por Juan Carlos Latrichano – 21 abr 2020

 

Comienzo este informe con una pregunta: ¿escuchó usted cuanto creció la Base Monetaria en lo que va desde el comienzo del año hasta el 15 de abril?

 

Quizás lo escuchó al pasar, pero seguro que le quedó que fue de más del 50%.  Y claro, si es así no le quedan dudas de que la inflación va a ser muy alta.  Ni hablar del programa de gastos que el Gobierno tiene previsto hacer para alentar el trabajo y la producción (decreto reciente de necesidad y urgencia número 376).  Todo esto amerita un análisis minucioso y ordenado.

 

Hablemos primero de la expansión de la Base Monetaria.  Tomando los datos que surgen de los balances semanales del Banco Central (cualquiera los puede consultar en la página del mismo), tenemos que la expansión del presente año entre el 1 de enero y el 15 de abril fue del 28,72%.  Ahora bien, si tomamos expansión de circulante la tasa se reduce al 16,56%.  Tengamos en cuenta que la base monetaria se compone de la suma del saldo del circulante más el saldo de los depósitos de los bancos en el Banco Central.  Por lo tanto, tomando el crecimiento global del circulante tenemos que este creció a una tasa promedio del 4,47% mensual.  Nótese, querido lector, que la tasa sale del interés compuesto.  Por ejemplo, si hay una expansión monetaria del 10% mensual en dos meses y se parte de un valor inicial de 100 pesos el primer mes, tenemos 10 pesos de crecimiento; pero el segundo mes tenemos 11 pesos de crecimiento (el 10% de 110 que es saldo que surge de sumar a 100 los 10). Por lo tanto el crecimiento total es 21 (10 más 11), siendo la tasa de crecimiento del 21%.  Si usted mira distraído puede llegar a la conclusión de que el crecimiento mensual fue 10,5% (21 dividido 2).  Pero todos sabemos que fue 10%.  El cálculo correcto surge de aplicar la fórmula de interés compuesto.

 

Ahora bien, hay una vuelta de rosca más.  Lo que incide en el comportamiento de la inflación es el dinero en poder del público, que es igual al circulante menos el efectivo que tienen las entidades financieras.  Este indicador en el mes de marzo creció un 2,2%, mientras que la base monetaria creció al doble: 4,4%.  Por eso hasta ahora los indicadores de inflación desdicen a aquellos que hablan de hiperinflación.

 

¿Qué les queda por decir a los profetas de la confusión inflacionaria?  Que el gasto que va a realizar el Gobierno en pos de alentar la producción y el trabajo se financia con la maquinita.  Pierden de vista que el Estado este año se ahorra alrededor de 700.000 millones de pesos de intereses de la deuda pública.  Ello compensa gran parte del mayor gasto asistencial, estimado en 900.000 millones de pesos. Desde luego, falta tener en cuenta el monto a recaudar por el impuesto a la riqueza próximo a implementarse.

 

Finalmente, estimado lector, agrego otro elemento de financiación del programa de asistencia.  El ahorro de intereses de las Letras de Liquidez (Leliqs).  Recuerde que el año pasado el Banco Central pagaba por ellas un 76% y hoy abona la mitad.  Teniendo en cuenta la actual cartera, que es de un billón trescientos mil millones de pesos, estamos hablando de un ahorro de casi 500.000 millones de pesos. Esa cifra antes iba a los bancos.  Ahora puede ir como utilidades distribuidas del Banco Central al Gobierno.

 

Por lo tanto, la hiperinflación no será más que eso: un comentario sin sentido de los profetas de la confusión.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 17 abr 2020

 

El Gobierno apuntó, mediante la baja de encajes y la liberación de una parte de tenencias de Letras de Liquidez, a que los bancos presten a las pequeñas empresas para que recompongan capital de trabajo y paguen la nómina salarial.  La idea se implementó con una tasa de interés del 24% anual, tres meses de gracia, un año de plazo y con garantías otorgadas por el Estado.

