por Osvaldo Pimpignano - 05 dic 2018

 

 

El plástico es un producto que contamina tanto la tierra como el agua.  Que el plástico es un problema no es noticia, y se trata de un problema mundial.  Pero que algo lo coma, esto sí es noticia.  Es un material que tiene muchísimas aplicaciones.  En algunas se lo recicla, pero en la inmensa mayoría se convierte en un residuo que el medio ambiente tarda muchísimo tiempo en degradar lo que lo convierte en un residuo abundante y muy contaminante.

 

A pesar de las ventajas que ofrece por su ductilidad para darle diversas formas y tamaños, tiene un serio inconveniente, consistente en su lenta degradación.  Una bolsa de plástico tarda unos 100 años en desaparecer si es fabricada con polietileno de baja densidad.  En el caso de las más densas y resistentes, pueden tardar hasta 400 años en degradarse.

 

Se lo emplean para la fabricación de envases de una gran variedad de productos, en particular los alimenticios, donde prácticamente ha desplazado al vidrio, lo que genera una gran demanda de este material.  En el uso cotidiano y doméstico, los humanos utilizamos unas 100.000 toneladas anuales de este tipo de residuos.

 

El destino de los residuos plásticos se limita en mínima medida al reciclado, una gran cantidad termina en varios tipos de basurales; y, lo que parece extraño, las corrientes oceánicas arrastran toneladas de microplásticos desde las cosas del Atlántico Norte hasta las aguas del Ártico, y desde las del Océano Pacifico, oriental y occidental, van hasta al Pacifico Norte, creando grandes “islas” de estos residuos, que en ocasiones son ingeridos por la fauna marina causando mortalidad y contaminación de los peces que en más de una oportunidad llegan a nuestra mesa.

 

Los problemas que ocasionan los plásticos los podemos sintetizar así: su resistencia, difícil eliminación y nuestra dependencia del mismo, hacen que cada año se produzcan en todo el mundo unas 80 millones de toneladas de este material.

 

Actualmente, cuando no son arrojados a los basurales, se utilizan  procesos de degradación química muy lentos, pudiendo prolongarse durante meses y requieren de productos químicos corrosivos, de manera que atacan un problema pero causan otro.  Por este motivo, este hallazgo es bienvenido por la comunidad científica y la industria, ya que se trata de un método natural.

 

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Hace aproximadamente un año, en la agencia estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que es la mayor institución pública dedicada a la investigación en España y la tercera de Europa, la investigadora Federica Bartocchini ha encontrado lo que se cree es una posible solución natural a la degradación del polietileno: ha descubierto que los gusanos de la cera (Galleria mellonella), que se alimentan habitualmente de miel y cera de los panales de abejas, son también capaces de degradar este plástico.

 

Bartocchini es apicultora y en una ocasión descubrió que sus panales estaban atacados por unos gusanos que se alimentaban de la miel y cera de sus abejas.  Limpió los panales, colocó los gusanos en una bolsa de plástico y los dejó en una habitación.  Al volver a la misma descubrió que los gusanos se habían escapado de la bolsa a pesar de estar cerrada por unos agujeros que habían realizado ellos mismos, y como la curiosidad es una de las herramientas de los científicos, comenzó una investigación en el CSIC de la que también participaron Paolo Bombelli y Chris Howe, de la Universidad de Cambridge.  Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista Current Biolog y Degradación natural, donde informaban que 100 gusanos degradan 92 miligramos de polietileno en 12 horas.

 

18 12 05 OP Un gusano que come plástico 2

"Hemos realizado muchos experimentos para comprobar la eficacia de estos gusanos biodegradando polietileno", señala Bertocchini en un comunicado.  Según los investigadores, un motivo por el que el gusano ha podido desarrollar este mecanismo es por la similitud entre la composición de la cera y la del plástico.  Aunque todavía se desconocen los detalles de cómo realiza la degradación, "si conseguimos conocer el mecanismo molecular y aislar la molécula responsable, se podría producir in vitro a escala industrial y emplearse para destruir el polietileno", detalla Bertocchini en declaraciones a El Mundo, de España.

