por Juan Carlos Latrichano – 31 ago 2019

 

El Gobierno actual arrancó su gestión abriendo las puertas de par en par.  Me refiero a la ausencia total de controles cambiarios que apuntaran a moderar la salida de divisas.  La eliminación del cepo ejecutada en diciembre 2015 forma parte de esta estrategia.  Al mismo tiempo, la unificación del tipo de cambio complementó dicha medida.  A partir de allí, el mercado cambiario se manejó sin ningún tipo de restricciones.

 

A su vez, se discontinuó el camino del endeudamiento interno y se utilizó el del endeudamiento externo.  Cuando a algún dirigente oficialista se le habla de que  el endeudamiento de estos últimos años se fugó, responden muy sueltos de cuerpo que no es así.  Suelen sostener que el endeudamiento se utilizó para cubrir el déficit fiscal.  Déficit fiscal que se fue realimentando con los intereses de la deuda, claro.  Desde luego, omiten decir que el Gobierno cambió en el Banco Central los dólares por pesos, y está institución los fue vendiendo sin el menor análisis.  Cuando percibió el riesgo, lo único que hizo fue subir la tasa de interés de las Letras de Liquidez para que la tomen los bancos y que a su vez estos eleven la tasa de interés de los depósitos, evitando de este modo que los ahorristas en pesos se pasen a dólares.  La tasa de mortalidad de empresas, asfixiada por el costo financiero, importó e importa nada.

 

Para agravar aún más las cosas, los exportadores tienen un plazo de diez años para ingresar las divisas de sus operaciones.  Y como si esto fuera poco, podían obtener préstamos en pesos con ingresos pendientes de exportación.  Es decir que especulan valiéndose del ahorro de los argentinos.  Recién ahora, mediante la comunicación del BCRA A 6765 se intenta subsanar, aunque de manera incompleta, está anomalía.  En el mientras tanto, el plazo de ingreso de divisas no se reduce, pese a que la crisis es insoportable.

 

Las cosas empeoran favorablemente.  En medio de esto parece que madura la idea de reponer el control cambiario para evitar la hemorragia final.  ¿Y los litros de sangre perdidos y sus consecuencias para el futuro?  Esa te la debo.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 23 ago 2019

 

Existe un consenso amplio acerca de que es necesario competir para crecer.  Esa idea nos plantea la necesidad de abrir la economía a la mayor expresión posible.  Para ello, hace falta una reforma laboral e impositiva, al decir de aquellos que sugieren este camino, que haga converger nuestros costos con los de los países competidores.  Sin embargo, la aplicación de la apertura económica nos ha llevado fatalmente a un endeudamiento externo asfixiante.  Al mismo tiempo, en un ambiente de caída del salario real resulta impracticable una reforma por la natural resistencia sindical.  Otro tanto ocurre con la reforma impositiva que apuntaría a bajar impuestos.  En un clima de caída de la recaudación fiscal en términos reales, provocada por la menor actividad económica, resulta una quimera.

 

Por todo lo expuesto, debemos a priori desechar la idea de competir para crecer.

 

En cambio, la idea de crecer para competir conlleva a pensar en una contribución mayor para absorber los costos fijos.  Debemos tener presente que dichos costos se hacen variables por unidad de producto.  Por ejemplo: si los costos fijos son $ 100.000 y se elaboran 1000 productos, inciden en $ 100 por producto.  Luego, si duplicamos la producción a 2000 con los mismos costos fijos, la incidencia por producto es $ 50.  Tengamos en cuenta que la utilización actual de la capacidad instalada es casi la mitad.

 

¿Qué está pasando ahora?

La producción cae.  En consecuencia, la incidencia de los costos fijos aumenta por unidad de producto.  La mayoría de los países crece.  Ergo, nuestra competitividad relativa empeora día a día.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 10 ago 2019

 

La campaña política dio lugar a que se digan algunas cosas inexactas.  Entre ellas, que el país hace ocho años que está estancado.  Si esto fuese cierto, significaría que desde el punto de vista de los resultados, el actual Gobierno y el anterior son similares.  Indudablemente, esta ha sido hasta aquí la estrategia de la mayoría de las fuerzas minoritarias, apuntada a saltar la grieta.

 

Frente a esto, cabe reflexionar acerca del desempeño del Producto Bruto Interno a valores constantes.  Al respecto, debemos decir que en los últimos 4 años de la gestión anterior, aunque tenue, hubo un crecimiento del 1,5%.  En cambio, en la gestión actual, estimando una caída del 2% para el año en curso, tendríamos una caída del Producto cercana al 4%.