 

Desde un primer momento, los bancos fueron reacios a poner en marcha esta operatoria.  Al mismo tiempo y casi como por arte de magia, aparecieron los periodistas y economistas que tienden a ver los riesgos de este tipo de medidas.  Señalaron casi en modo uniforme que existían riesgos de hiperinflación y de corralito.  No conocen ni a su padre cuando pierden la razón; entre esos tipos y yo, hay algo personal. Según estos puntos de vista, forzar a las instituciones financieras a entregar créditos sin analizar el riesgo, las expone a pérdidas potenciales.

 

En medio de esto se produjo un aumento de la demanda de las operaciones de contado con liquidez.  El dólar de esa operación se disparó a la zona de 110 pesos.  Ello obligó al Banco Central a volver sobre sus pasos.  Salió a tomar pesos de los bancos contra entrega de Letras de Liquidez a la tasa del 38%.  El valor total de esta absorción  de pesos fue de 170.000 millones.  La tasa que se pactó fue del 38% anual.  Los bancos le torcieron el brazo al Gobierno.  Ganaron el 14% anual (38% de Leliqs, 24% de los créditos a las Pymes).

 

¿Por qué se produce esto?

Porque la plata para las empresas se desvía hacia los especuladores.  Estos últimos van perjudicando día a día a los depositantes.  En efecto, sube el tipo de cambio, se fuerza una devaluación y los que pierden son aquellos.  A su vez, está maniobra acelera importaciones y retarda exportaciones.  Los importadores se apuran para zafar de la devaluación.  Los exportadores se retrasan para beneficiarse de la misma.

 

Creo que si los banqueros siguen siendo reacios a prestarle a las Pymes, no queda otra que centralizar los depósitos.  Esto significa que los mismos serían captados por cuenta y orden del Banco Central, y es este organismo en coordinación con el Gobierno el que otorgaría los préstamos.

 

Corresponde evaluar todo a fondo antes de que sea demasiado tarde.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 09 abr 2020

 

Parece que la estrategia aplicada por nuestro Gobierno para contrarrestar la pandemia está resultando exitosa.  Al respecto, basta con comparar los resultados obtenidos con los de otros países, sean ellos desarrollados o no.  Sobre este punto existe un consenso amplio entre la mayoría de las fuerzas políticas.

 

Desde luego, la cuarentena aplicada hasta acá y la que se aplicará en adelante, produce su impacto negativo en la economía.  Y quizás aquí es donde el consenso desaparece.  El Gobierno decidió inyectar liquidez para que no se rompa la cadena de pagos y para que los sectores más vulnerables tengan, aunque parcial, algún tipo de compensación.

 

¿Qué dicen en forma reiterada los comunicadores de los medios masivos?

Que en el primer trimestre del año la emisión  monetaria fue de más de 300.000 millones de pesos.  Esto da lugar a que algunos economistas libertarios comiencen a pensar en riesgos hiperinflacionarios.

 

Al respecto, debemos señalar que la Base Monetaria creció un 15% en el primer trimestre de este año.  Esa tasa no puede traer consecuencias hiperinflacionarias.  Por otra parte, la cantidad de dinero en poder del público creció en alrededor de 100.000 millones de pesos, representativo de un 10% del saldo al cierre de diciembre 2019.  La tasa mensual fue del 3.2%.  Como se ve, muy alejada de una tasa que pueda provocar un proceso hiperinflacionario.

 

La diferencia de expansión de la base monetaria y la del dinero en poder del público se situó en los saldos de los bancos en el Banco Central.  Precisamente, esa diferencia es la que el Gobierno pretende que los bancos le presten a las empresas.  De este modo, el crecimiento monetario mensual sería del orden del 5%.  Además de no producir hiperinflación, cabe agregar que al orientarse a la producción, puede impactar en una parte en crecimiento de bienes, en lugar de ir todo a precios.

 

¡¡¡Sembradores de pánico!!!  Basta de aterrorizar a la población.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 13 abr 2020

 

El economista Javier Milei suele señalar en sus apariciones televisivas, que el modo de redistribuir el gasto público sería  eliminar las filtraciones, reasignando los fondos ahorrados hacia el gasto social.  En las actuales circunstancias, los fondos ahorrados servirían para asistir a las pymes y a los cuentapropistas.

 

¿Pero qué son las filtraciones?