 

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por Osvaldo Pimpignano - 22 nov 2018

 

 

La humanidad desde los orígenes de los tiempos ha tenido entre sus prioridades la comunicación con otros seres. Primero, entre sus semejantes: para esto debió superar barreras culturales e idiomáticas. Mientras tanto, miraba al “cielo” con singular curiosidad e incomprensión. Con el tiempo,  descubrió señales que le indicaban el cambio de las estaciones, lo orientaban en sus migraciones terrestres y posteriormente marinas; y lo que no es menor, encontró una variedad de dioses. Sin embargo, en los últimos tiempos (unos 4000 años) antiguas civilizaciones contaron con estudiosos que a sus observaciones las mejoraron con instrumentos que les servían tanto para confirmar sus teorías como para  encontrar nuevos elementos. El dominio de las matemáticas fue una herramienta fundamental. No conforme con esto, en los últimos dos siglos el avance en el conocimiento del espacio exterior creció, pero sin develar todos los misterios que encierra o creemos que existen. Desde la mitad del siglo XX, el avance tecnológico le permitió al hombre aventurarse, todavía tímidamente, en el espacio desconocido. Varias  máquinas automáticas y unas pocas tripuladas se aventuran hacia lo desconocido.

 

Pero la sola exploración “geográfica” no nos conforma y volvimos a los orígenes de los tiempos en busca de comunicarnos con otros seres. Seres que suponemos deben existir, pero que no podemos imaginar como son. Solo la certeza de que la inteligencia no puede ser un privilegio de los humanos y comenzamos a imaginar formas de comunicarnos. Para esto, hay que superar dos obstáculos primarios: encontrar alguna forma de lenguaje inteligible para ambos y las distancias. Que en astronomía son inmensas y que hasta el presente solo pueden ser intentadas mediantes señales de radio que son capaces de viajar a 300.000 km por segundo. En cuanto al lenguaje, se recurrió a las matemáticas, que suponemos no varían en ningún punto del universo.

 

La fascinación del hombre por el espacio lo llevó primero a intentar entenderlo, después a tratar de conocerlo, más tarde a plantearse conquistarlo y por último, a elucubrar, y dar por supuesto, que en algo tan inabarcable como el Universo debía haber vidas tan inteligentes o más que nosotros, con los que poder comunicarnos.

 

"En el Universo deben existir otras sociedades inteligentes porque en la naturaleza no se dan fenómenos singulares y la especie humana no debe ser una excepción", afirma Nikolai Kardashev, del Instituto Lebedev de Moscú. Uno de los pioneros en las actividades SETI, que iniciara en 1960, fue el radioastrónomo estadounidense Frank Drake. SETI es el acrónimo del inglés search for extra terrestrial intelligence (búsqueda de inteligencia extraterrestre). Existen numerosos proyectos SETI, que tratan de encontrar vida extraterrestre inteligente, ya sea por medio del análisis de señales electromagnéticas capturadas en distintos radiotelescopios, o bien enviando mensajes de distintas naturalezas al espacio, con la esperanza de que alguno de ellos sea contestado. Desde entonces, científicos de todo el mundo intentan descubrir mensajes artificiales entre la ingente información sobre estrellas y galaxias que los radiotelescopios captan del cielo.

 

Puede ser una fórmula química, una ecuación matemática o incluso una señal de televisión procedente de algún rincón del espacio. Muchas veces han creído encontrar algo sospechoso, pero en todos los casos han sido pulsaciones procedentes de fenómenos naturales o de algún satélite artificial. "No hemos encontrado nada aún", dice Kardashev, y comenta que no hay información secreta en este sentido.

 

Además de escuchar las telecomunicaciones terrestres, una hipotética inteligencia en otro lugar del universo, podría haber captado el mensaje, que el 16 de noviembre de 1974 se emitió al espacio desde el gran radio-telescopio de Arecibo, en Puerto Rico. Su contenido, preparado y discutido por un grupo de científicos, se transcribió en código binario e informaba de cuestiones como la posición del Sistema Solar y la Tierra o datos bioquímicos de la especie humana. El mensaje tenía una longitud de 1679 bits y fue enviado en la dirección del cúmulo de estrellas llamado M13 (Cúmulo Globular). Este objeto celeste, situado en la dirección de la constelación de Hércules, a una distancia de unos 25 000 años luz, está formado por unas 400 000 estrellas.