 

Claramente vemos que una suba del 1,5% no es igual a una caída del 4%.

 

Desde luego, las políticas aplicadas son distintas.  Mientras la gestión anterior expandía el consumo, la actual lo comprime.  La desigual marcha del salario real y la de los haberes jubilatorios explica la enorme diferencia.

 

El impacto de una y otra política también luce distinto.  En efecto, en estos últimos años el desempleo ha crecido en forma significativa.

 

Finalmente, debemos señalar que al cierre del año 2015, no existía la sensación de depresión económica que se advierte en la actualidad.  Sensación que nos hace pensar que la reversión de esto no sea posible.  Menos aún con las políticas en curso.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 12 ago 2019

 

Es imperioso terminar con la grieta.  Nuestra población merece soluciones, no peleas.  El oficialismo deberá tomar nota del mandato de las urnas.  Creo que el resultado de ayer es concluyente.  Octubre es casi innecesario.  Corresponde que el oficialismo llamé a la oposición para fijar un plan de transición.  La oposición debe tener claro que la cordura debe venir de la mano del triunfo.  No hacerlo, equivale a incrementar el sufrimiento de los humildes y el de la clase media.  Más allá de las consideraciones morales, no hacerlo puede traer consecuencias irreparables.

 

El programa económico debería contener, por lo menos, los siguientes puntos:

 

1.Nombramiento de un Jefe de gabinete y un Ministro de economía elegido por consenso.

2.Mantener la paridad del dólar mediante el uso de las reservas.

3.Bajar la tasa de las Leliqs 20 puntos, sacándolas del encaje remunerado para que las tomen los ahorristas.

4.Relajar la pauta de emisión monetaria cero, para asignar recursos para la reactivación.

5.Administrar el comercio exterior, prohibiendo la exportación de alimentos.

6.Suprimir la dolarización de las tarifas energéticas y del combustible.

7.Fijar un aumento fijo de salarios y haberes jubilatorios.

8.Fijar un programa de precios cuidados.

9.Reponer derechos de exportación porcentuales y específicos, en lugar de fijos y generalizados.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 31 jul 2019

 

Tanto tiempo aplicando la política de tasas de interés elevadas con dólar bajo, ha hecho que esto parezca normal.  Es por ello que resulta necesario explicar los rasgos anormales que presentan estas dos variables.  Con respecto a  la tasa de interés que se aplica para las operaciones crediticias, debemos señalar que la misma se halla muy por encima de la inflación.  Ello hace que estemos frente a una tasa real (Tasa nominal menos Tasa de inflación) sensiblemente superior a la que se aplica en todos los países.  Con esto, todo proyecto productivo se vuelve inviable.  Al mismo tiempo, el Banco Central gasta fortunas en concepto de intereses pagados a los bancos por las Letras de Liquidez (Leliqs).

 

La pésima marcha de la actividad económica confirma el impacto negativo de la tasa de interés.

A su vez, la tasa frena el ascenso del dólar.  En estos últimos meses, el tipo de cambio creció muy por debajo de la inflación.  La consecuencia es un valor del dólar atrasado.  Este fenómeno es perceptible en el comportamiento de la balanza comercial.  En efecto, si bien el saldo de la misma es positivo, debemos apuntar que ello sucede debido a una enorme caída de las importaciones.  Esto último ocurre en medio de la baja de la tasa de actividad económica.

 

La economía se halla entrampada porque si crece, las importaciones aumentan y el saldo positivo se convierte en negativo.  Esto último vulneraría el objetivo de obtener dólares comerciales para atender los pagos que tiene que hacer nuestro país.  Para aquellos que no les convence la idea de que el dólar está atrasado, les sugiero que miren el comportamiento del índice del tipo de cambio multilateral real.

 

¿Cómo se sale de esta encerrona?

Elevando el tipo de cambio a un valor compatible con el crecimiento de la economía y con saldo de balanza comercial positivo y acorde a las necesidades de dólares comerciales.

 

Desde luego, corresponde devaluar acompañando este acto con medidas que eviten el traslado a precios.  Entre ellas, la desdolarizaciòn de tarifas, impuestos a la exportación de alimentos y un acuerdo de precios y salarios por 180 días.

 

La baja de la tasa de interés se sostendrá con una baja sensible de la tasa de inflación, derivada del citado acuerdo de precios y de la quietud cambiaria de mediano plazo que se lograría por la mayor oferta de dólares comerciales.