por Juan Carlos Latrichano – 15 oct 2020

 

Siempre que pueden, los medios masivos tratan de dar malas noticias u ocultan las buenas.  Incluso si no les queda otra que dar una buena noticia, le adicionan un pero.  Por ejemplo, la inflación bajó, pero ni bien concluya el congelamiento de tarifas tendremos una inflación muy superior.  En algunas oportunidades, la noticia se da sin mencionar el contexto.  Un ejemplo de ello lo tenemos con la noticia reciente del pronóstico de evolución del Producto Bruto Interno, cuando nos dicen que se estima una baja del 12%, sin informar que con excepción de China, que crecerá apenas un 1.1%, el resto de países caerá.  Es más, el pronóstico para América Latina es de una caída del 8%.

 

Algunas noticias son inductivas.  Dicen, por ejemplo, que la devaluación es inminente.  Así te llevan a pensar en ello y persiguen que retires tus ahorros en pesos y te pases al dólar.  Desde luego, esto hace que se cumpla la profecía.  Hace unos días, un amigo mío que vivió en Canadá, me contó que una vez, en un almuerzo en el trabajo, dijo que pensaba que el dólar canadiense se iba a devaluar.  Recibió por ello una dura reprimenda de su jefe.  Más allá de la diferencia de mentalidades, debemos tratar de tomar el ejemplo.  Tenemos que dejar de balear el bote en el que estamos subidos.  De lo contrario, la devaluación desata la inflación y nuestra calidad de vida empeora.

 

Al fin y al cabo, debemos hacer el esfuerzo de no asustarnos.  Pensemos en aquellos patriotas que dieron todo para que tengamos un país.  No se trata en nuestro caso de dar la vida.  Pero sí se trata de no tener miedo.

 

Los únicos beneficiarios de vencer el miedo seremos nosotros.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 06 oct 2020

 

La mayoría de los análisis referidos al déficit fiscal financiero logrado en lo que va del presente año, presentan un panorama apocalíptico.  Pienso que los lectores conocen que el mismo ya supera un billón quinientos mil millones de pesos.  Ni hablar de los comentarios que refieren al modo de financiarlo.  Aquí predomina la idea de que se lo financia con una brutal expansión monetaria, la que a su vez es absorbida en gran parte por la emisión de letras de liquidez. Luego, se presenta todo este proceso como una amenaza hiperinflacionaria.  Amenaza que no se materializa ni por asomo.  Los que proyectan dicen que el año cierra con un déficit fiscal financiero del orden de los dos billones setecientos mil millones de pesos.

 

¿Es correcto este punto de vista?

Si proyectamos, vemos que atento a la desaceleración que se viene observando, el número puede ser quizás mucho más bajo.  Tal vez, no supere los dos billones de pesos.

 

¿En que se basa este pronóstico optimista?

En dos cosas.  Por un lado, en la evolución del déficit fiscal financiero, la que mes a mes viene mostrando una desaceleración de la tasa de crecimiento.  Por otra parte, la recaudación, que venía creciendo por debajo de la tasa de inflación, en septiembre creció por encima de esta.  No es para dar la vuelta olímpica, pero tampoco es para pensar en el descenso.

 

Analistas apocalípticos, este escrito puede tener partes que hieran vuestra sensibilidad.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 25 sep 2020

 

La incidencia del dinero en la evolución de la inflación, presenta en la teoría económica las siguientes alternativas:

 

1. La idea de Keynes

2. La idea de Friedman

3. La idea de Diamand

 

Keynes analiza este problema en su libro Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero.  Al respecto, en la página 263, señala que los cambios en la cantidad de dinero inciden en los precios gradualmente a medida que la ocupación crece.  Desde luego, a mayor desempleo, la emisión monetaria incide poco en la inflación; y a medida que este se va reduciendo, la inflación va aumentando.

 

A su vez, Friedman en Moneda y desarrollo económico, en la página 47, señala que nada producirá un aumento sostenido de la inflación si no se produce un aumento de la cantidad de dinero por encima del aumento de la producción.

 

En oposición a estas ideas, Diamand en El péndulo argentino hasta cuándo, en la página 18, señala que los brotes inflacionarios más virulentos provinieron de los intentos por subsanar los desequilibrios externos mediante fuertes devaluaciones.  Por lo tanto, introduce el concepto de inflación cambiaria.

 

En principio, tomando la dos primeras ideas, vemos que no son tan significativas las diferencias entre Keynes y Friedman.  En efecto, Keynes plantea que a medida que el desempleo va reduciéndose, la expansión monetaria va prioritariamente a precios.  En resumen, a medida que el desempleo se achica, nos acercamos a la frontera de producción; es decir, que en esa situación, la expansión de moneda no se correlaciona con una expansión proporcional de la producción.  Ese punto de vista se aproxima a la idea de Friedman, cuando señala que una emisión no correspondida en forma proporcional con producción, va a parar a precios.

