por Juan Carlos Latrichano – 22 mar 2020

 

Keynes sentenció para todos los tiempos, que en el largo plazo estaremos todos muertos.  El mensaje apunta a los seres vivos y al ahora. La humanidad sufre una amenaza sanitaria que creo no se producía desde la Edad Media.  Lejos estábamos de pensar en una cuarentena.  La Unión Europea dio vía libre para discontinuar la pauta del tope fiscal.

 

En nuestro país tuvimos el dilema del ser o no ser.  Priorizar la deuda o hacernos cargo del vendaval.  Cuidar lo fiscal o resolver la epidemia.  Optamos por la vida.  Porque los muertos no pagan y los equilibrios fiscales y la deuda sin mora serían oropeles para colgar en las tumbas.  Por fortuna, no solo lo entendió el Gobierno sino también la oposición.

 

Por todo lo dicho, estamos asistiendo a un momento de desborde fiscal y de expansión de dinero.  La idea es que el paro provocado por la cuarentena no nos afecte tanto.  Debemos entender que el dinero que llega a los bolsillos vacíos ayuda a detener el flagelo.  Solo cabe advertir que la comunicación del Banco Central A número 6937, que baja el encaje para expandir crédito a las pequeñas empresas, rige en modo inefectivo.  Los bancos están cerrados hasta el 31 de marzo.

 

En medio de esto parece que todo llegará a buen puerto.  Dios así lo quiera.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 17 mar 2020

 

Si bien falta analizar la letra fina de las nuevas medidas económicas,  podemos estimar qué incidencia tendrán las mismas en la economía real.  Particularmente, luce como principal la medida que arbitrará  el Banco Central tendiente a expandir más de 300.000 millones de pesos,  seguramente mediante una baja de la tasa de efectivo mínimo estimativamente de un 7 %.  Cabe señalar que la cifra señalada se aproxima a un 20% de la Base Monetaria.

 

La pregunta por el millón apunta a determinar si esta medida activará definitivamente la alicaída economía nacional.  Al respecto, cabría pensar que puede ocurrir ser un shock reactivante.  Desde luego, si esto se produce, la duda central es como le pegarían estas medidas al saldo de la balanza comercial.  A priori, dado el aumento que experimentarían las importaciones, esto provocaría una fuerte disminución del superávit comercial de estos últimos meses.  Para evitar este suceso, sería necesario administrar el comercio exterior apuntando principalmente a sustituir importaciones con producción  local.  De este modo no se alteraría la entrada de dólares.  Siendo esto así, la devaluación quedaría acotada junto con el riesgo inflacionario.

 

Al mismo tiempo, hay un conjunto de medidas fiscales reactivantes (bono a jubilados con la mínima, asignación universal, etc.).  Resta conocer que ocurrirá con el tratamiento de la deuda pública.  Enorme desafío.  No es para cualquiera convencer a los acreedores de que la reactivación les asegura el cobro.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 08 mar 2020

 

Nos acercamos a cumplir los primeros 100 días del nuevo Gobierno.  La luna de miel está  por terminar.  Si bien se pueden exhibir algunos buenos resultados, no es menos cierto que aún  perduran algunos males que parecían simples de erradicar.  Uno de ellos es la inflación.  El mismo Presidente pegó el grito en el cielo en una reunión  de empresarios.  Sin embargo, debemos tener en cuenta que una inflación del 54%, como la que tuvimos el año pasado, no se erradica de la noche a la mañana.

 

Ahora vienen los hinchas del deportivo No va a andar, a decirnos que el congelamiento fracasará.  La madre de las batallas será hacer un análisis minucioso de los costos y utilidades empresarias (el año pasado Metrogas ganó 1.218 millones de pesos).  Ídem con el análisis de la renta del Campo en general y, en especial, cómo incide en ese sector la enorme baja de la tasa de interés.

 

Otro de los males es la economía que no sale de la recesión.  Debemos tener en cuenta que el coronavirus seguramente está afectando dos motores imprescindibles: las exportaciones y el turismo receptivo.  Urge dinamizar el proceso de sustitución de importaciones a efectos de que el impulso del consumo no haga crisis por el lado de la balanza comercial.