18 11 22 OP Intento de comunicación interestelar 1 Mensaje Arecibo 

Mensaje Arecibo

El número 1679, fue elegido porque es el producto de dos números primos y por lo tanto sólo se puede descomponer en 23 filas y 73 columnas o 23 columnas y 73 filas, de forma tal que quien lo lea, decida organizar los datos en forma de cuadrilátero. Hay 8 posibles configuraciones y de ellas sólo la información organizada de la segunda manera (23 columnas y 73 filas), con los unos y ceros ordenados de izquierda a derecha y de arriba abajo genera información coherente. En realidad, con los unos y ceros ordenados de derecha a izquierda y de arriba abajo se obtiene la misma información. Cualquiera de las dos configuraciones contiene información coherente.

 

Se trató de la transmisión más potente jamás realizada al espacio. Esta acción de intento de comunicación con el exterior formó parte de la conmemoración de la actualización del Telescopio de Radio de Arecibo, denominado así por estar situado en la localidad puertorriqueña del mismo nombre. Debido a que al mensaje tardará, según los conocimientos que disponemos en la actualidad, unos 25 milenios en llegar a su destino (y una hipotética respuesta otros 25), el mensaje de Arecibo fue más una demostración de los logros tecnológicos humanos que un intento real de establecer conversación con extraterrestres.

18 11 22 OP Intento de comunicación interestelar 2 Vista aérea del plato del radiotelescopio de Arecibo 

Vista aérea del plato del radiotelescopio de Arecibo

Pero la idea no resulta descabellada, ya que existió la llamada señal Wow! equivalente a la onomatopeya castellana o española ¡guau! Es la denominación por la cual se conoce en círculos astronómicos, a una captación de radio que podría tener un origen extraterrestre y haber sido emitido por seres inteligentes. Esto sucedió el 15 de agosto de 1977 a las 23:16. El radiotelescopio Big Ear recibió una señal de radio de origen desconocido durante exactamente 72 segundos proveniente de la zona oriental de la constelación de Sagitario y alcanzando una intensidad 30 veces superior al ruido de fondo. Hay otras señales, como la procedente de la estrella HD164595, pero de ella nos ocuparemos en otro momento.

 

Por su parte, la compañía francesa Cosmos Art Initiative, canaliza los mensajes al espacio que los particulares quieren enviar y los lanza desde una gran antena. "Ayudamos a entender el secreto de nuestra existencia", propuso una persona y su petición está ya viajando por el universo hacia millones de estrellas. Seguramente en algún momento recibiremos una respuesta.

 

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por Osvaldo Pimpignano - 04 nov 2018

 

 

Buscar generosidad en una sociedad como la actual, en la que mayoritariamente se postula y premia la meritocracia y el individualismo, sobre la generosidad humana parecería ilusorio. Sin embargo, la realidad es que la generosidad no tiene prensa, quizás porque escasea o porque no convenga a los intereses comerciales que las personas sean generosas y se ayuden mutuamente en la resolución de problemas cotidianos. Tenemos múltiples ejemplos de esto, desde la Cruz Roja hasta las ferias de trueque, pasando por Médicos sin Fronteras, comedores comunitarios, organizaciones religiosas dedicadas a los menos favorecidos, o granjas comunitarias que proliferan en todo el mundo, en muchos casos en espacios degradados de grandes ciudades.

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Si bien es conocida nuestra capacidad para la guerra y la violencia; y el rechazo a “los diferentes”, a los migrantes, esos mismos que algunas naciones (y algunas sociedades) pareciera que compiten entre sí para rematar la desgracia de tener que escapar de una situación mortífera, competencia en la que aplican enormes recursos militares y en la construcción de kilométricos muros de, ¿contención? Recursos que podrían aplicarse a solucionar estos problemas. Problemas que generalmente causaron esas mismas naciones expoliando y dividiendo los territorios de donde hoy huyen los indeseables migrantes. No quiero imaginarme lo que es tener que dejar tu casa, todo lo que conocías, incluso a la gente que amas para poder sobrevivir. ¿Vivir a la expectativa, pensando que cualquier momento, cualquier día pueda ser el último?