 

Resta considerar el punto de vista de Diamand.  Al respecto, debemos tener en cuenta que introduce una novedad central para países como el nuestro: la inflación provocada por la suba del precio del dólar.  Cabe aclarar que esta situación no aparece en los análisis anteriores, debido a que tanto Keynes como Friedman vivían en países donde la moneda interna servía como divisa (libra esterlina y dólar).  La novedad parte de la premisa de que el déficit externo, en ciertas oportunidades, provoca devaluación de la moneda interna.  Por lo tanto, aunque no se emita dinero aparece la inflación.  Ello, debido a la suba de los artículos importados y al desvío de productos locales del mercado interno al externo.  La merma en el mercado interno con igual demanda, promueve las subas de precios.  Esta situación se agrava si las tarifas de la energía y el combustible están dolarizados.

 

Todo lo expuesto hasta aquí se relaciona con las experiencias vividas el año pasado y en el actual.  En efecto, el año pasado hubo una emisión baja con devaluaciones fuertes, que hicieron subir los precios en una proporción superior al crecimiento de la moneda.  Este año, es exactamente opuesto.  La emisión es superior a la suba de precios.  Quizás porque la suba del dólar oficial ha sido muy suave.  Quizás porque parte de esa emisión acompaña la salida de la feroz recesión.  Tal vez debamos añadir a estas hipótesis, una suba de la demanda de dinero por precaución.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 02 oct 2020

 

El Gobierno puso en marcha un conjunto de medidas económicas con las que intenta poner fin a la volatilidad del mercado cambiario.  Tras el incremento de la intensidad del cepo, ahora se apunta a incrementar el ingreso de dólares. Para ello, se decidió bajar en forma temporal las retenciones a la soja y derivados de la misma.  Entiendo que esta política fue consensuada con los exportadores.  También se reducen retenciones al sector minero y se amplían estímulos a la exportación de bienes industriales.

 

La idea es que en este último trimestre del año cambie la tendencia descendente de las reservas, pasando a un proceso de crecimiento de las mismas.

 

Complementando lo anterior, se adoptaron medidas apuntadas a mejorar el sistema de depósitos.  También se emitirán letras públicas indexadas por el dólar, dando certezas de que el Gobierno apuesta a la estabilidad cambiaria.  Esto lograría que el exportador cambie sus dólares provenientes de la exportación por pesos.  Especialmente, el sector agroexportador tendría la posibilidad de invertir en plazos fijos ajustables por dólar oficial.  Desde luego, los bancos podrán calzar estas operaciones con las letras públicas ajustadas por dólar.

 

Las críticas están a la orden del día.  Algunos economistas advierten acerca de riesgos similares a los que nos condujeron a la hiperinflación de 1989, atento al carácter indexatorio de algunos instrumentos financieros.  A mi modo de ver, nada más alejado de la probabilidad de que ello ocurra.  El tiempo, juez implacable, dará su veredicto.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 17 sep 2020

 

Las medidas recientes que adoptó el Banco Central apuntan a disminuir la salida de dólares.  Con ello, se intenta preservar la cantidad de reservas en divisas.  A priori, las mismas intensificaron las expectativas negativas, y ello hizo subir la brecha entre el dólar paralelo y el oficial.

 

Indudablemente, corresponde implementar medidas que apunten al ingreso directo o indirecto de dólares.  Al respecto, una medida que hace al ingreso directo sería la obtención de un préstamo; que podría ser la utilización, previo acuerdo, del swap que tenemos con China.  Desde luego, esta medida debería ser complementada, en modo urgente, con un incremento de las exportaciones.  Sin dejar de tener en cuenta que estas últimas deberían venir acompañadas con el ingreso de dólares.  Al respecto, tenemos dos variantes: ingreso directo e ingreso indirecto.

 

El ingreso directo se produce toda vez que se realiza la exportación y el consecuente ingreso de las divisas.  Quizás sean necesarios incentivos fiscales y prohibición del acceso al crédito local para todos aquellos que tengan operaciones pendientes.

 

El ingreso indirecto es el que surge cuando se le pide a un importador que compense la operación con una exportación.  Este tipo de negocio suele ser criticado porque el importador exporta lo que otro iba a exportar.  Sin embargo, esto agiliza la operación exportadora.

 

En resumen, la idea es aumentar el ingreso de dólares y/o compensar por la salida de importaciones.  Que así sea.