por Osvaldo Pimpignano - 18 may 2019
En nuestra nota anterior, Efectos de la contaminación lumínica, comentábamos sobre los perjuicios que causa la iluminación excesiva, tanto en la flora como en la fauna; en esta última, incluida los humanos. Hay una propuesta para empeorar la situación:
Una noche preciosa patrocinada por [Inserte su logotipo]
La publicidad en las grandes ciudades se halla muy extendida en estos días, contribuyendo gravemente a la contaminación lumínica. Y ahora una patrocinadora de negocios rusa planea elevar el problema, colocando anuncios literalmente en los cielos. El proyecto, llamado Orbital Display, utilizará varios satélites del tamaño de una caja de pañuelos, llamados Cube Sats para lograr su objetivo. El plan es posicionarlos en la órbita baja terrestre, a unos 450 kilómetros de altura, donde mostrarán mensajes, ya sea comerciales o para presentar anuncios gubernamentales; por ejemplo, ante una emergencia.
Cada satélite tendrá una vela desplegable capaz de reflejar la luz solar para formar los pixeles del logotipo o anuncio. Y a pesar de que esta dependencia del Sol los haría funcionales solo en el crepúsculo vespertino y matutino, ya han conseguido reacciones negativas de los astrónomos y otros defensores del cielo oscuro.

Así se verían los anuncios
“Es una amenaza para la capacidad de hacer investigación astronómica desde el suelo. Cada uno de esos destellos de luz en el cielo es algo que puede interferir con nuestra capacidad para recolectar fotones de fuentes astronómicas”, dijo el astrónomo John Barentine, miembro del Comité sobre Contaminación Lumínica, Interferencias de Radio y Desechos Espaciales de la Sociedad Astronómica Americana.

Así se verían los anuncios II
Sin embargo, esto último no parece importarle mucho a Vladilen Sitnikov, CEO de Start Rocket y la mente detrás de todo el proyecto: “Estamos regidos por marcas y eventos. El Super Bowl, Coca Cola, Brexit, los Juegos Olímpicos, Mercedes, FIFA, Supreme, el muro mexicano. La economía está en el sistema sanguíneo de la sociedad y el entretenimiento y la publicidad son su corazón”, afirma. “Viviremos en el espacio, la humanidad comenzará a llevar su cultura allí. Esto es inevitable”, agrega.

Así se ve el paso de un satélite en el campo de visión del telescopio espacial Hubble
Dada su altura, los satélites no empeorarían el problema de la basura espacial. Es más, tras un año de funcionamiento caerían y se quemarían en la atmósfera terrestre. Sitnikov se acercó a Skol Tech, un Instituto de Ciencia y Tecnología de Skolkovo, para reunir profesionales; y según dijo al portal Astronomy, el primer lanzamiento de prueba podría tener lugar este año, con una ejecución completa en 2021. Previamente, deberá lograr patrocinadores para su proyecto.
Fuente: Science Alert
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por Osvaldo Pimpignano - 13 may 2019
Los llamados países desarrollados y otros no tanto, promueven una sociedad del bienestar de la que resulta un consumo energético exagerado y la convierte en un derroche peligroso. El uso excesivo del alumbrado de exteriores, es otra forma de contaminación ambiental.
La producción energética que ha de suplir esta demanda causa, además de los problemas ambientales ya ampliamente conocidos, como el efecto invernadero, calentamiento global, lluvia ácida, etc., otra forma de contaminación ambiental, consecuencia del uso excesivo e irresponsable de la energía eléctrica en el alumbrado de exteriores, la contaminación lumínica. Esta ha pasado más desapercibida para la sociedad, y se define como la emisión directa o indirecta hacia la atmósfera de flujo luminoso procedente de fuentes artificiales, en distintas intensidades y/o rangos espectrales.
Desde el inicio de la vida, los seres vivos han adaptado sus procesos biológicos, a los ciclos astronómicos fundamentales de cambio de estaciones y alternancia de día-noche. La contaminación lumínica causada por el ser humano, amenaza con alterar el segundo ciclo, al eliminar la noche. Por tanto, a pesar de que sus consecuencias no son conocidas con exactitud, sabemos que afecta tanto al medio ambiente y a los seres vivos como a la salud humana.
Los grandes afectados por esta contaminación son los que pueden comprobarse al observar una foto del planeta por la noche, donde vemos claramente que las zonas iluminadas y, por tanto, más contaminadas lumínicamente, corresponden a Norteamérica, Europa y Japón. En el mapa de España brilla Madrid, Barcelona y el resto del Litoral Mediterráneo.