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El 20 de septiembre de 2018, ACNUR, la agencia especializada de la ONU, lanzó un llamado de ayuda a personas refugiadas o en situación de guerra. Sin embargo, los científicos, más esperanzadores que muchos políticos, ven la generosidad como una característica notable de nuestra especie. "Una de las cosas que se destaca sobre los humanos es lo útiles que somos", dijo Christopher Krupenye, un investigador de comportamiento de primates en la Universidad de St. Andrews en Escocia.

18 11 04 OP Los orígenes de la generosidad humana 2 Aylan Kurdi un pequeño angelito kurdo de 3 años apareció ahogado en una playa

Aylan Kurdi, un pequeño angelito kurdo de 3 años, apareció ahogado en una playa

En busca del origen de la generosidad humana, un grupo de científicos estudian el comportamiento de nuestros ancestros vivos más cercanos, para intentar comprender mejor el impulso humano por la generosidad, simplemente buscando sus orígenes en el regalo que puede realizar un mono a otro mono.

 

Aquí encuentro una contradicción: si la “buscan”, significará que hemos perdido la generosidad. Sin embargo, los científicos consideran, y ruego no estén equivocados, que las personas en todas las culturas pueden ser generosas, ya sea prestando un teléfono celular a un compañero de oficina o compartiendo un trozo de antílope con una familia africana hambrienta.

 

¿Qué tan generoso es un simio? Es una pregunta difícil de abordar para los científicos, pero la respuesta podría decirnos mucho sobre nosotros mismos. Esta generosidad puede haber sido crucial para la supervivencia de nuestros antepasados ​​primitivos que vivían en pequeñas bandas de cazadores-recolectores. "Cuando nuestros propios intentos de encontrar comida fracasan, confiamos en que otros compartan comida con nosotros, de lo contrario moriremos de hambre", dijo Jan Engelmann, investigador de la Universidad de Göttingen.

 

Para comprender el origen de este impulso, conocido como prosocialidad, varios investigadores han recurrido a nuestros parientes vivos más cercanos. Por ejemplo, un nuevo estudio que involucra a los simios bonobo, sugiere que las raíces de la generosidad humana son profundas, pero solo florecieron en algunos casos en el curso de la evolución de nuestra especie. Aproximadamente hace siete millones de años, nuestro linaje se separó de los antepasados ​​de los chimpancés y sus primos, los bonobos. Los chimpancés y los bonobos comparten un ancestro común que vivió hace unos dos millones de años.

18 11 04 OP Los orígenes de la generosidad humana 3 Bonobos adolescentes y adultos en la Reserva Lola Ya Bonobo en el Congo 

Bonobos adolescentes y adultos en la Reserva Lola Ya Bonobo en el Congo

Estas dos especies de simios, estrechamente relacionadas, parecen casi idénticas al ojo inexperto. Pero han desarrollado algunas diferencias interesantes en su comportamiento, incluidos los objetos, alimentos o herramientas, que les inducen a comportarse con generosidad. Recientemente, el Dr. Krupenye y sus colegas comprobaron la generosidad de los bonobos que viven en el santuario Lola Ya Bonobo en la República Democrática del Congo. Ojala la encuentren en la humanidad y logren un método para inoculárnosla.

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Fuentes:

Universidad de St. Andrews. The New York Times. ACNUR-ONU.

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por Osvaldo Pimpignano - 11 nov 2018

 

 

Una empresa chilena asegura haber creado bolsas de plástico solubles en agua que no contaminan el medioambiente. El agua en la que se disuelve el plástico incluso puede ser bebida, según demostraron sus creadores.

 

Los investigadores de la empresa chilena SoluBag han creado bolsas de plástico solubles en agua que no dañan el medioambiente, informaron. La innovación no contiene los perjudiciales derivados de petróleo del plástico ordinario, que fueron sustituidos por derivados de una caliza no contaminante.

 

Roberto Astete y Cristian Olivares, las personas detrás de la creación de estas bolsas biodegradables, esperan comenzar a comercializar su producto en octubre en Chile. Este país fue uno de los primeros en América Latina en prohibir el uso comercial de las bolsas plásticas.

 

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En una conferencia de prensa los creadores mostraron la solubilidad inmediata de sus bolsas. Afirmaron que lo único que queda en el agua es carbono, que "no tiene ningún efecto en el cuerpo humano", explicó Astete, director general de la empresa.

