por Juan Carlos Latrichano – 21 jun 2019

 

Un análisis tipo foto dirá que al cierre del mes de mayo de este año, el saldo de las letras de liquidez (Leliqs) se acerca al saldo de la base monetaria.  De allí deriva la idea que sostiene que la expansión monetaria debe considerar no solo el incremento de la base monetaria, sino que también debería agregarse a ese dato la expansión de las Leliqs.  De este modo, se deduciría que la política monetaria es inflacionaria o que por lo menos impactaría así en el futuro.

 

¿Es correcto este análisis?

En lo inmediato, no.  Las Leliqs no reemplazan a la moneda.  Aún cuando el saldo de las letras llegase a superar el saldo de la base monetaria, esto no incide inflacionariamente.  Cabe entonces pensar en consecuencias futuras.  Al respecto, debemos dejar el análisis en modo foto para pasar al modo película.  Para ello, debemos repasar qué viene sucediendo desde principios de este año hasta fin de mayo.  Las Leliqs han crecido en el año en curso en más de 300.000 millones de pesos, siendo su contraparte final el crecimiento de las reservas por un valor superior a los 400.000 millones de pesos.

 

¿Cómo es esto?

Las reservas crecen con expansión de moneda; y a su vez, gran parte de esa expansión es absorbida por el BCRA mediante la colocación de Leliqs.

 

¿Qué riesgos potenciales existen?

Advertimos dos riesgos que son:

- Riesgo de expansión monetaria futura, cuando no se renueven las Leliqs.

- Riesgo de pérdida patrimonial a la altura del Banco Central, debido a la alta tasa que devengan las Leliqs.

 

Con relación al primer riesgo, debemos manejar una hipótesis que lo acota.  Supongamos que no se renuevan una parte de las Leliqs.  Esto supone expansión monetaria y demanda de dólares.  El BCRA satisface esa demanda vendiendo parte de las reservas.  En consecuencia, el BCRA pierde reservas al tiempo que reduce el saldo de Leliqs.  En resumen, se afecta la contraparte tal como sucede con la emisión de Leliqs.

 

En cuanto al segundo riesgo, debemos señalar que en los primeros 5 meses del año, el patrimonio neto del BCRA prácticamente no se alteró.  La tasa de interés de las Leliqs se suele compensar con la tasa de devaluación.  En resumen, el costo financiero de las Leliqs se compensa con el beneficio que produce la revaluación de las reservas.

 

Desde luego, este acotamiento de riesgo ocurriría con mayor probabilidad si se altera la actual política económica: reprogramación de los pagos de la deuda, desdolarización de tarifas, administración del comercio exterior y acuerdo social, entre otras cosas.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 14 jun 2019

 

 

Algunos economistas, especialmente los autodenominados anarcocapitalistas, predecían que íbamos inexorablemente a un escenario hiperinflacionario.  Este pronóstico lo hacían a comienzos del año en curso.  Basaban sus análisis en el crecimiento que experimentaban las letras de liquidez (Leliqs).

 

Unos meses atrás, sostuve que ese punto de vista era incorrecto y que en consecuencia la hiperinflación no se iba a producir.  Ellos basaban su análisis en que la emisión de Leliqs era emisión monetaria futura; y en consecuencia, se produciría la hiperinflación.

 

Los números de esta primera parte del año revelan que estaban equivocados.  Especialmente, en el mes de mayo la inflación fue del 3,1%.  No es para dar la vuelta olímpica ni mucho menos.  Al contrario, es un mal síntoma.  Pero ese número no tiene nada que ver con la hiper.  Incluso en estos últimos meses, observamos que aunque aún alta, la tasa es descendente.

 

Faltan poco más de seis meses para cerrar el año.  Mantengo mi pronóstico.  ¿Explicarán el motivo de un error tan grosero?  Esperemos.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 30 may 2019

 

 

El Presidente de nuestro país suele repetir hasta el cansancio que este es el único camino.  Sostiene que después de los sinsabores vividos tendremos el país soñado.

 

En primer lugar, debemos señalar que entre adultos debemos ser explícitos.  No basta con decir “vamos bien”.  Corresponde detallar qué pasos se darán y en qué momento se producirá la reversión de la caída de la actividad económica para comenzar a transitar el crecimiento.