Milei suele mover mano y dedos como intentando demostrar que las filtraciones son robos.  Refiere inequívocamente a corrupción de los políticos.  Al respecto, sabemos que el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) hizo una estimación de las filtraciones para los años 2015 y 2016 y señaló que la región con mayores problemas es América Latina, quien presenta un 4.2% del PBI.  Particularmente en nuestro país, ese porcentaje es del 7.2%.  De acuerdo con esto parecería que hay un monto importante para reasignar.

 

¿Cómo calcula el BID la tasa de filtración de los países?

Si bien no se conocen detalles, se sabe que toman en cuenta el tamaño del gasto público con relación al PBI.  En ese sentido nuestro país tiene, por ejemplo, 15 puntos más que Chile.

 

¿Acaso esto es ineficiencia y/o corrupción?

La respuesta está en el costo de la educación en Chile y su contraste con nuestra educación pública.  Ni hablar del tema salud.  Por lo tanto, ese país gasta muy poco en esos conceptos.  Nuestro país, en cambio, gasta mucho.  La población chilena tiene un costo enorme por esos conceptos.  La nuestra, especialmente la de los sectores humildes, la recibe gratis.

Quizás el tema del coronavirus diluyó las tensiones sociales que había en Chile, provocadas por la enorme desigualdad social y el costo de la educación y la salud, entre otras cosas.

Son indudablemente filtraciones.  Filtraciones de sinvergüenzas, que se aprovechan de la ignorancia o la connivencia de quienes los interrogan.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 08 abr 2020

 

En realidad, el título completo de esta nota es: Radiografía de la política monetaria.  Danza con economistas muy mediáticos y comunicadores masivos.  Verdaderos criminales.  Veamos por qué.

 

A través de los medios masivos de comunicación escuchamos y leemos que durante el pasado mes de marzo se produjo una brutal expansión monetaria y que para abril se estima una expansión aún mayor.  Todo esto  suele ser confirmado por los economistas que tienen un protagonismo elevado.  Alguno de ellos preanuncian la posibilidad de una estampida hiperinflacionaria.  En medio de todo esto, el escenario futuro parece tétrico.  Sin embargo, cuando miramos el informe del Banco Central correspondiente al mes de marzo, vemos que el dinero en poder del público creció apenas un 2,2% comparado contra febrero.  Aclaro, querido lector, que usted y yo somos parte de eso que el Banco Central llama público.

 

¿Qué es lo que creció desmesuradamente?

Los saldos de los bancos en el Banco Central y las Leliqs.  Los primeros, un 6%; y la Letras de Liquidez, un 7 %; en ambos casos, en marzo con relación a febrero.  Y claro, eso no es “público”.  Usted y yo, en este caso, estamos fuera de la foto.  Es una pena, porque esos saldos crecieron 3 veces más que el dinero en nuestro poder.

 

¿Cómo fue realizándose paulatinamente este proceso?

Aumentando la tasa de encaje real del sistema financiero.  En efecto, al cierre de 2015 era del 19% y al 30 de marzo del presente año, 23,38%.

 

¿Por qué mis amigos economistas del otro lado de las cosas, están en contra de la baja de encaje y del otorgamiento de crédito a las pymes?

Muy sencillo.  Porque los bancos, a través de las Leliqs, maman de la teta de mamá Estado.  Y cuando la teta se seca promueven una devaluación: con ella aumentan en pesos las reservas del Banco Central y vuelta a mamar.  ¿Y las pymes?  ¿Y usted y yo?  Bien, gracias.

 

Pero ahora todo cambió: bajó la tasa de encaje y deben reducir la tendencia de Leliqs.  No les queda otra a los bancos que prestar a las empresas.

 

¿Es esto inflacionario?

No.  Porque las empresas usan los recursos para producir.  Por lo tanto, gran parte de la expansión monetaria se cubre con nuevos bienes.

 

¿Y por qué no le conviene a los bancos?

Porque con las Leliqs cobraron hasta el 80% anual; y a las pymes, apenas el 24%.

 

¿Y por qué esto tan elemental no lo ven los economistas protagónicos y los comunicadores masivos?

No lo sé.  Quizás reciban una contraprestación de los bancos.  No sé.  No sé.