por Juan Carlos Latrichano – 13 abr 2019
Los economistas ortodoxos insisten acerca de que tenemos un déficit fiscal y una presión tributaria muy superiores a los demás países. Sin embargo, esto dista de ser verdad. Si miramos el desempeño en la materia, aún de países desarrollados, vemos que no presentan diferencias sustantivas con nuestros resultados. Desde luego, algunos países nos superan.
Donde somos líderes absolutos es en la tasa de interés. En efecto, la tasa que aplica el Banco Central para las Letras de Liquidez supera el 60% anual. Ello representa a priori una tasa real superior al 25%. Desde luego, esta tasa se les paga a los bancos en concepto de remuneración por el encaje. Luego, la tasa que los bancos aplican a los préstamos ronda el 100%. Es decir que la tasa real en esta materia supera holgadamente el 60%. No existe país en el que se observe esta situación.
¿Qué proyecto de inversión puede darse en este marco?
Ninguno. En consecuencia, aquí está la raíz principal de nuestro problema.
¿Qué se puede hacer?
Dejar flotar el dólar, bajando la tasa de interés a niveles normales. Para que ese deslizamiento no vaya a precios se debe hacer un pacto social con empresarios y trabajadores. Impuesto a la exportación de alimentos mediante.
Ah… y con la eliminación de la dolarización de tarifas energéticas y del combustible.
por Juan Carlos Latrichano – 07 abr 2019
En estos últimos meses, el Gobierno evita que la gente compré dólares mediante la suba de la tasa de interés. Para ello, viene ofreciendo a través del Banco Central, Letras de liquidez para que las adquieran los bancos a una tasa superior al 60%. De este modo, los bancos se ven motivados a captar depósitos a tasas altas. Indudablemente, con esto el dólar no se dispara. Los ahorristas se quedan en pesos. Esta política se complementa con un severo ajuste fiscal y con un control monetario que apunta a que no se realice emisión monetaria.
La tasa de interés de préstamos supera el 100%. De este modo, todo proyecto de inversión es una quimera. Desde luego, la actividad económica cae en forma continua. Con este panorama tenemos igual cantidad de dinero y caída de la producción. En consecuencia, los precios suben. A su vez, el tipo de cambio real comienza a descender, el tipo nominal queda casi fijo y los precios suben. Las exportaciones crecen poco y las importaciones caen por efecto recesión, mas que por tipo de cambio.
El déficit cuasi fiscal crece fogoneado por la tasa de interés.
¿Qué hacer?
Debemos salir del cepo provocado por la tasa de interés. Para ello, es necesario desdolarizar tarifas y combustible y aplicar impuestos a la exportación de alimentos. Pactar precios y salarios por 180 días y dejar que la flotación del tipo de cambio, esta vez sin impacto inflacionario, expanda exportaciones y retraiga importaciones. Pero esta vez con crecimiento económico. La magia es disminuirlas con crecimiento ayudado por la suba del tipo de cambio real. Finalmente, con la baja de la tasa de interés crece la inversión.
Cierre los ojos. Piense en producción.
por Juan Carlos Latrichano – 27 mar 2019
El balance de pagos del año pasado cerró con un déficit de la cuenta corriente de 28.003 millones de dólares. A su vez, las reservas crecieron en 11.277 millones de dólares. ¿Cómo puede suceder esto? Endeudándonos. En efecto, la deuda externa bruta, tanto pública como privada, creció en 42.395 millones de dólares. Estos son los grandes números del 2018.
A su vez, la balanza comercial de febrero de 2019 arrojó un superávit de 460 millones de dólares, revirtiendo un déficit de 892 millones ocurrido en igual mes del año pasado. Ello, a consecuencia de una suba de las exportaciones del 3,7%; y, fundamentalmente, por una caída de las importaciones del 22,9%. Como vemos, la recesión explica casi todo el éxito de la balanza.
Cuando analizamos el comportamiento de cada uno de los rubros de la exportación, vemos que en su mayoría cayeron; a excepción, entre otros, de los siguientes rubros:
1. Carne, que subió un 18%
2. Leche, que subió un 14%
3. Aceite, que subió un 39%
Desde luego, esto impacta en los precios de la canasta alimentaria debido a que la exportación resta oferta de bienes en el mercado interno.
¿Qué produjo este resultado?
La eliminación de las retenciones a la exportación, hecha por decreto 133 de 2015; y la reimplantación de un valor fijo de 4 pesos por dólar, de acuerdo con el decreto 793 de 2018.
En resumen, tenemos un saldo positivo de la balanza conseguido esencialmente con baja de importaciones debido a la recesión. Saldo que ayuda poco a reducir el enorme déficit de la cuenta corriente del balance de pagos. Consecuencia: el endeudamiento sigue acrecentándose.
por Juan Carlos Latrichano – 02 abr 2019
Me obliga a escribir sobre estos temas el que algunos economistas y formadores de opinión hayan manifestado la posibilidad de que pueda producirse en nuestro país una hiperinflación y/o un corralito.
