por Juan Carlos Latrichano - 30 dic 2018

 

 

En nuestro país las tarifas y el combustible están dolarizados.  Ello significa que ante subas del precio del dólar, los precios de estos bienes aumentan en proporción a la devaluación.  El argumento que suele utilizarse para justificar esto es el de igualar nuestros precios con los internacionales.  Esta política, a su vez, trae consigo algunos problemas.  En efecto, un ajuste cambiario impacta en los precios toda vez que al subir la energía y el combustible dicha suba impacta en la mayoría de los bienes y servicios.  Al respecto, debemos señalar que las empresas energéticas y las productoras de combustible tienen la mayor parte de sus costos en pesos; entre ellos, el salarial, que crece incluso muy por debajo de la inflación.

 

En anteriores informes he venido señalando que el Gobierno estaba aumentando el gasto en concepto de subsidios.  Ello, porque estuvo absorbiendo la dolarización que hasta aquí había decidido que no impacte en la gente.  Desde luego, también dije que la meta fiscal se estaba incumpliendo.  Frente a esto, se decidió aplicar las subas en etapas a partir del próximo año.

 

¿Qué impacto tendrá esta medida?

Indudablemente, subirán los precios por arriba de la pauta fijada, a pesar del férreo control monetario.  Precios en alza sin emisión augura una recesión aún más fuerte.  La matemática es inexorable.

 

¿Y la competitividad?

Se complica cada vez más.  El dólar relativamente quieto con precios en alza hizo que en este último trimestre el tipo de cambio multilateral real descienda casi un 20%.

 

Luchemos para que se imponga este nuevo mandamiento: ¡¡¡no dolarizarás!!!

 

 

por Juan Carlos Latrichano - 14 dic 2018

 

 

El Gobierno puso en marcha a partir del 1 de octubre un fuerte apretón fiscal y monetario. Tales medidas apuntan a reducir el déficit fiscal y la inflación.

 

De acuerdo con la marcha fiscal, podemos advertir que los datos de octubre resultan contradictorios si los comparamos contra igual mes del año pasado. En efecto, el esfuerzo aplicado en la contención salarial (los salarios del sector público crecieron un 20,9%), previsional (este gasto creció un 20,5%) y en el gasto universitario (creció un 24,7%) se neutralizó parcialmente por la suba de los subsidios energéticos (73,9%) y la de los intereses (109%).

 

Como vemos, los primeros tuvieron incrementos inferiores a la inflación y a los ingresos (crecieron 45,6%), en tanto que los restantes crecieron muy por encima de esas marcas. En resumen, el resultado fiscal financiero (incluye los intereses) creció un 26,57% acercándose peligrosamente a la tasa de inflación.

 

Ahora bien, nos preguntamos acerca de las causas de las subas de los subsidios y de los intereses. Las primeras obedecen a la dolarización de las tarifas. Es la parte de la devaluación que no se transfirió a los usuarios absorbiendo el costo el Estado. A su vez, los intereses suben principalmente por el aumento de la deuda pública. El mecanismo apropiado para evitar este tipo de inconvenientes consiste en anular la dolarización de las tarifas y discontinuar el endeudamiento compulsivo. En tanto, la recesión hará disminuir paulatinamente los ingresos del fisco agravando aún más esta difícil situación.

 

En cuanto a la política monetaria debemos señalar que si bien en el bimestre septiembre/octubre no hubo aumentos de la base monetaria, ello en parte fue posible debido a la expansión de los saldos de letras. En efecto, las letras permitieron absorber la liquidez excedente de tal modo de evitar crecimiento de la base monetaria.

 

Aún así la inflación cede poco. Avanza y licua mes a mes la ventaja competitiva debido a que el tipo de cambio se va atrasando.

 

 

por Juan Carlos Latrichano - 25 nov 2018

 

 

El saldo de la balanza comercial de octubre tuvo un positivo de 277 millones de dólares. En igual mes del año pasado, el saldo fue negativo por 927 millones de dólares. La diferencia a favor obtenida este año se explica por los siguientes factores:

 

a) Por una baja de las importaciones, en octubre de este año con respecto a igual mes del año pasado, del 18,2%.

b) Por un aumento de las exportaciones, en octubre de este año con respecto a igual mes del año pasado, del 1,4%.

