Pasado y presente del enfoque monetario

del Balance de pagos

por Juan Carlos Latrichano

14 jun 2017

 

 

El Gobierno militar iniciado en el año 1976 incursionó en la política económica con una novedad consistente en el manejo a través de la tasa de interés. Así comenzó la “bicicleta” financiera. Toda falta de dólares provocada por un déficit del balance de pagos se corregía con préstamos en moneda extranjera. Estos hallaban incentivos en una tasa de interés muy superior a la internacional combinada con un tipo de cambio que se movía en forma suave.

 

En principio, todo ello apuntaba a contener la inflación mediante la contención de la suba del tipo de cambio. Esto perdía de vista que este tipo de política es efímera. En efecto, dura hasta que los préstamos no se consiguen, sea porque el país llegó a su límite o directamente porque los prestamistas interrumpen la provisión de recursos. Aquí no queda otro remedio que la maxi devaluación con la que se desata la espiral inflacionaria que se quiso corregir. Así ocurrió durante el Gobierno del Proceso Militar. Otro tanto sucedió en el año 2001, crisis mediante.

 

¿Qué ocurre en la actualidad?

Se pretende reducir la inflación a través de la tasa de las letras del Banco Central. Por ahora, se va consiguiendo el objetivo. Sin embargo, el saldo de los pasivos constituidos en letras supera en forma significativa a la base monetaria.

 

¿Existen riesgos?

Sí. Ello podría desembocar en una interrupción en la provisión de fondos externos. En ese caso no quedaría otra que la maxi devaluación.

 

Y otra vez sopa.

 

Avances y retrocesos de la Industria.

Causas y consecuencias.

por Juan Carlos Latrichano

04 jun 2017

 

 

Partimos del llamado Modelo Agro Exportador que se inició en 1880 bajo el mecanismo de las ventajas comparativas. En el mismo, nuestro país producía las materias primas y compraba productos elaborados a Inglaterra. Si bien tras la primera guerra mundial y luego con la crisis de 1929, se operaron algunos cambios en los que se proyectó una industria sustitutiva, entiendo que desde el punto de vista de la decisión autónoma el modelo se discontinuó por completo a partir del año 1943 con el golpe nacionalista que dio lugar a la irrupción del peronismo a partir de 1946. El gobierno peronista tomó la iniciativa de industrializar el país más allá de las necesidades coyunturales.

 

Cabe analizar desde el punto de vista teórico las medidas que hacen a la industrialización. Ellas son principalmente dos:

 

a. Medidas apuntadas a superar el ciclo perverso de parada-arranque.

b. Medidas apuntadas a curar la llamada “Enfermedad holandesa”.

(La Enfermedad holandesa se produce cuando uno o más productos -en el caso de nuestro país, agropecuarios- tienen buenos precios internacionales y esos productos con esos precios definen el valor de tipo de cambio que, obviamente, resulta más bajo y menos competitivo para otros bienes; en nuestro caso, industriales. Así, algunos sectores son beneficiados y otros perjudicados. Y por ende, se da un desarrollo incompleto.)

 

En cuanto a las medidas apuntadas a superar el ciclo perverso, debemos tener en cuenta que históricamente el incremento de los impuestos a la importación de bienes industrializados resultó indispensable. La ley de aduanas de Rosas y el decreto número 14.630 del año 1944 son claros ejemplos. La primera, elevó aranceles de importación y prohibió algunos productos; con ello, se desarrollaron las economías regionales. La segunda también elevó aranceles: derogó la ley de 1906 que establecía aranceles fijos; y determinó medidas apuntadas a evitar el dumping.

 

En resumen, las medidas que impiden el incremento de importaciones logran que el ciclo quede superado. En efecto, el crecimiento de la economía no supone incremento de las importaciones y ello evita el estrangulamiento provocado por la falta de divisas.

