por Juan Carlos Latrichano – 31 jul 2020
La mayoría de los análisis económicos nos muestran un panorama desolador. Al mismo tiempo, presagian un escenario futuro con riesgo de hiperinflación. Dominan comentarios tales como el desborde monetario, la expansión desmesurada del déficit fiscal y la emisión alocada de Letras de Liquidez (Leliqs).
Con respecto al desborde monetario, debemos señalar que el mismo no es tal. La base monetaria creció en el semestre un 24%, mientras que la tasa de inflación fue del 13,6%. En cuanto al déficit fiscal financiero, sí bien el mismo creció en $ 878.000.000.000, debemos tomar en cuenta los siguientes puntos:
1. El gasto primario redujo su crecimiento. En los primeros 5 meses creció un 77%, en tanto que en los 6 primeros meses creció un 46%.
2. La recaudación de impuestos aumentó. En los primeros 5 meses creció un 25%, en tanto que en los 6 primeros meses lo hizo en un 38%.
3. Los intereses se redujeron con relación a igual período del año pasado.
4. Las rentas de la propiedad aumentaron con relación a igual período del año pasado.
Todos estos resultados estaban dentro de lo esperado. La puesta en marcha de empresas paradas produjo un aumento de la recaudación impositiva, al tiempo que redujo el gasto por subsidios salariales. La baja de intereses forma parte de la negociación de la deuda, en tanto que las rentas de la propiedad aumentaron debido a la baja de la tasa de interés de las Leliqs (las ganancias del Banco Central aumentan y con ello aumenta la transferencia de utilidades al Gobierno).
Resta analizar la emisión alocada de Leliqs. La misma, fue cercana a los $ 900.000.000.000 y fue financiada prioritariamente por los bancos. Estos crecieron en el semestre muy fuerte en depósitos y parte de ese crecimiento lo invirtieron en esas letras.
Por todo lo expuesto, podemos decir que los riegos lucen acotados. Quizás falta cerrar el acuerdo por la deuda y con ello se disiparían las tensiones cambiarias. Estamos atravesando la parte más profunda del río. Luego, tengamos fe en llegar a la otra orilla.
por Juan Carlos Latrichano – 20 jul 2020
Hasta que no se descubra la vacuna, parece ser que el coronavirus vino para quedarse. Incluso en algunos países en los que parecía que lo habían vencido, reapareció. En nuestro país estamos al aguardo del pico que posiblemente se dé a mediados de agosto. En medio de esto, la tasa de mortalidad sigue descendiendo. Algunos dicen que el virus se enamoró de nosotros y por eso no nos mata. Además, si nos mata pierde su alimentación. Otros sostienen que hemos mejorado las curaciones. Por ejemplo, el plasma va mostrando buenos resultados, en línea con ese pensamiento. Ahora, el riesgo mayor reside en la posibilidad de un colapso sanitario; es decir, que las camas no alcancen. Particularmente, las de terapia intensiva, o que incluso falte mano de obra especializada para atenderlas.
Por todo ello, urge imponer normas precisas que eviten esa posibilidad. Los protocolos sanitarios deben estar a la orden del día. En cuanto a consejos útiles, pensemos que el Estado somos todos y que a los idiotas hay que dejarlos solos hablando pavadas. Me refiero a algunos dirigentes y/o intelectuales que le restan apoyo a las medidas de prevención.
En cuanto a la economía, urge acelerarla pero sin perder de vista el problema central. Tengamos presente que una empresa con personal infectado corre riesgo de parálisis. Especialmente, hacen falta detectores tempranos del mal.
En tanto, lentamente el país va reduciendo el déficit fiscal, dado que al reducir las empresas no esenciales y autorizadas a trabajar, la recaudación aumenta y los subsidios por ATP bajan. Al mismo tiempo, se acerca la fecha límite para cerrar la negociación de la deuda.
por Juan Carlos Latrichano – 08 jul 2020
La historia monetaria reciente nos muestra en nuestro país algunos matices impensados. En efecto, podemos tomar entre los hechos más recientes lo siguiente:
1. Los recursos monetarios totales (M3) crecieron un 22% en el año 2019, en tanto que la inflación superó el 54%.
2. Los recursos monetarios (M3) crecieron en los primeros 5 meses del 2020 un 41%, en tanto que la inflación fue del 15,1%.
Como vemos en el primer caso, la inflación fue sensiblemente superior a la tasa de expansión de los recursos monetarios. En el segundo caso, ocurrió todo lo contrario.
¿Cómo se explica esto?
En principio debemos decir que la velocidad de circulación del dinero jugó un papel decisivo. En efecto, en el año 2019 subió en forma significativa: pasó de ser 4,3 en el año 2018, a 5 en el 2019. A su vez, hubo una caída de la producción. De modo que la menor oferta de bienes y la mayor velocidad, neutralizaron los beneficios provenientes de la contracción monetaria para lograr una menor inflación. A su vez, en los primeros cinco meses del año bajó fuertemente la velocidad de circulación. Pasó de 5 a 3,9. Eso hizo que la expansión monetaria no se traslade integralmente a precios.
¿Qué provocó los cambios en la velocidad de circulación del dinero?
En el año 2019, la enorme inestabilidad cambiaría que se había originado el año anterior. La misma sucedía debido al déficit del saldo de la cuenta corriente del balance de pagos (27.276 millones de dólares en el año 2018). Esto hacía que la gente disminuya la demanda de dinero.