Vista de la iluminación terráquea desde el espacio
En muchas ocasiones la fuente de luz no es necesaria para la realización de las actividades previstas en la zona donde se han instalado los puntos luminosos; tienen como único objetivo la decoración de determinados sitios, centros comerciales, carreteras, edificios emblemáticos o parques. En este último caso afecta seriamente la biología de la vegetación, ya que en alguna manera la somete a una iluminación constante para la que su estructura no está preparada.
Estamos sin dudas ante un uso innecesario de iluminación, que produce un consumo innecesario tanto energético como económico. Considerar el exceso de luz como un signo de desarrollo o riqueza, es sin duda un derroche de banalidad.
No se puede negar que la iluminación refuerza la seguridad tanto peatonal como vehicular, pero para esto no es necesario llevarla al límite de "illuminare a giorno". Este uso indiscriminado de iluminación implica mayores costos en los impuestos con que se la solventa y, como vimos, perjuicios ambientales serios.

Buena iluminación
Por esto se debería consultar a urbanistas y expertos en luminotecnia para lograr un equilibrio que permita la realización de las actividades con el cuidado del medio ambiente. No se trata de privar de luz a urbanizaciones y vías de comunicación, sino de utilizar la necesaria para ver y no.
Un caso típico es la intrusión lumínica. Esta se produce cuando se emite luz en direcciones que exceden el área donde es necesaria, invadiendo zonas vecinas. Es un fenómeno común en áreas urbanas, donde la luz artificial no deseada procedente de la calle ingresa en viviendas privadas.
Otra situación recurrente es el deslumbramiento, producida cuando la luz emitida por instalaciones de iluminación artificial excesivas dificulta la visibilidad de las personas en la vía pública. Hay una tendencia a iluminar en exceso las carreteras, lo que aumenta el grado de siniestralidad por la tendencia de los conductores a aumentar las velocidades máximas en los tramos más iluminados. Esto se ve agravado por luminarias mal orientadas o demasiado potentes, diseñadas más para adornar que para iluminar, que al deslumbrar, hacen perder agudeza visual y generan zonas de sombra muy contrastadas que dificultan la visión; cuando lo ideal, es iluminar atendiendo a la progresiva adaptación del ojo a la oscuridad, sin provocar cambios bruscos de luz.

Muy mala iluminación
Medidas correctoras, tales como el uso de luminarias de luz indirecta que eviten el flujo de luz por encima del plano horizontal; y lámparas de led, evitando la desviación de la luz en todas direcciones y la limitación del horario del funcionamiento adecuándolas a las reales necesidades, serían altamente beneficiosas.
De acuerdo con la Internacional Dark-Sky Association, con sede en Estados Unidos, el problema de la contaminación lumínica afecta a dos tercios de la población mundial. La misma institución calcula que en EEUU se gastan 6 millones de toneladas de carbón y 23 millones de barriles de petróleo al año en generar luz que luego se proyecta al cielo, un desperdicio equivalente a 1000 millones de dólares.
Otro aspecto nada despreciable son los efectos comprobados de la luz excesiva sobre la flora y fauna nocturna. La actividad biológica a pleno sol es mínima comparada con la que podemos encontrar desde el crepúsculo hasta el amanecer; es decir, que la fauna nocturna es más numerosa y precisa de la oscuridad para mantener su equilibrio.

La peor iluminación
Una iluminación indiscriminada de las playas, supone una agresión para la vida marina. Entre otros, la luz artificial altera los ciclos de ascenso y descenso del plancton marino. El deslumbramiento y desorientación en aves es otro de los efectos de la luz artificial. Algunas especies pierden el rumbo y otras salen a procurarse alimento más tarde de lo habitual y no lo obtienen.
Finalmente, debemos mencionar que iluminar el urbano destruye el paisaje nocturno por la pérdida de visión de los astros del cielo, patrimonio de románticos y científicos y que tan importantes fueron en el origen de la cultura y la civilización.
Esto conlleva un empobrecimiento personal por la pérdida de las leyendas vinculadas a las constelaciones, el desconocimiento de su posición con relación a la época del año y la relación con las tareas agrícolas y por la mera contemplación del firmamento.