 

En cuanto a la “enfermedad holandesa”, debemos señalar que las medidas que la curan deben proveer un sistema de tipo de cambios múltiples o medidas conexas que apunten a igualar las ventajas de los productos primarios con la de los industriales. La idea apunta a lograr un tipo de cambio efectivo (tipo de cambio menos retenciones al agro) más bajo para los productos primarios provenientes de la pampa húmeda. Desde luego, los beneficios de esta política deben ser asignados al sector industrial.

 

2001, ¿estás cerca o lejos?

por Juan Carlos Latrichano

15 may 2017

 

 

Ya comienzan a conocerse estudios que dan cuenta de riesgos similares a los que dieron lugar a la crisis del año 2001. Al mismo tiempo, algunos analistas advierten que el déficit fiscal actual es el tercero más alto de la historia nacional siendo solo superado por los de los años 1975 y 1989. Paradójicamente, en esos años se produjeron sendas crisis. Al respecto debemos destacar que el pronóstico para este año en curso da cuenta de un posible incremento del déficit fiscal.

 

Complementariamente se advierte de manera insistente acerca de un atraso cambiario. Esto forma parte de un pensamiento bastante generalizado. Encima la tendencia parece indicar un agravamiento de este problema.

 

Frente a estos comentarios es lícito analizar si estamos cerca de recaer en una crisis similar a la del año 2001.

 

Desde el punto de vista del nivel de endeudamiento debemos decir que el riesgo es bajo. Está prácticamente comprobado que las crisis severas tienen orígenes en endeudamientos del 100 por ciento o más.  La tasa actual representativa de la deuda respecto del PBI ronda el 55 por ciento. Por lo tanto, desde el punto de vista cuantitativo debemos descartar la hipótesis de crisis. Ahora bien, desde el punto de vista cualitativo debemos decir que la estrategia actual, consistente en el endeudamiento en dólares, se emparenta con la política noventista. Aquí sí vemos un riesgo cierto. El mismo podría aparecer ante una interrupción de la provisión de fondos externos. En ese caso, deberíamos apelar a una  devaluación desordenada para intentar conseguir dólares comerciales provenientes de nuestras exportaciones,  en reemplazo de los dólares financieros. Ello, para poder honrar los vencimientos de deuda en moneda extranjera  que se vayan produciendo.

 

Desde luego una devaluación produciría un aumento de la tasa de endeudamiento debido al ajuste de la deuda por mayor tipo de cambio.

 

Reforzando la idea de la posibilidad devaluatoria debemos decir que el tipo de cambio real luce atrasado y en descenso permanente. En efecto, el promedio del índice del tipo de cambio multilateral real calculado por el BCRA, para los primeros meses del presente año, muestra un nivel bajo con respecto al promedio de dicho índice para el período 2003/2015; y si bien es mayor que el promedio del año 2001, su tendencia apunta a igualarlo. Cabe apuntar que el presidente del BCRA parece haber tomado nota de este problema. En efecto, la política planteada con relación al crecimiento de reservas luce alineada con el propósito de superar el atraso cambiario. De todos modos, la posibilidad de éxito parece limitada por la estrategia de endeudamiento externo. Ello, debido a que el mismo maximiza la oferta deprimiendo el tipo de cambio nominal.

 

Finalmente, el riesgo planteado con relación al tamaño del déficit debemos descartarlo. En el año 2001 el porcentaje del déficit fiscal con relación al PBI era un tercio respecto al del año pasado. Sin embargo no ocurrió nada. Ello porque el tamaño del déficit importa en tanto y cuanto el tamaño del endeudamiento sea significativo.

 

El déficit fiscal continúa en su senda de crecimiento

por Juan Carlos Latrichano

25 may 2017

 

 

Las medidas de política fiscal adoptadas por el Gobierno Nacional en estos últimos meses parecen no surtir efecto. Los datos conocidos del desempeño fiscal correspondientes al mes de abril del corriente dan cuenta de un serio empeoramiento del resultado fiscal. En dicho mes se produjo un déficit fiscal financiero (incluye interés) de 37.566 millones de pesos que contrasta con el superávit de 8005 millones del mismo mes de 2016. A su vez, los datos del primer cuatrimestre del año dan cuenta de un déficit fiscal financiero de 84.240 millones de pesos cifra que supera en más de 5 veces al déficit de igual período de 2016.

