por Juan Carlos Latrichano – 10 sep 2020
Diversos análisis relacionados con el déficit fiscal actual dan cuenta de que se financia con una fuerte emisión monetaria. También se señala que una buena parte de la misma es esterilizada mediante la emisión de letras de liquidez emitidas por el Banco Central. Este, a su vez, logra el objetivo mediante operaciones de compra por parte de los bancos, quienes utilizan las letras para constituir encajes. En este caso, la mayoría de los análisis nos plantean riegos futuros en tanto y en cuanto las letras no se renueven. En función de ello, se suele pronosticar un escenario hiperinflacionario.
¿Son correctos esos pronósticos?
Para responder a ese interrogante, vale la pena determinar los pasos que sobre el particular se han venido dando. Un listado por orden de aparición sería el siguiente:
1. El Gobierno gasta más que lo que recauda, especialmente en la etapa de cuarentena.
2. Emite títulos públicos con los que financia el déficit.
3. La mayor parte de los títulos públicos, los compra el Banco Central.
4. El proceso descripto se complementa con Adelantos que el Banco Central le da al Gobierno.
5. En ambos casos, el Banco Central emite moneda.
6. Por efecto del multiplicar de la base monetaria, crecen los depósitos.
7. El crecimiento de depósitos obliga a los bancos a constituir mayores encajes.
8. Para ello adquieren letras de liquidez.
9. La emisión de letras retira el exceso de moneda.
De este modo, el Banco Central tiene Títulos y Adelantos en su activo y Letras en su pasivo. El costo de estas últimas lo compensa con los intereses que percibe de los Títulos y Adelantos.
Dicho todo esto, advertimos que los riesgos de interrupción de este circuito son bajísimos. Por ende, la posibilidad de una hiperinflación luce casi imposible. Al mismo tiempo, debemos decir que hasta aquí los bancos tienen recursos para prestar. La cartera de préstamos en lo que va del año, creció por encima de la inflación.
por Juan Carlos Latrichano – 04 sep 2020
Hay países que priorizaron la economía por sobre la salud. Los partidarios de esta decisión no determinaron cuarentena ni nada por el estilo; o a lo sumo, fijaron una cuarentena corta. Es decir, que priorizaron la economía. En cambio, otros países, tal el caso del nuestro, decidieron establecer una cuarentena dura. Que se fue relajando, pero que se mantiene por un largo plazo.
Transcurrido ya un tiempo de convivencia con el Covid-19 y tras las evidencias económicas y epidemiológicas, cabe reflexionar acerca de la pertinencia de cada una de estas opciones. Podríamos tomar distintos indicadores de desempeño. No obstante, pienso que basta con tomar los más relevantes, entre ellos los siguientes:
1. Cantidad de muertos por millón de habitantes
2. Ocurrencia de colapso sanitario
3. Evolución del Producto Bruto Interno
En el primer punto, no cabe duda de que nuestra tasa de letalidad es la mitad del promedio mundial y que tenemos uno de los mejores indicadores por millón de habitantes.
En cuanto a colapso sanitario, tenemos muchos ejemplos en Sudamérica.
Si bien el PBI de nuestro país ha caído, no es menos cierto que dicha caída es similar, o en algunos casos es menor, a la que experimentaron la mayoría de los países.
Vale la pena reflexionar. Es un insumo vital para no equivocarnos.
por Juan Carlos Latrichano – 12 ago 2020
Arreglado el tema de la deuda con los bonistas extranjeros, reaparecen los indicios de una aceleración inflacionaria. Si bien se espera que la tasa de inflación de julio gire alrededor del 2%, algunas estimaciones dan cuenta de que en el mes actual puede producirse una aceleración. Entre los diversos motivos, aparece dominando la escena el vinculado con la excesiva expansión monetaria de estos últimos meses. Cabe acotar que la política monetaria expansiva fue esencial para poder afrontar parte de los costos del paro impuesto por la cuarentena. Aquí y en la mayoría de los países, aún en los desarrollados.
Retomando el análisis correspondiente a nuestro país, vemos que a diferencia del modo histórico, en este caso la expansión actuó no solo impulsando la demanda, sino también que lo hizo con la oferta de bienes y servicios. Quizás este último fenómeno resulte poco comprensible, atento a la caída que experimenta la actividad económica. Sin embargo, es necesario decir que la moneda no solo evitó una caída mayor, sino que además hizo que se recupere parte de la actividad perdida al inicio. Para tener un análisis conforme a la teoría económica, merece releerse parte de la Teoría General, de Keynes. Allí se explica que cuando el nivel de actividad real se halla muy por debajo del nivel potencial, la expansión monetaria impacta en una mayor producción antes que en precios. A los incrédulos, les recuerdo que esto sucedió exactamente así en el período 2002/2004. La brutal devaluación no produjo una inflación proporcional, en parte porque la expansión fue porcentualmente menor. Desde luego, fue superior a la suba de precios.
¿Cómo se explica esto?
Muy simple. La devaluación no acompañada en su totalidad por precios, hizo que aumenten las exportaciones y disminuyan en términos relativos las importaciones. Esto hizo crecer la actividad. Por lo tanto, parte de la expansión monetaria financió el crecimiento en lugar de ir en su totalidad a precios.
Otro punto que surge de la Teoría General, concierne a la demanda por precaución. Allí Keynes explica esa demanda (ver página 181) señalando que ante dudas acerca del futuro, la gente acumula parte del excedente monetario. Eso hace que la velocidad de circulación del dinero disminuya. Entonces, la expansión queda parcialmente neutralizada.