Malas luminarias, independientemente de donde coloquen la lámpara
Cualquiera de estas manifestaciones de contaminación lumínica suponen una serie de consecuencias negativas que repercuten en tres ámbitos: económico, ecológico y social.
Por esto resulta urgente que las autoridades competentes reglamenten la normativa apropiada, que sin dejar de iluminar apropiadamente detengan el crecimiento desordenado de iluminación que todos necesitamos y deseamos. Esto constituye otro de los problemas ambientales provocados por el ser humano y que nos afectan a todos.
Sin embargo existen proyectos temerarios, como instalar “carteles luminosos” en el espacio exterior o una luna artificial para reflejar luz sobre grandes espacios. Pero eso será tema de una próxima nota.

Iluminación regularmente aceptable, escapa luz por los costados
Fuente: Revista Tecnoambiente, Nº 170, Año XVI.
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por Osvaldo Pimpignano - 28 abr 2019
Descubren una bestia marina fósil, similar a Moby Dick, en la Patagonia argentina. Tenía dientes de hasta 36 centímetros de largo, los más grandes que se conozcan para un vertebrado, y se alimentaba de ballenas.
Este “Moby Dick” prehistórico competía contra otro monstruo depredador de los mares: el megalodón, ese tiburón gigante que superaba los 18 metros de largo y en el que está inspirada la famosa película de Spielberg.

Diente de Livyatan I
El investigador Federico Agnolin, del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET, comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “hace unos 15 millones de años, en la provincia de Río Negro, el Océano Atlántico había invadido parte de lo que hoy es la estepa patagónica; este mar poco profundo era de un aspecto tropical, había corales, peces coloridos, ballenas y eran frecuentados por focas, lobos marinos y delfines”.
“En estos mares, así como había toda esta fauna, también había grandes predadores; y uno que ya conocíamos era el megalodón, ese gran tiburón sobre el cual se basó la película de Spielberg”, relató Agnolin. Y agregó: “Pero, recientemente, acabamos de publicar el estudio sobre el hallazgo de dientes de un enorme cachalote que vivió en estos mares”.

Un cachalote nada junto a un buzo en Dominica, Caribe
Quizás el mayor enemigo del Livyatan pudo ser uno de estos animales formidables, tanto por su tamaño como por su carácter dedepredador que ha vivido en nuestro planeta, el tiburón megalodón. Se calcula que este tiburón prehistórico pobló los mares de todo el planeta durante un período de tiempo que se extendería desde hace 19,8 millones de años hasta los 2,6 millones de años, momento en el que la población mundial del megalodón empezó a reducirse de manera drástica hasta su completa desaparición.
Su nombre deriva de las palabras griegas megas (grande) y odon (diente), en referencia al gran tamaño de su mandíbula y de sus piezas dentales, ya que uno solo de sus dientes podía medir unos 15 cm o más.

Reconstrucción del tiburón megalodón
El tiburón megalodón fue el rey de los mares durante más de 17 millones de años. Se alimentaba de presas de diverso tamaño, entre las que se encontraban las ballenas de gran tamaño de la época. Las áreas costeras de estas aguas eran sus espacios preferidos para la cría. No obstante, de forma más o menos repentina, la población de tiburones megalodón comenzó a mermar a finales del período Plioceno hasta llegar a su completa extinción.
El paleontólogo del MACN explicó que “si bien en la famosa novela clásica Moby Dick se cuenta la historia de un cachalote que ataca embarcaciones, estos cetáceos de gran tamaño se alimentan de calamares y otros animales de cuerpo blando”.
“En cambio, los dientes que encontramos en la provincia de Río Negro, en el yacimiento Base del Gualicho, nos indican que estas bestias eran grandes predadores que se alimentarían de ballenas y otros vertebrados y que podrían atrapar sus presas con estos dientes que alcanzaban hasta 36 centímetros y son los dientes más largos que se conocen para un vertebrado”.
Estas bestias semejantes a Moby Dick son conocidas con el nombre científico de Livyatan, en alusión al monstruo marino descrito en la Biblia y que se toma como representación del demonio. “Este género fue encontrado primero en Perú y esta es la primera vez que se lo encuentra en Argentina”, precisó el doctor Agnolin.

