El G-20 y la otra globalización

por Osvaldo Pimpignano

22 jul 2017

 

 

El grupo de los 20 (G-20), es un foro que desde 2008, reúne a los principales países industrializados y emergentes del planeta. Su origen está vinculado a una de las peores crisis internacionales de los últimos años: la de 2008, provocada por el colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, que repercutió en los demás países y los contagió causando una crisis de derrumbes bursátiles, un descalabro monetario y alimentaria global a escala total, cuyas consecuencias fueron leves para la actividad bancaria, que recibió salvatajes estatales y en cambio recayeron sobre los más pobres.

 

Desde entonces, el G-20 se reúne cada año para analizar las relaciones comerciales y económicas entre sus miembros, tratando de fortalecerlas en su beneficio bajo el manto de la globalización (según ellos, se entiende), libertad de comercio, reducción de aranceles y otros tipo de facilidades que acrecienten los beneficios de sus empresas, muchas de ellas más poderosas que muchos países.

 

Así dicho aparece como la panacea global, pero el G-20 entiende como libertad de comercio que puedan vender sus productos industrializados a terceros países, pero sin reciprocidad alguna; la reducción de aranceles consiste en que no se les cobren derechos de importación, mientras ellos imponen todo tipo de barreras arancelarias y sanitarias a cuanto producto intente ser introducido en sus países; y que cuando hablan de beneficiar invirtiendo en  países del tercer mundo, lo hacen solo si se les libera o minimiza del pago de impuestos y pagar salarios que en sus países serían considerados miserables.

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Quizás es por esto que en cada cumbre del G-20 hay protestas. En la última, realizada recientemente en Alemania, se desplegaron millares de policías y militares para controlar las protestas ciudadanas contra estas prácticas que colman las calles para expresar su descontento con esta situación. Y lo hacen no contra la globalización, sino contra “esta globalización”, la globalización del derroche y el abuso. Lo hacen pidiendo la otra globalización, la de la distribución equitativa, el comercio justo, la globalización de la salud, el estado de bienestar y el cuidado del clima entre otros temas.

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El G-20 está conformado por las principales economías industrializadas y emergentes del mundo. Sin embargo, los índices de pobreza, desigualdad y desempleo han aumentado en los últimos años en tres naciones americanas que lo integran. México es considerado uno de los países más desiguales de América Latina.

 

El índice Gini de México se ubicó en 0,93 por ciento respecto a la concentración de los activos físicos en 2014. Entre 2008 y 2014, los niveles de pobreza pasaron de 44,3% a 46,2%, es decir, 55,3 millones de personas más, de acuerdo a un estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Esto a pesar de ser uno de los países que más inversiones extranjeras recibió.

 

Lo sigue la Argentina, que en el segundo trimestre de 2016 el índice de pobreza alcanzó el 30,3% del país, según un informe gubernamental del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Para ese mismo período, el desempleo en los 31 aglomerados urbanos afectó a 937.000 personas, y la proyección al total país se elevó a unas 1,5 millones. El 10% de la población más rica recibió en el tercer trimestre del año 2016 ingresos promedio 25,6 veces más altos que el 10% más pobre.

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Mientras tanto, hasta 2015 Brasil lideraba la lista de países en reducción de la pobreza. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, por su sigla en inglés), esto respondió a los programas gubernamentales de transferencia de renta iniciados en 2003 por el Presidente Lula da Silva y continuados por Dilma Rousseff hasta2016. Sin embargo, desde entonces  el desempleo alcanzó niveles récord y provocó que la disparidad del ingreso familiar per cápita registrara el primer aumento en 22 años, según el índice Gini calculado por  Centro de Políticas Sociales (FGV Social).

 

Pero también la Comisión Europea (CE) señala a Italia como uno de los países más vulnerables de ese continente. La pobreza, la desigualdad y el desempleo son los principales retos con los que debe lidiar la nación. Desde hace dos años, el Producto Interno Bruto (PIB) no crece por encima del 1%, según el informe de la CE. Al menos 4,6 millones de personas viven en la pobreza absoluta, la cifra más alta desde 2005, de acuerdo a datos del Instituto Oficial de Estadística (Istat).

 

España y Francia tratan dificultosamente de reaccionar, mientras que Inglaterra decidió abandonar la Unión Europea. Los sindicatos europeos apuntan a que esta tendencia se mantiene debido a una mayor austeridad, menos gastos y más impuestos. Italia también se enfrenta al mayor índice de desempleo en la eurozona, especialmente el juvenil que alcanza el 40%.

 

Tampoco el tema climático escapa a esta problemática. La extracción descontrolada y la industrialización desenfrenada, en muchos casos de productos superfluos o inútiles, aumentan agrediendo al clima, tanto por su producción como por los residuos que generan luego de su uso.

 

Las cifras son alarmantes: anualmente la temperatura del planeta se acerca a su límite y desde 1980, cada año, cada mes, se incrementa al punto de poner en peligro nuestro mundo y población. Por este motivo, se llevó a cabo La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015, en París. En ella participaron 195 países, quienes establecieron compromisos para que cada uno de éstos redujera la emisión de gases de efecto invernadero.