¿Qué nos pasará en el futuro?
Los economistas ortodoxos ven riesgos inflacionarios por la expansión de las Letras de Liquidez (letras que emite el Banco Central para retirar liquidez). A menos que la botella que contiene la liquidez se derrame, no se avizoran riesgos.
¿Puede derramarse la botella?
Ese riesgo es extremadamente bajo, por no decir nulo. Las letras crecen al influjo del déficit fiscal. Este descenderá a medida que salgamos de la cuarentena, por menores compensaciones y mayor recaudación.
El tiempo será el mejor testigo.
por Juan Carlos Latrichano – 16 ago 2020
En principio, tenemos un miedo generalizado acerca del resultado que puede esperarse del control de precios. Existe un escepticismo basado en ocurrencias negativas tras aplicaciones anteriores. El mal recuerdo se relaciona principalmente con las siguientes aplicaciones:
1. El Pacto Social de 1973
2. El Plan Austral de 1985
3. El plan de precios cuidados de2013 y regulación de tarifas
Todas ellas tuvieron un desemboque inflacionario, especialmente la de 1973 y la de 1985; esta última, con un final hiperinflacionario. Cabe destacar que al momento de su aplicación inicial resultaron exitosas. En efecto, el Pacto Social logró bajar la tasa de inflación, que en 1972 fue del 58%, al 24% en 1974. A su vez, el Plan Austral hizo que la inflación que era del 672% en 1985, pase a ser del 90% en 1986. En cuanto a los precios cuidados de 2013, se logró que la inflación de 2015 se ubique en la zona de un 25% anual.
¿Qué fue lo que hizo fracasar años después estos planes inicialmente exitosos?
Una versión de carácter ortodoxa dirá que, en principio, el control de precios nace destinado al fracaso. Suelen sostener que desde 4000 años antes de Cristo las aplicaciones han fallado. Omiten tener en cuenta que una cosa es fijar precios máximos en forma arbitraria y otra es hacerlo mediante acuerdos con los empresarios. No obstante, suelen adicionar recurrentes desequilibrios fiscales que llevan al deterioro de estas prácticas.
¿Ocurrió esto en el fracaso del Pacto Social y del Plan Austral?
En el caso de Pacto Social, gran parte del problema lo produjo la muerte del principal sostén del mismo, el General Perón. A partir del año 1975, se produjo una suerte de golpe interno dentro del gobierno peronista y se produjo una liberación de precios y tarifas. Se dirá que el causante fue el déficit fiscal. Sin embargo, el mismo era apenas del 2,38% del PBI. La emisión monetaria fue tres veces superior al mismo.
¿Qué explica entonces tamaña emisión?
La suba de precios provocada por la salida del Pacto. Sin ella, dicha suba hubiera venido acompañada por recesión.
¿Era evitable la liberación de precios y tarifas?
Sí. Mediante una apertura suave del Pacto, para nivelar problemas de rentabilidad. El ajuste salvaje no luce razonable y mucho menos cuando las causas fiscales no son tan intensas.
Pasando ahora al caso del Plan Austral, vemos que el fracaso tuvo su origen en la expansión monetaria, que derivaba de la llamada Cuenta de Regulación monetaria que subsidiaba a los bancos. Desde luego, el desempeño fiscal no tuvo nada que ver. Es decir, que si no existían los subsidios a los bancos, la pauta de precios no se hubiese alterado. Desde luego, la emisión produjo efectos inflacionarios.
Finalmente, queda el análisis del fin de los precios cuidados y del congelamiento de tarifas. Todo esto culminó con un ajuste violento motorizado por una suba brutal de las tarifas y su posterior dolarización. Esto se produjo durante el gobierno de Macri. Las consecuencias fueron un aumento de la inflación. Esto se pudo haber hecho más suave y sin dolarización.
¿Qué pasará en el futuro?
Más allá de los pronósticos de los economistas ortodoxos, cabe pensar que con ajustes suaves no tendremos consecuencias tan dolorosas como las que hemos tenido en el pasado. Apuesten señores.
¡No va mááááásss!!!
por Juan Carlos Latrichano – 05 ago 2020
Comenzamos el año con diversos problemas. Entre ellos, la deuda, la inflación y el estancamiento de la economía. Encima, a mediados de marzo apareció la pandemia y la estrategia a aplicar fue una cuarentena muy intensa. Esto último intensificó la caída de la economía y el déficit fiscal por la disminución de la recaudación y por el aumento de subsidios.
En tanto, el tema de la deuda, contraída con acreedores que tienen posibilidad de litigar en tribunales de Estados Unidos, se fue haciendo un tema de negociación intenso. A su vez, fruto de la incertidumbre el dólar paralelo se disparó. Finalmente, esta semana se alcanzó el acuerdo.
El mismo, nos ahorra más de 42.000 millones de dólares en el periodo que finaliza en el año 2024. La tasa de interés se reduce en un 4% mensual. Por todo esto, el dólar paralelo comenzó a bajar. A su vez, muchos comercios e industrias fueron autorizados a trabajar. Gradualmente el déficit fiscal se irá reduciendo. Resta arreglar la deuda con bonistas locales y con el Fondo Monetario Internacional. Poco a poco se irá ordenando todo. Y en medio de todo esto, aparece un ambicioso plan agroindustrial.
¡Que sea el inicio de un sendero hacia la prosperidad!