Patagonia, lugar del hallazgo
Actualmente, en dicho yacimiento, se puede ver una salina que está unos 70 metros bajo el nivel del mar. “Es un lugar increíble visualmente y lo más importante para nosotros es que se encuentran fósiles de todo tipo de vertebrados marinos y muchísima más información sobre cómo era la fauna de los mares tropicales que cubrieron la Patagonia hasta hace unos 11 millones de años”, afirmó David Piazza, otro de los autores de este estudio publicado en la Revista Brasileira de Paleontología.
Este hallazgo en Río Negro representa el primer descubrimiento del Livyatan en el Océano Atlántico e indica que estas bestias marinas estaban más extendidas de lo que se pensaba. “Los motivos de la extinción de estas ballenas depredadoras todavía son desconocidos, pero es probable estén relacionados con la competencia por los alimentos y esta hipótesis debe ser evaluada a través de hallazgos de nuevos especímenes, así como un análisis detallado del registro fósil”, aseveró Piazza.
Asimismo, aún no se ha podido determinar el tamaño del animal. “Se calcula que podría haber medido entre 13 y 17 metros de largo, o incluso más, lo cual lo convertía en un rival importante para cualquier otro animal. Incluso, podría haber sido hasta más grande que el megalodón y debió ser un importante rival para ese tiburón”, consideró el paleontólogo Agnolin.

Diente de Livyatan II
Su cráneo medía más de 3 metros de longitud y sus mandíbulas estaban acompañadas por unos 40 dientes de más de 30 centímetros de largo. Actualmente, los dientes del Livyatan encontrados en Río Negro se encuentran en el Museo Municipal de Lamarque y el Museo de la Asociación Paleontológica de Bariloche.
Fuentes: Agencia CTyS - Universidad Nacional de La Matanza, Tiempo Sur del Chubut y Ecologiaverde.com
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por Osvaldo Pimpignano - 06 may 2019
Como casi todos sabemos, nuestro planeta dista de ser un cuerpo inerte. Por el contrario, es un organismo vivo, que en el transcurrir de los tiempos ha tenido cambios o, podríamos decir, evolución. Uno de ellos se desarrolla en su núcleo y es lo más parecido al infierno que imagino El Dante. En su interior, nuestro planeta es una inmensa fundición donde hierven a miles de grados, mayormente hierro, tungsteno y un menor porcentaje de otros metales, algunos que se suponen todavía desconocidos. Esta fundición tiene múltiples válvulas de escape en forma de volcanes y fumarolas, que confirman su existencia y evolución.

Ubicación de los polos magnéticos y geográficos
Lo que no todos saben es que ese caldero es el generador de un fenómeno por todos conocidos: el magnetismo terrestre; que tiene para los humanos múltiples aplicaciones, desde la orientación mediante una brújula a la base de innumerables fenómenos electromagnéticos. Pero el más importante es el escudo que nos pone a salvo de la permanente lluvia de rayos cósmicos, unas partículas de alta energía provenientes de fenómenos galácticos muy violentos, como las supernovas. El campo magnético de la Tierra, crea un escudo natural que frena el viento solar y los rayos cósmicos: es la magnetosfera, que se origina gracias al movimiento del núcleo de hierro líquido que hay en el interior del planeta (figuras 2 y 3).

Fig. 2 -El campo magnético de la Tierra, un escudo natural que frena el viento solar y los rayos cósmicos

Fig. 3 -Simulación de la interacción entre el campo magnético terrestre y el campo magnético interplanetario
La magnetósfera de la tierra es una capa formada por la interacción del magnetismo de la tierra y el viento solar. Se extiende por encima de la ionósfera, más arriba de los 500 km de altura.
Esta capa protege a la Tierra de la llegada de radiación, especialmente del viento solar; y también de una parte de los rayos cósmicos, desviando las partículas cargadas hacia los polos magnéticos a través de mecanismos de reconexión electromagnética, lo que causa las auroras australes y boreales. Si no fuese por esta capa, la vida en la Tierra probablemente no sería posible, o sería de forma muy diferente a como la conocemos.
Las próximas décadas podrían ser decisivas. En los últimos 20 millones de años, el campo magnético de la Tierra se ha invertido en 100 ocasiones. En cada uno de estos momentos, la magnetósfera necesitó un milenio para reajustarse. Y al parecer, no falta mucho para que ocurra la próxima inversión. En las últimas décadas se han ido observando indicios claros de que el campo magnético de la Tierra se está debilitando y que se dirige hacia una próxima inversión de sus polos.
De hecho, hay señales que indican que no es algo que vaya a ocurrir en el próximo millón de años o en milenios, sino en los siguientes siglos. “El campo geomagnético ha estado decayendo en los últimos 3.000 años”, ha dicho para la revista Horizon, del Consejo Europeo de Investigación, Nicolás Thouveny, investigador en el Centro Europeo de Investigación y Enseñanza de Geociencias Ambientales (CEREGE), en Francia. “Si continúa cayendo a este ritmo, en menos de un milenio estaremos en un periodo crítico”.
La figura 4 muestra la deriva del polo norte desde el año 1800; y la figura 5 la más reciente.