En los primeros cinco meses de 2020, la velocidad se redujo porque frente a la inestabilidad laboral la gente elevó la demanda de dinero por precaución. Desde luego, la estabilidad cambiaría derivada de los controles implementados por la actual gestión, ayudaron a mejorar la demanda de pesos.
¿Qué puede llegar a suceder tras la salida de la cuarentena?
No son pocos los analistas que piensan que habrá un salto inflacionario. Ello debido a que la expansión monetaria previa hará su efecto. Sin embargo, no debemos descartar que al disminuir la demanda por precaución, con su consecuencia en el aumento de la velocidad de circulación, esta última ayude a incrementar la producción, atento a la posibilidad de trabajo de empresas paralizadas durante estos primeros meses.
Solo resta esperar para determinar quién acierta.
por Juan Carlos Latrichano – 14 jul 2020
Cuando el virus intensificó su ataque en nuestro país, allá por mediados de marzo de este año, se hizo necesario decretar la cuarentena. Ello significó parar una buena parte de la actividad económica. Quedaron solo habilitadas para trabajar aquellas empresas que producían y/o comercializaban bienes y servicios esenciales (alimentos, medicamentos, artículos de limpieza, etc.). Esto generó la necesidad de que el Estado se haga cargo de parte de los salarios de las empresas paradas, medida que fue complementada con un pago mensual de $ 10.000.- por persona, otorgado a quienes no poseen ingresos. Esto significó un aumento del gasto público, al tiempo que la recaudación cayó en términos reales. Por ello, el déficit fiscal financiero en los primeros cinco meses del presente año creció un 310% con respecto a igual período de 2019.
¿Cómo se financió la mayor parte de este quebranto?
Con ayuda del Banco Central. En el primer semestre del año tomó títulos públicos y otorgó adelantos por un valor superior a un billón trescientos mil millones de pesos. Desde luego, la expansión monetaria fue en gran parte absorbida por Letras de Liquidez.
¿Cómo consiguió el Banco Central los recursos que se posicionaron en las Letras?
Esencialmente de los bancos. Estos crecieron en depósitos en un billón setecientos mil millones de pesos y en saldos de créditos en un poco más de trescientos mil millones de pesos. Cabe señalar que los préstamos crecieron un 19% y los depósitos un 54%, ambos en el semestre. Es decir, que los créditos acompañaron con creces el proceso inflacionario. A su vez, los depósitos se incrementaron, quizás al amparo de una política cambiaría menos volátil que la del año pasado. Esto último se comenzó a notar a partir del mes de abril.
En resumen, esta política es funcional a la mejora de la rentabilidad bancaria, en tanto que en el futuro inmediato tras el canje de títulos a acreedores internos, el Banco Central puede equilibrar su rentabilidad con títulos indexados por inflación.
Como vemos, las cuentas cierran. Por lo tanto, los riesgos parecen diluirse. La exponenciación de la inflación luce como una profecía de difícil cumplimiento. No abortemos el desarrollo nacional. Nuestro pueblo lo necesita. Desde luego, una vez que salgamos de la cuarentena el Estado recuperará el equilibrio fiscal. Ello, porque mejorará la recaudación, dejará de subsidiar empresas y ahorrará intereses. Esto último, acuerdo mediante con los acreedores.
¡Basta de pálidas, señores sembradores de angustia! Si, a ustedes, les hablo. Son ustedes los que están siempre haciendo lo que no hay que hacer en los medios masivos de comunicación. El excedente monetario de hoy irá a la producción de mañana. El tiempo dirá quién tiene razón.
por Juan Carlos Latrichano – 02 jul 2020
El Banco Central se propuso cuidar las reservas escasas. Para ello, trató por todos los medios de evitar que la brecha entre el dólar oficial y el marginal se dispare. Fue así que cerró todas las puertas abiertas. El que quería comprar dólares por el sistema de contado con liqui, debía esperar cinco días desde la fecha de compra de los títulos para venderlos en el exterior y convertirlos en divisas. Para que los depositantes no se pasen al dólar, subió la tasa de interés. A su vez, quien desea adquirir 200 dólares mensuales al valor oficial, no debe haber operado en venta de títulos en el exterior en los noventa días previos ni podrá hacerlo en los noventa posteriores. Las empresas que pidieron ayuda para el trabajo y la producción (ATP) no pueden comprar dólar bolsa por dos años (un año, en caso de que tenga menos de 800 trabajadores). Aquí se dio el caso único en la historia en el que algunas empresas devolvieron este subsidio, entre ellas Techint. Tampoco podrán operar quienes obtengan un préstamo a tasa cero.
¿Qué resultados produjo este tipo de medidas?
Entre los más relevantes, tenemos que en el mes de junio se logró:
1. Que las reservas crecieran por un valor de 612 millones de dólares.
2. Que los depósitos a plazo fijo en pesos crecieran un 8,1%.
3. Que las brechas entre el dólar oficial y el paralelo, el contado con liqui y el dólar bolsa, se achiquen en forma significativa.
Mientras tanto, el dólar oficial subió en junio un 4,82%; lo que implica un crecimiento estimado de más del 3% del tipo de cambio real.
¿Sabía usted todo esto? Quizás, no. La desinformación está a la orden del día. Especialmente, si se trata de buenas noticias.



