por Juan Carlos Latrichano - 08 oct 2018
Quizás este sea un interrogante poco analizado en las Ciencias Económicas. En general, tiene prensa abundante la idea relativa al excedente monetario. Excedente que se suele atribuir al desequilibrio fiscal. Si esto fuese así, resultaría apropiado pensar en un déficit fiscal cero y en un cierre de la emisión monetaria. A su vez, estas medidas reducen la actividad económica en un nivel compatible con la caída de las importaciones.
Desde luego, con esta política caen el salario real y el consumo. Aparece el superávit externo de la mano de la recesión. El ciclo parada-arranque a pleno. Cabe agregar que la dieta monetaria le quita presión a la demanda de dólares. Todo resulta funcional al programa librecambista basado en la apertura irrestricta de la economía. Justo cuando el mundo se cierra.
¿Cuál es la visión alternativa?
Considerar que más que un exceso monetario se produce una falta en la oferta de dólares. Obviamente dólares comerciales obtenidos con expansión económica. Tengamos en cuenta que en los dos primeros años de gestión, el actual Gobierno se manejó con dólares financieros provenientes de préstamos. Esto además de ser pan para hoy y hambre para mañana, plancha el valor del dólar llevándolo a un nivel bajo en términos reales. Esto incrementa importaciones y reduce exportaciones.
Para obtener dólares comerciales con expansión económica se deberían adoptar, entre otras, las siguientes medidas:
a) Devaluar con medidas compensatorias, especialmente impuestos a la exportación de alimentos y sus derivados, en forma de porcentaje. Se elimina el impuesto fijo atento a que el mismo pierde peso específico a medida que el peso se devalúa.
b) Aplicar impuestos de exportación a la minería.
c) Desdolarizar las tarifas de energía y el combustible.
d) Eliminar impuestos a la exportación de bienes elaborados.
e) Equilibrar la situación fiscal a partir de la mayor actividad económica. De este modo, se recauda más al tiempo que el gasto público crece en menor proporción.
f) Reducir a 30 días el plazo para que los exportadores ingresen y negocien las divisas.
g) Expandir moneda en función de la tasa de crecimiento del PBI.
h) Bajar la tasa de efectivo mínimo al 20 %.
i) Canjear las Lebacs con un título indexado por inflación y una tasa máxima del 3%. El plazo del título sería a 3 años con pago semestral de interés y amortizaciones de capital indexado. Canje forzoso.
j) Establecer una tasa de interés ligeramente superior a la inflación.
k) Ejercer un control de importaciones conforme a necesidades de la industria.
l) Reponer el control cambiario.
por Juan Carlos Latrichano - 01 oct 2018
El Gobierna intenta domar la inflación mediante una dieta monetaria estricta. Al respecto, elevó la tasa de encaje un 3% y se comprometió a no emitir circulante hasta junio del año próximo. El tratamiento dispensado al problema inflacionario omite atacar las causas estructurales. Entre las más relevantes tenemos la devaluación del peso.
Sin dejar de reconocer uno de sus orígenes en causas fiscales, debemos entender que el déficit externo que el país viene teniendo a la altura del saldo de la cuenta corriente del balance de pagos, contribuye y mucho con el aumento del precio de las divisas. Cabe aclarar que dicho déficit es significativo y creciente. Supera los 30.000 millones de dólares anuales. Esto sin duda aumenta la demanda de divisas.
¿Qué puede corregir el control monetario?
Solo una parte. El resto, concerniente a lo externo, sigue su curso. Luego de ello, las tarifas y el combustible suben por la devaluación. Desde luego los precios no ceden.
¿Entonces, qué pasa?
La recesión parece inevitable. Y atención, que puede transformarse en depresión. Esto es, una caída de la actividad económica de muy difícil salida.
por Juan Carlos Latrichano - 24 sep 2018
La crisis económica está mostrando su huella a la altura de la economía real. Todos los indicadores indican retroceso. El Producto Bruto Interno, el consumo y la evolución de la industria en particular, son prueba de ello.
Esto resulta funcional al proyecto de equilibrar las cuentas externas. En efecto, la caída del PBI resulta funcional a la baja de las importaciones y esto mejora la balanza comercial. A esto se le suma la devaluación del peso operada durante el presente año. Desde luego, esto último depende de que la inflación no licue este avance.
La pregunta del millón concierne a determinar si esto logrará equilibrar la ya tan deteriorada balanza comercial. No olvidemos que hasta aquí, los datos del presente año muestran un agravamiento respecto al anterior, que ya de por si era muy malo. Ni hablar del impacto de todo esto en el balance de pagos. La búsqueda incesante de préstamos en moneda extranjera me exime de mayores comentarios.
Lo central reside en establecer si podrá cambiarse esta historia.
Mientras tanto, debemos presumir que la onda recesiva se extenderá al año próximo. De ser así, el Gobierno del Presidente Macri cerrará con un retroceso productivo significativo.
por Juan Carlos Latrichano - 01 oct 2018
El Gobierna intenta domar la inflación mediante una dieta monetaria estricta. Al respecto, elevó la tasa de encaje un 3% y se comprometió a no emitir circulante hasta junio del año próximo. El tratamiento dispensado al problema inflacionario omite atacar las causas estructurales. Entre las más relevantes tenemos la devaluación del peso.
Sin dejar de reconocer uno de sus orígenes en causas fiscales, debemos entender que el déficit externo que el país viene teniendo a la altura del saldo de la cuenta corriente del balance de pagos, contribuye y mucho con el aumento del precio de las divisas. Cabe aclarar que dicho déficit es significativo y creciente. Supera los 30.000 millones de dólares anuales. Esto sin duda aumenta la demanda de divisas.
¿Qué puede corregir el control monetario?
Solo una parte. El resto, concerniente a lo externo, sigue su curso. Luego de ello, las tarifas y el combustible suben por la devaluación. Desde luego los precios no ceden.
¿Entonces, qué pasa?
La recesión parece inevitable. Y atención, que puede transformarse en depresión. Esto es, una caída de la actividad económica de muy difícil salida.
por Juan Carlos Latrichano - 14 sep 2018
El Gobierno intenta llevar la situación económica hacia el equilibrio, sin alcanzar hasta aquí el resultado esperado. Entre otras cosas intenta frenar la suba del precio del dólar a partir de que el valor actual de 40 pesos luce apropiado para obtener una mejora en el desempeño de la balanza comercial.
Para ello maneja una tasa elevada para la captura de pesos y una emisión de letras de tesorería en dólares a corto plazo y con una tasa anual del 7%. Además, interviene a través del Banco Central vendiendo divisas para frena su suba. No obstante todo eso, el precio del dólar sigue ascendiendo.
Indudablemente, el mercado sospecha que existen desequilibrios de muy difícil remoción. El fiscal presenta uno de ellos. Si bien el Gobierno preparó un programa de ajuste, es bien sabido que en recesión la recaudación cae y esto conspira contra ese objetivo. Al mismo tiempo, las sucesivas devaluaciones aumentan los gastos por subsidio a las tarifas, atento a que las mismas están dolarizadas. A esto se le añade la suba incesante de la deuda pública, con su consecuente aumento en el pago de intereses.
A su vez, el equilibrio externo resulta dudoso toda vez que la inflación va licuando la ventaja competitiva proveniente de la devaluación.
Parece muy cierto ese principio que dice que si algo se hace mal, saldrá mal.