Fig. 4 -El movimiento del polo norte magnético de la Tierra a lo largo del ártico canadiense

Fig. 5 -Movimiento del polo norte magnético en movimiento
Consultado Thouveny sobre cuáles serían las consecuencias, afirma: “Queda ‘mucho’ tiempo, pero las consecuencias podrían ser terribles. Primero, perderíamos los satélites de comunicaciones de las órbitas más lejanas. Después, sería imposible establecer comunicaciones con los astronautas y los satélites de la órbita baja. Por último, cuando la Tierra ya estuviera en una nueva ‘edad de piedra’, sin satélites, los rayos cósmicos comenzarían a bombardear y a envenenar con su radiación a cada persona sobre la faz de la Tierra”. Thouveny es uno de los científicos que trata de averiguar cuándo ocurrirá y qué efectos tendrá este fenómeno de la inversión magnética. De hecho, es uno de los principales investigadores del proyecto EDIFICE, que desde 2014 investiga la historia de la magnetósfera.
Respecto de cuándo deberíamos preocuparnos, afirma que testigos de sedimentos situados bajo el suelo oceánico esconden la respuesta. En su interior hay minerales magnetizados que registraron antiguas inversiones del campo magnético. Gracias al estudio de estos testigos, los científicos han averiguado que las inversiones de campo magnético ocurren cuando la magnetósfera se debilita en un 90% hasta un valor umbral. Cuando se alcanza este estado, el campo está tan debilitado que permitiría el impacto en la superficie terrestre de los rayos cósmicos, que como ya comentamos son partículas de alta energía provenientes de fenómenos galácticos muy violentos, como las supernovas. El campo magnético de la Tierra, un escudo natural que frena el viento solar y los rayos cósmicos, se origina gracias al movimiento del núcleo de hierro líquido que hay en el interior del planeta.
La presencia de ciertos isótopos, elementos con distinto número de neutrones, que fueron generados por el impacto de estos rayos cósmicos, permite deducir que la última inversión magnética ocurrió hace 772.000 o 774.000 años. Desde entonces, el campo magnético de la Tierra se ha debilitado mucho en 15 ocasiones, lo que se llama “excursión”, pero nunca llegó al umbral de inversión. En cada una de estas ocasiones, los polos no se han invertido, pero el campo magnético está tan débil que pierde su “impermeabilidad”. La última vez que esto ocurrió fue hace 40.000 años. Y las evidencias muestran que la Tierra se acerca a este punto de nuevo.
De hecho, ya se ha comenzado a detectar problemas causados por el debilitamiento del campo magnético. En una vasta región situada en medio del Océano Atlántico, entre las costas de América del Sur y África, existe una inmensa anomalía magnética en la que el campo es tres veces más débil que en los polos (las zonas donde es más delgado): se trata de la Anomalía del Atlántico Sur (SAA, de color azul en la figura 6).

Fig. 6 -Anomalía del Atlántico Sur (azul)
“Esta es una región donde los satélites sufren fallas electrónicos a causa del impacto de rayos cósmicos”, ha dicho Chris Finlay, investigador de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU), quien estudia esta anomalía con datos provenientes de varios satélites, en el marco del proyecto CoreSat. “Y no entendemos de dónde viene esta región, qué la produce ni cómo podría cambiar en el futuro”. La Anomalía del Atlántico Sur se descubrió en 1950 y, desde entonces, se ha observado que se ha debilitado en un seis por ciento y que se ha desplazado hacia el oeste, sin que nadie pudiera dar una explicación convincente sobre por qué ocurre o sobre qué pasará en el futuro.
La versión más reciente del modelo salió en 2015 y se suponía que duraría hasta 2020, pero el campo magnético está cambiando tan rápidamente que los investigadores tienen que arreglar el modelo ahora. "El error aumenta todo el tiempo", dice Arnaud Chulliat, geomagnetista de la Universidad de Colorado Boulder y de los Centros Nacionales de Información Ambiental de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
El problema radica en parte, en el polo móvil; y en parte, en otros cambios en las profundidades del planeta. La agitación líquida en el núcleo de la Tierra genera la mayor parte del campo magnético, que varía con el tiempo a medida que cambian los flujos profundos. En 2016, por ejemplo, parte del campo magnético se aceleró temporalmente en las profundidades del norte de Sudamérica y el Océano Pacífico oriental. Satélites como la misión Swarm, de la Agencia Espacial Europea, rastrearon el cambio de La Anomalía Magnética del Atlántico Sur.
A principios de 2018, el Modelo Magnético Mundial estaba en problemas. Los investigadores de NOAA y el British Geological Survey, en Edimburgo, habían estado haciendo su verificación anual de qué tan bien el modelo estaba capturando todas las variaciones en el campo magnético de la Tierra. Se dieron cuenta de que era tan inexacto que estaba a punto de exceder el límite aceptable para los errores de navegación.
Los investigadores del proyecto CoreSat han propuesto dos explicaciones. O bien, que exista una especie de anticiclón al sur del núcleo de la Tierra; o bien, que estemos presenciando los comienzos de una pequeña inversión polar en esa región. Sea como fuere, los científicos todavía no saben si esta anomalía está relacionada con el próximo fenómeno de inversión o excursión de los polos, pero lo están investigando: “En algunas simulaciones, fenómenos como la Anomalía del Atlántico Sur crecen cuando se está produciendo una inversión magnética. No es necesariamente así, pero no me sorprendería si algo como esto tuviera que ver”, ha explicado Finlay.
Según la NASA, todo apunta a que los efectos que ya tiene la anomalía del Atlántico Sur sobre los satélites son como un prolegómeno de lo que traerá el futuro (figura 7).