 

Adicionalmente, deberá hacerse una campaña explicando los alcances de este nuevo problema y la necesidad de suprimir consumos de bienes sofisticados provenientes del exterior.  El violento cambio de paradigma sucede en medio de la negociación por la deuda, que a la fecha luce incierta.

 

O apretamos las marcas o deberemos llorar un fracaso.  Fuerza y convicción.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 13 mar 2020

 

La situación  internacional ha variado dramáticamente.  Las condiciones imperantes al inicio del Gobierno del Dr. Alberto Fernández ya no existen.  Además de seguir negociando el tema de la deuda pública, corresponde pensar en una estrategia acorde a esta difícil situación.  A mi modo de ver, la idea de emitir dinero es un camino que puede provocar consecuencias graves.  Considero que debemos tener en cuenta, entre otros, los siguientes puntos:

1. La economía mundial tendrá una caída estimada en un 3% en el presente año.

2. Los vuelos entre países sufrirán enormes disminuciones.

3. Los precios de las materias primas se mantendrán bajos con tendencia a seguir disminuyendo.

4. Uno de nuestros principales compradores de soja, China, atraviesa serios problemas.

5. Nuestros vecinos han devaluado sus monedas.

6. Nuestra economía no arranca.  El motor de las exportaciones no tira con la fuerza necesaria.

7. El turismo receptivo luce muy disminuido.

8. Si bien la balanza comercial arroja saldo positivo, ello sucede por la recesión.  Urge que se obtenga el mismo resultado con crecimiento.

9. Las aplicaciones nuevas generaron  tensiones (ejemplo: elevación de derechos de exportación).

10. A pesar del congelamiento, la inflación cede poco, especialmente el precio de los alimentos.

 

Por todo esto, urge:

1. Poner en marcha el Consejo Económico y Social.  Allí se deben consensuar las principales políticas económicas.  Discutir cargas y compensaciones (ejemplo: el agro sufre aumento de retenciones con congelamiento de tarifas y combustible, al tiempo que baja sustancialmente la tasa de los préstamos).

2. Iniciar un profundo proceso de sustitución de importaciones, otorgando beneficios a aquellas empresas que colaboren con este objetivo.

3. Aplicar controles efectivos tendientes a evitar la economía en negro, especialmente en operaciones de exportación no declaradas o declaradas por montos inferiores.  Se evitarán triangulaciones.

4. Aplicar un control selectivo del crédito que apunte a maximizar el ingreso de divisas y a minimizar su salida.

5. Estudiar los costos de las empresas agropecuarias y energéticas a efectos de regular sus tasas de ganancia.

6. Iniciar inspecciones de AFIP tendientes a detectar maniobras de evasión.

7. Limitar la expansión de moneda a los objetivos de producción.

 

Estas son parte.de las medidas que estimo ultranecesarias.  El cambio de paso de baile, urge.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 27 feb 2020

 

Hay dos elementos centrales que deben considerarse a la hora de elaborar un plan económico.  Uno concierne a lo financiero y el otro a la solvencia.  Si aplicamos esto para el caso de la deuda pública, lo financiero persigue que el programa de pagos esté distribuido en el tiempo y que le permita al país afrontar los vencimientos sin sofocones.  La situación actual presenta vencimientos muy concentrados imposibles de afrontar.  Este es uno de los temas que el Gobierno está intentando renegociar con los acreedores.

 

El otro elemento, la solvencia, analizado también para el caso de la deuda pública, apunta a dos cosas.  Una, a la proporción que tiene la deuda con respecto al producto; y la otra, su evolución en el tiempo.  Cuando la deuda se acerca al 100% del producto, luce preocupante.  Y si además su evolución muestra una tendencia a incrementar ese porcentaje, es más preocupante aún.  La situación actual presenta una tasa cercana al 100% con tendencia a incrementarse debido a que la tasa de interés excede holgadamente a la tasa de crecimiento del Producto.  Desde luego, el resultado fiscal no compensa esa diferencia.

 

Atento a estas consideraciones, la otra parte de la renegociación con los acreedores apunta a una quita, para bajar el porcentaje; y a una baja de la tasa de interés, compatible con el objetivo de que el nivel de endeudamiento vaya bajando.

 

Todo lo demás es cháchara.