En el primer caso, basan su punto de vista en la supuesta similitud que tienen las Leliqs (Letras de liquidez emitidas por el BCRA y que pueden integrar el encaje bancario, siendo en consecuencia este último remunerado) con el mecanismo provisto por la llamada Cuenta Regulación Monetaria, que a la sazón diera lugar a la hiper de 1989. Al respecto, debemos señalar las enormes diferencias que se presentan:
1.La contrapartida de la cuenta Regulación Monetaria era la expansión de circulante. Así fue que en dicho año la Base Monetaria creció 25 veces, dando lugar a una suba de precios del 3.400%. Las Leliqs absorben moneda. Por lo tanto, la expansión monetaria está controlada.
2.La tasa efectiva de las Leliqs es sensiblemente inferior a la tasa efectiva de los plazos fijos del 89. Estos crecían en forma geométrica, expandiendo cada vez más la cuenta Regulación y consecuentemente, el circulante.
3.En lo que resta del año la expansión de Leliqs no luce agresiva. Desde luego, si mirábamos en abril del 89 la tendencia de la Cuenta Regulación, la misma resultaba claramente explosiva.
En el segundo caso, basan su opinión esencialmente por la emisión de la comunicación del BCRA número 6105. La misma, permite que parte de la capacidad prestable de los depósitos en dólares se aplique a la compra de bonos públicos en moneda extranjera. Si miramos las diferencias que tenemos con el 2001, fecha en la que al final del año se impuso un corralito, tenemos:
1.La pérdida de depósitos era significativa en 2001. En febrero de este año, los depósitos crecieron respecto a enero un 0,2% y un 30,1% respecto a igual mes de 2018.
2.Las reservas caían en forma vertiginosa en 2001. En los últimos meses de esta etapa las reservas vienen creciendo.
Lo peor que podría suceder es que el pánico se generalice. Ahí tendríamos la profecía autocumplida. Debemos evitar esa situación que sería ruinosa para nuestra gente. No olvidemos nuestro juramento profesional.
por Juan Carlos Latrichano – 18 mar 2019
Un error de diagnóstico lleva a una receta inadecuada. Imagine que usted tiene un problema hepático y le diagnostican gripe. En consecuencia, le recetan antibióticos e indudablemente no se cura. Acude a otro médico que llega al mismo diagnóstico y le dice que su médico anterior es gradualista. Ergo, le sube la dosis de antibióticos.
¿Se cura?
Al contrario. Empeora, porque más antibióticos le arruinan el hígado.
¿Qué pasa hoy con la economía de nuestro país?
El Gobierno llegó a un diagnóstico equivocado. La causa de la inflación es el exceso monetario y el déficit fiscal. No podemos gastar más de lo que ingresa, sostienen casi con pasión. En estos últimos meses han reducido la emisión monetaria y mejoraron el desempeño fiscal. Sin embargo, la inflación está vivita y coleando. Pinta para acelerarse.
¿Qué dicen los libertarios?
Que la medicina es insuficiente. Coinciden en el diagnóstico, pero atacan al Gobierno porque es y ha sido gradualista.
¿Cuál es el diagnóstico erróneo de ambos?
Básicamente incurren en tres errores letales. Ellos son:
1.En los últimos setenta años no hubo crecimiento.
2.El déficit fiscal presenta un rasgo que no se observa en los países, excepto en algunos casos aislados.
3.La inflación de los últimos setenta años fue del 50 % promedio anual.
Con respecto al crecimiento, omiten decir que en el periodo 2003/2015 la economía creció un 50% (ver INDEC). A su vez, en los últimos setenta años tenemos el golpe del 55 y el del 76 con sus secuelas antiproductivas. También los Gobiernos de Alfonsín y Menem. El primero, con la hiperinflación; y el segundo, con la desindustrialización. El promedio da mal. La segmentación no.
En cuanto al déficit, omiten decir que el mismo aparece en la mayoría de los países. En algunos casos, con igual intensidad que en nuestro país (ver The Economist, El mundo en 2019, páginas 94 a 101). Aún así, tienen tasas de inflación sensiblemente menores.
Con relación al 50% promedio anual de inflación, omiten decir que en los últimos setenta años están contenidos los años de hiperinflación, entre ellos 1989 con una inflación del 3.400%. Si calculamos la inflación del período 2003/2015 tenemos una tasa promedio anual del 9,8% (ver INDEC).
¿Cuál es el diagnóstico correcto?
El déficit de la cuenta corriente del balance de pagos y el camino del endeudamiento externo.



