabajo.  Lo cual incluye a la hermosa ingeniera Senior Amalia Pérez, una  belleza de 33 años recién divorciada y con gran capacidad profesional, que suele mostrarse inaccesible ante sus compañeros.  Y que a él, lo mira con una especie de angurria apenas disimulada.

 

Un depredador

Se cumplen dos años de la incorporación de Nelson a la firma y algunas cosas han cambiado y mucho.  Marina Jorgensen y Carlos Altamirano son ─por descontado─ los más atentos a esos cambios, aunque difieran en su importancia.  En privado, tratan el tema:

─Carlos, vamos a tener que tomar medidas.  El clima laboral de nuestra firma ha sido deteriorado totalmente por la forma de ser de Nelson y su innegable capacidad para armar camarillas…  Hay momentos en que al pasar por la sala general, el clima parece ir creciendo sin pausa hacia la tensión y hostilidad de unos contra otros…

─En principio, estoy de acuerdo con vos Marina, pero convengamos en que el Estudio jamás ha ganado tanto dinero como el que gana desde que la Familia Dazouza invierte y atrae a inversores para proyectos a desarrollar por nosotros…  Es más, como se viene dando la cosa, vamos a tener que aumentar ya la plantilla de dibujantes, de calculistas e, incluso, administrativos.  A los que hay, los estamos reventando y por más que les paguemos excelentes ingresos. También convengamos que su aporte como profesional ha enriquecido nuestra línea de diseño… ¡es brillante, sin duda!  A pesar de todo esto, en realidad, el tema me preocupa tanto como a vos… pero no sé cómo solucionarlo.  Nelson no es persona de arrear con una charlita…

La reputada profesional, que acaba de ser abuela, se muerde el labio inferior, algo característico de cuando está pronta a hacer una infidencia.

─Carlitos, debo confesarte algo: el mes pasado, sin decirte nada para evitarte un disgusto, yo ya tuve esa charla con el colega y… no me fue nada bien.

Un gesto de intriga se dibuja en el rostro de su socio e interlocutor.

─Ni drama Marina, decímelo todo sin ahorrar detalles, por favor.

─Bien… ¡nada!  Comencé hablándole en tono maternal, diciéndole cuánto apreciamos su aporte y capacidad, pero también de nuestro disgusto hacia su tendencia a hacer camarillas y enredarse sentimentalmente con la mitad de las mujeres del Estudio.  A mi tono maternal su respuesta fue esa mirada sobradora y sardónica que me exaspera.  Fue el momento en que con el estribo medio suelto le hablé con seriedad extrema y crudeza sin ningún tapujo…

─¡No me jodas…!  ¿Y su reacción fue…?

─¡Burlarse olímpicamente!  Y por si fuera poco, me avanzó románticamente, como si fuera una de las chicas del Estudio…  Hasta sugirió que quizás yo estaba un poco celosa.  ¡Desvergonzado, hijo de puta!

El Arq. Altamirano, veterano en el manejo de personas, ya no sonríe.  Un fiero gesto de preocupación lo asume.

─Marina… ¡estamos en un quilombo de aquellos!

 

Diez años después

Noche de gala en la Asociación Konex.  Es la entrega anual de sus afamados premios.  La gala se cierra con la entrega del más importante: Premio Konex de Brillante.  El Presidente de la Asociación anuncia al ganador: Estudio de Arquitectura Dazouza y Asociados, como el más destacado y de mayor trascendencia internacional en el rubro Arquitectura, convocando a su titular a recibirlo.

 

El Arq. Nelson Dazouza, en su breve discurso de agradecida  aceptación, tiene unas palabras emocionadas de reconocimiento para el Estudio de  Arq. Jorgensen, Fernández, Altamirano y Asociados, ya inexistente, que fuera su predecesor y cuyo acervo e historial de medio siglo asume graciosamente como propia.  ¡Me siento cómodo!