 

Como vemos, la mejora poco tiene que ver con el aumento del tipo de cambio. El mayor éxito proviene de la caída de las importaciones, provocada por la enorme reducción de la actividad económica.

 

¿Cuál es la razón por la que la devaluación no mejora en forma significativa  la balanza comercial?

El crecimiento de precios interno y la reducción del tipo de cambio nominal operada en octubre y lo que va de noviembre. En efecto, si tomamos el índice del tipo de cambio multilateral real, vemos que el mismo se situaba en un valor de 142 al cierre de septiembre, descendiendo al valor de 120 al cierre del 23 de noviembre.

 

Cabe destacar que en los 10 primeros meses del año, la balanza comercial cerró con un saldo negativo de 6.175 millones de dólares.

 

Como vemos, la devaluación incidió muy poco en la balanza comercial. El Gobierno debería tomar nota que una devaluación para ser efectiva debería tener, entre otras, las siguientes condiciones:

 

a) No impactar significativamente en el proceso inflacionario. Para ello urge desdolarizar las tarifas energéticas y el precio de los combustibles.

b) Evitar ulteriores apreciaciones del peso, porque las mismas no hacen retroceder los precios y sí afectan el comportamiento externo.

 

 

por Juan Carlos Latrichano - 03 dic 2018

 

 

Existe un consenso total entre los analistas económicos acerca de que estamos atravesando una recesión.  Al mismo tiempo, prácticamente todos los indicadores de actividad dan cuenta de una caída de la actividad económica.  Quizás el más alarmante de todos concierne a la evolución de la recaudación, dado que creció un 33,7% contra una inflación anualizada de alrededor del 47%.  Esto estaría indicando una caída de dos dígitos.

 

Esta enorme recesión está aquietando los precios.  En efecto, la inflación de noviembre rondaría un 3%, resultando muy inferior a la de octubre.

 

¿Hasta cuando se extenderá esta situación?

Por lo menos hasta junio del año próximo.  Salvo que se frene el apretón fiscal y monetario.

 

¿Luego de ese plazo, encontraremos una mejora definitiva?

Estimo que no. Quizás el aliento venga de la mano de la contienda electoral.  Luego, si continúa la estrategia actual el único modo posible de alcanzar saldos positivos de la balanza comercial es con recesión.

 

¿Por qué es necesaria una balanza positiva?

Para afrontar los compromisos externos. La plata dulce se acaba a fines de 2019.

 

El año no cierra bien. Y el siguiente arranca peor.

 

 

por Juan Carlos Latrichano - 12 nov 2018

 

Como sabemos, el Gobierno del presidente Macri comenzó con la unificación cambiaria. De este modo, el tipo de cambio oficial tomó el valor del precio marginal de la divisa al momento de la asunción. El Dr. Prat Gay, anterior Ministro de Economía, consideró que esta medida no tendría consecuencias inflacionarias debido a que los precios ya se habían ajustado por la paridad marginal. No fue así. Los precios subieron tal como suben si se produce una devaluación no compensada. La inflación del año 2016 fue de un 41%. La balanza comercial fue levemente positiva y la actividad económica se contrajo.

 

En el año 2017 se utilizó el ancla cambiaria. El dólar subió poco. Los precios crecieron un 24.5%. La actividad económica creció produciéndose a su vez un enorme déficit de la balanza comercial.

 

En el presente año se produjo un enorme devaluación (100%) con alto impacto en los precios (la inflación del año sería cercana al 50%). Ello, debido fundamentalmente a la dolarización de las tarifas.

 

En medio de todo esto y sintetizando, advertimos que la devaluación de este periodo de Gobierno ronda el 300%, sin que la misma haya logrado revertir la situación externa. La pequeña mejora de septiembre obedece a la caída de la producción más que a la mejora cambiaria.

 

Es momento de meditar todo esto y producir un cambio de la actual política.