 

En segundo lugar, es lógico que sospechemos que el éxito esperado forme parte de las buenas intenciones.  Quizás el Gobierno no pone más fechas futuras porque cada vez que lo hizo fracasó.  Es más, se confesó que no volvían a hacerlo para no volver a errar en los pronósticos.

 

Más allá de todo esto, procede preguntarnos:

 

¿Existen posibilidades de retomar el crecimiento con esta política económica?

Todo parece indicar que no.  La política monetaria y fiscal impide pensar en crecimiento.  La tasa de interés que se aplica en nuestro país confirma esta hipótesis.  El actual Gobierno, al cumplir los cuatro años de mandato, lo hará con tres de caída y uno solo de suba.  El PBI por habitante habrá caído de manera significativa.

 

¿Cuál es la raíz de todos los problemas expuestos?

El manejo del tipo de cambio.  Cuando este sube, la dolarización de las tarifas enciende los precios.  La falta de límites para la exportación de alimentos complementa este mal.  Por ello, se le pone freno a la suba del dólar de cualquier modo.  La brutal tasa de interés va en línea con ese objetivo.

 

¿Qué hacer para salir de esta trampa?

Primero, armar un plan consistente.  Luego, consensuarlo.  El mismo, entre otras cosas, debe desdolarizar las tarifas y limitar las exportaciones de alimentos.  Luego, devaluar previo acuerdo de precios y salarios.

 

De este modo, las exportaciones encienden el motor del crecimiento.  También lo hará la caída de las importaciones.  Provocada, en este caso, por el mayor tipo de cambio.  En lugar de lo que ocurre en la actualidad, donde la baja de importaciones se produce por caída de la actividad económica.

 

PS: El exministro de economía Prat Gay dijo recientemente que quiso consensuar un plan con la oposición y el Jefe de Gabinete, señor Peña, se opuso.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 07 jun 2019

 

 

Partimos de la idea de que de acá a octubre se juega el primer partido y es de visitante.  Luego, a partir del año próximo, se juega el segundo partido y es de local.

 

¿Qué significa que el primer partido termine cero a cero, en modo economía?

Sencillamente que el dólar no se dispare y que los precios se aquieten.

 

¿Es un buen resultado?

Sí y no.  Sí, porque de local es factible ganar.  No, porque el gol de visitante vale doble.  En términos económicos debemos tener en cuenta que el cambio de Gobierno o la reelección del actual, genera un cambio favorable de expectativa, pero la situación de cara al año próximo luce compleja.  En efecto, el país queda con una billetera debilitada y con vencimientos de deuda elevados.

 

¿Se puede ganar?

Desde luego que sí.  Pero hay que evitar que la visita haga goles.  Para ser más preciso: hay que generar un plan que goce de amplio consenso.  Ah, y que sea consistente.  Ah… y que se ejecute sin mayores desvíos.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 24 may 2019

 

 

Los datos de la balanza comercial del mes de abril muestran que si bien se obtuvo un superávit de 1.131 millones de dólares, el mismo se produce fundamentalmente por una fuerte caída de las importaciones.  En efecto, en este rubro se registró una merma del 31,6% con relación a igual mes del año pasado.  Desde luego, la caída de la actividad económica contribuye.  Con ella, la demanda de insumos industriales y la de bienes tecnológicos cae.

 

Por otra parte, las exportaciones experimentaron una suba leve del 1,7%.  Particularmente, las exportaciones de bienes primarios crecieron un 18,8%; en tanto que las manufacturas de origen agropecuario cayeron un 5,6% y las de origen industrial un 2,3%.

 

Si la economía se reactivase, veríamos la inmediata reversión del superávit a déficit y el mantenimiento de los síntomas de “enfermedad holandesa” que se observan al ver el desempeño de los rubros exportadores.

 

Está siendo hora de pensar en reactivar la economía.  Para que ello no haga crisis, será necesario alinear la política cambiaria y comercial.  En este último caso, eliminando el impuesto uniforme a las exportaciones, reemplazándolo con uno heterogéneo, que grave a los primarios y exima a los bienes industriales.