Fig. 7 -Simulación de la NASA
Si la tendencia actual de debilitamiento continúa, los científicos han apuntado que el campo magnético de la Tierra podría invertirse en uno o dos milenios. Pero antes de eso, la magnetósfera seguirá debilitándose y en solo un siglo podría causar muy serios problemas sobre las comunicaciones. “Esta caída del campo magnético es mucho más importante que la inversión”, ha dicho Nicolás Thouveny. “Por eso, es muy importante comprender si el campo magnético actual caerá hasta cero en el próximo siglo, porque en ese caso tendremos que prepararnos”.
Fuentes: Kyoto University, Proyecto EDIFICE, Universidad Técnica de Dinamarca, NASA, NOAA. Revista Horizon, Horizon Magazine.
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por Osvaldo Pimpignano - 21 abr 2019
Un equipo científico internacional logró descubrir un planeta muy semejante al Sol por edad y composición química. Y los investigadores enfatizan que no es un simple hermano, sino un gemelo solar.
La estrella podría tener un planeta similar al nuestro. “Si tenemos suerte y nuestro hermano candidato tiene un planeta, y el planeta es del tipo rocoso en la zona habitable, y si este planeta fue ‘contaminado’ por las mismas semillas de vida que esta Tierra que habitamos… entonces tenemos algo con lo que uno podría soñar: una Tierra 2.0 orbitando un Sol 2.0”, comentó el investigador del Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio (IA) en Portugal, Vardan Adibekyan.
Según los investigadores, los supuestos hermanos solares son buenos candidatos donde buscar vida, puesto que existe la posibilidad de que la vida haya sido transportada entre planetas alrededor de las estrellas del cúmulo solar. La transferencia de vida entre sistemas exoplanetarios se llama litopanspermia interestelar. No es seguro, pero teóricamente probable.

Cúmulo estelar abierto Trumpler 14
“Algunos cálculos teóricos muestran que existe una probabilidad no despreciable de que la vida se extendiera, desde la Tierra a otros planetas o sistemas exoplanetarios, durante el período del bombardeo intenso tardío”, observó Adibekyan, y por qué no por los mismos elementos que dieron lugar a nuestra vida y a las demás formas de vida por nosotros conocidos.
El cúmulo estelar abierto Trumpler 14, con más de 2.000 estrellas, es similar al cúmulo donde nació nuestro sol. Los hermanos solares son miles de estrellas que se formaron en el mismo cúmulo masivo que el Sol, hace unos 4.600 millones de años.

Sol
Con el paso del tiempo, las estrellas del cúmulo se disolvieron y dispersaron por toda nuestra galaxia; por lo tanto, es muy difícil encontrarlas. Para detectar al nuevo hermano solar, denominado HD 186 302, de 4.500 millones de años y una composición química casi idéntica a nuestro Sol, los científicos analizaron 230.000 datos espectrales del proyecto AMBRE y la información de la misión Gaia, de la ESA.
El equipo del IA tiene previsto iniciar una campaña de búsqueda de planetas alrededor de esta estrella, con el uso de los espectrógrafos HARPS y ESPRESSO5.
Fuentes: Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio portugués (IA) en Portugal y MysteryPlanet.com.ar
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