 

Cabe destacar que estos resultados ocurren en medio de las siguientes situaciones.

1. Ingresaron fondos extraordinarios provenientes del blanqueo.

2. Se redujeron subsidios por aumento de las tarifas energéticas y de transporte.

Siendo esto así surge el siguiente interrogante:

 

¿Que provocó el aumento del déficit fiscal financiero?

A priori advertimos los siguientes hechos:

 

a. La recaudación crece por debajo de la inflación.

b. El gasto crece por encima de la inflación.

c. Los gastos de intereses crecieron en más de un 90%.

 

Al respecto debemos señalar que la caída de la recaudación en términos reales obedece al menor ritmo que exhibe la actividad económica. A su vez el gasto crece fogoneado por la puesta en marcha de la obra pública.

 

El crecimiento del endeudamiento explica el incremento de los intereses.

 

Hacia adelante queda el interrogante acerca de la evolución del problema expuesto. A priori, todo induce a pensar en un agravamiento del déficit fiscal con el correr de los meses.

 

El laberinto tan temido

por Juan Carlos Latrichano

5 may 2017

 

 

El Gobierno se empeña en querer reducir el déficit fiscal y, sorpresivamente, lo expande. Al respecto, debemos apuntar que esto ocurre esencialmente por la eliminación de retenciones al agro y a las mineras. También contribuye con este problema la caída de la actividad económica. En efecto, esta última reduce los ingresos fiscales en medio de un gasto público que luce rígido. Y como si todo esto fuese poco, los intereses crecen alocadamente expandiendo el déficit financiero. Este último explica buena parte de nuestras desgracias: el déficit financiero ayuda a expandir la deuda pública y esta contribuye con la expansión de los intereses. El circulo vicioso, según algunos.

 

Quizás debamos pensar en la causa central del problema. La misma debemos hallarla en el flojo desempeño de la actividad económica. En consecuencia, el interrogante principal debe apuntar a detectar su origen. Indudablemente, el atraso cambiario se lleva la mayoría de las culpas. Ello es así debido a que se producen, entre otros, los siguientes problemas:

 

a. Crecen las importaciones, desplazando la producción nacional.

b. Las exportaciones crecen en forma tenue, lo que impide la expansión productiva.

c. Aumenta el turismo emisivo, lo que resta expansión de los servicios turísticos internos.

d. Disminuye el turismo receptivo, dañando toda la línea de servicios locales.

 

En medio de esto, nos interrogamos acerca del origen del atraso cambiario. El mismo debemos hallarlo en una política que provoca el error. Que se apoya en la idea de financiar el déficit con fondos externos. Estos incrementan la oferta de divisas, lo que hace que el tipo de cambio quede planchado en medio de un proceso inflacionario. A su vez, como la entrada de divisas expande circulante el BCRA, esteriliza la expansión con la colocación de Lebacs, tasa de interés alta mediante. He aquí un motivo adicional del estancamiento.

 

Creo que el presidente del BCRA advirtió este problema y por ello propuso crecer en el stock de reservas. Esto apunta a expandir el valor tipo de cambio. Hasta aquí, esto tampoco le funciona. Es el laberinto tan temido.

 

La razón del fracaso debemos encontrarla en el error de diseño de la estrategia. En efecto, la apuesta sigue consistiendo en conseguir dólares financieros que a la sazón ahogan el precio de esta divisa. Encima persiste la expansión monetaria que se reprime con esterilización vía letras del BCRA.

 

¿Y entonces, qué?

Del laberinto se sale por arriba. En este caso la financiación del déficit debería hacerse con endeudamiento interno (en pesos). La expansión monetaria subyacente provoca a igual cantidad de reservas crecimiento del tipo de cambio. Quedaría por resolver la expansión de precios emergente de esta política. Los impuestos a las exportaciones de bienes primarios y un uso racional de la expansión monetaria, orientación selectiva del crédito a la producción mediante, serían algunas de las políticas neutralizantes.