 

17 07 22 OP El G20 y la otra globalización 3Pero en la última cumbre del G-20, los EE.UU, el segundo mayor contaminador del mundo, ratificó su retiro de los compromisos para combatir el Cambio Climático, a quien Donal Trump califico de “un mito”. Un mito que en los últimos meses inundó 11 provincias Argentinas y en este momento está inundando el norte de España, Francia, Italia y Alemania, mientras el sur de esos mismos países es arrasado por incendios a causa de las sequías. Alguien debiera avisarle a Trump que cosas parecidas están sucediendo en su país.

 

La otra globalización

Pero hay quienes preconizan “La otra Globalización”. La Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC) es un movimiento internacional altermundialista que promueve el control democrático de los mercados financieros y las instituciones encargadas de su control mediante la reflexión política y la movilización social, y en particular promueve un impuesto a las transacciones financieras parásitas, que no pagan impuestos a diferencia de quienes producen artículos.

 

ATTAC, nacido en Francia en 1998, a la fecha está presente en 35 países, principalmente en Europa y el MERCOSUR, aunque también está implantada en África, Asia y Norteamérica. Se creó como grupo de presión a favor de la introducción de una tasa a las transacciones financieras internacionales (conocida popularmente como Tasa Tobin) que permitiera restringir la volatilidad de los mercados de capitales.

 

En plena crisis financiera asiática, Ignacio Ramonet (quien fuera director de la edición argentina de Le Monde Diplomatique) había escrito un editorial en el que promovía la aplicación de esta tasa y la creación de un grupo de presión que actuase públicamente en pro de la misma. En ese texto denunciaba que la globalización había construido su propio "Estado", con su aparato, redes de influencia y medios de acción completamente independientes de la sociedad, y que actuaba desestructurando las economías nacionales, despreciando los principios democráticos, presionando a los estados, exigiendo en fin más y más beneficios; todo ello aumentando la inseguridad y las desigualdades sociales.

 

ATTAC sostiene que las corporaciones y empresas transnacionales y los grupos de presión que acatan y apoyan las decisiones de estas entidades transnacionales han contribuido significativamente a reducir el poder del que disponen los electorados nacionales sobre las economías propias y de sus países, no estando así al servicio del interés público y de los ciudadanos. Para revertir esta tendencia, proponen —entre otras medidas— el control de los mercados financieros, de las agencias de calificación, un Impuesto a las transacciones financieras (o tasa Tobin), la supresión de los paraísos fiscales y la condonación de la deuda externa de los países del tercer mundo.

 

Finalmente, La Unión Europea señaló que el lenguaje de la declaración no se aparta del “sistema global vigente, que permite a los países tomar medidas defensivas dentro de la Organización Mundial de Comercio”.

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La declaración final de la cumbre del G-20, celebraba en Hamburgo (Alemania), destacó que los demás países y la Unión Europea apoyaron el acuerdo climático de París rechazado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El documento indica que el acuerdo para reducir los gases de invernadero era “irreversible” y se comprometieron a aplicarlo rápidamente y sin excepciones. Una promesa siempre pregonada y nunca cumplida.

 

Las potencias mundiales reafirmaron su apoyo a los esfuerzos para combatir el calentamiento global, a excepción de EE.UU. Como economías emergentes y productoras de combustibles “tomaron nota” de la posición estadounidense.

 

En cuanto al comercio, el G20 mantuvo la condena al proteccionismo, con una declaración central de los esfuerzos del grupo para combatir la crisis financiera global y las secuelas de la Gran Recesión. Lo que suena incomprensible atendiendo que fueron ellos quienes la provocaron.

 

Sin embargo, agregaron nuevos elementos: el comercio debe ser “recíproco y mutuamente ventajoso”, sin aclarar para quienes; y que los países pueden recurrir a “instrumentos legítimos en defensa del comercio”, si se aprovechan de ellos; es decir, están avisando que continuaran con el proteccionismo aduanero en todas sus formas.

 

Esto refleja las inquietudes expresadas por Trump durante esta cumbre del G-20, la primera a la que asiste, en donde el mandatario señaló que el comercio debe ser justo y abierto, “pero debe beneficiar a empresas y trabajadores estadounidenses”.

 

En materia climática, los funcionarios elaboraron una declaración aclaratoria en tres secciones que “todos pudieron firmar”; es decir, que a ninguno comprometía profundamente. La primera, es el compromiso de combatir el cambio climático “en general”; la segunda, es el párrafo especial que reconoce que EE.UU no apoya el acuerdo de París; y en la tercera, los 19 países restantes ratificaron su apoyo al acuerdo.

 

Los resultados de la cumbre no son decisivos, sea en comercio o en clima. El compromiso de no protección ha sido violado con frecuencia mediante recursos difíciles de detectar como exenciones impositivas en lugar de los impuestos sobre la importación.

 

El próximo año 2018 el G-20 se reunirá en Argentina, donde seguramente las inquietudes ciudadanas tanto locales como visitantes seguirán bregando por “la otra globalización”, que les garantice una distribución equitativa, el comercio justo, el derecho al trabajo bien remunerado, la globalización de la salud, el estado de bienestar y el cuidado del clima entre otros temas. Algo así como salvar a la humanidad de una hecatombe social y climática.

 

Fuentes: ONU. CEPAL. Prensa G-20. ATTAC.