 

Para demostrarlo, el directivo incluso bebió unos vasos del agua en la que acababa de disolver la bolsa. Los creadores aseguraron que el producto se podrá destruir en pocos minutos, a diferencia del plástico tradicional, que puede permanecer hasta cientos de años en el medioambiente antes de desaparecer por completo. Y, agregamos, mientras tanto contaminándolo e ingresando en la cadena alimenticia cuando son ingeridos por animales de faena.

 

18 11 11 OP Bolsas de plástico solubles en agua que no contaminan 2

Los emprendedores señalaron que se puede programar la temperatura del agua a la que se disuelve la bolsa, por lo que precipitaciones externas como la lluvia no impedirán su uso.

 

Aparte de las de plástico, SoluBag está desarrollando también bolsas de tela soluble reutilizables. Asimismo, planean usar este material para la creación del uniforme para personal médico.

 

Fuente: Claudio Reyes / AFP vía RT Play en Español

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por Osvaldo Pimpignano - 29 oct 2018

 

 

El cardenal Francesco Coccopalmerio le pide al papa Francisco inscribir el deber de proteger y promover el Medio Ambiente en el Código de Derecho Canónico. Una intervención realizada, con motivo de una reunión a puerta cerrada sobre los esfuerzos católicos en la transición energética, en Roma el 12 de julio de 2018.

 

Un nuevo canon podría aparecer en el Código de Derecho Canónico -legislación interna de la Iglesia– próximamente. Es lo que el cardenal Francesco Coccopalmerio, antiguo presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, ha propuesto al papa Francisco.

18 10 29 OP La protección del Medio Ambiente inscrita en el Derecho Canónico 1 Cardenal Francesco Coccopalmerio 

Cardenal Mons. Francesco Coccopalmerio

Durante una reunión organizada por el Movimiento Católico Mundial por el Clima, Mons. Coccopalmerio lamentó que no se mencionaran, en el actual derecho canónico, las obligaciones de “protección” y de “promoción” del medio ambiente para los creyentes.

 

“Mejorar” y “no dañar” el planeta

Promulgado en 1983 por el papa Juan Pablo II tras los cambios del Concilio Vaticano II, el actual Código de Derecho Canónico está compuesto por siete libros. Uno de ellos, “El pueblo de Dios” (libro II), habla sobre las obligaciones y los derechos de los fieles entre los cánones 208 y 223, pero no sobre la defensa del Medio Ambiente.

 

Para el cardenal, debería inscribirse un nuevo canon, especificando las obligaciones de los fieles frente al planeta Tierra: “Consciente de que es nuestra misión madre, cada persona tiene el deber no solo de no dañarla, sino también de mejorarla, tanto con un comportamiento normal, como con iniciativas específicas”.

 

18 10 29 OP La protección del Medio Ambiente inscrita en el Derecho Canónico 2 

En la línea de la encíclica Laudato si’

Esta propuesta resulta particularmente interesante tras el comunicado del Papa durante una conferencia internacional sobre el futuro del planeta, los días 5 y 6 de julio. Francisco exhortaba a los grandes líderes políticos y económicos del mundo a compromisos fuertes y a llevar a cabo “reformas eficaces para un desarrollo más sostenible” en la línea de la encíclica Laudato si’. Una encíclica que invita a cada uno “a un nuevo diálogo sobre la forma en que construimos el futuro del planeta”.

 

El llamamiento del cardenal Francesco Coccopalmerio ha sido escuchado por el papa Francisco y los representantes del Vaticano, pero también por los miembros de las fundaciones y organizaciones católicas involucradas en la transición energética. Todos estaban presentes en esta reunión del Movimiento Católico Mundial para el Clima. Un movimiento para el clima que desea ocupar un lugar más importante en la escena internacional. Los miembros de este movimiento ya se han comprometido, además, a no utilizar más energías fósiles, nocivas para el medio ambiente.

 

 

Fuente:

Camille Gousset, en La Croix.  Lea más en:

https://es.la-croix.com/actualidad/vaticano/un-cardenal-desea-que-la-proteccion-del-medio-ambiente-sea-inscrita-en-el-derecho-canonico#67X8YTdw31UO6qUG.99

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